Un proyecto del CSIC permite que las personas ciegas experimenten eclipses

Cuando pensamos en un eclipse solar solemos imaginar una experiencia profundamente visual. El Sol oscureciéndose poco a poco. La aparición de la corona solar. El cielo adquiriendo colores imposibles durante unos minutos que parecen suspendidos fuera del tiempo. Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿Cómo experimenta un eclipse una persona ciega?

La respuesta es más fascinante de lo que parece. Porque un eclipse no solo puede verse. También puede escucharse, sentirse e incluso compartirse de formas que desafían nuestra idea tradicional de la observación astronómica. Y eso es precisamente lo que persigue el proyecto Eclipse Inclusivo: Un eclipse, muchas formas de vivirlo, impulsado por el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con motivo del eclipse total de Sol que atravesará España el próximo 12 de agosto de 2026.

Vamos desde el principio. Los eclipses han fascinado a la humanidad desde hace miles de años. Son fenómenos relativamente raros porque requieren una alineación casi perfecta entre el Sol, la Luna y la Tierra. Durante unos minutos, nuestro satélite bloquea la luz solar y transforma el paisaje de una forma difícil de describir. Las temperaturas pueden descender varios grados, las aves dejarán de cantar y algunos animales regresarán a sus refugios nocturnos. Sin embargo, buena parte de las actividades de divulgación relacionadas con la astronomía han estado tradicionalmente orientadas a personas sin dificultades visuales. Telescopios, fotografías y observaciones públicas son herramientas extraordinarias, pero no siempre accesibles para todos los públicos.

El eclipse de 2026 ofrece una oportunidad para cambiar esa situación: escuchar al eclipse. Uno de los elementos más llamativos del proyecto es un dispositivo llamado LightSound. A primera vista parece un aparato sencillo, pero su funcionamiento resulta casi poético. El dispositivo utiliza un sensor que mide continuamente la intensidad de la luz y esa información se transforma instantáneamente en sonidos. Cuando la luz es intensa, el tono es más agudo y frecuente, cuando disminuye, el sonido cambia.

A medida que la Luna avanza delante del Sol durante el eclipse, la luz ambiental se reduce progresivamente y el paisaje sonoro generado por el dispositivo también se transforma. Gracias a ello, por primera vez, una persona podrá «escuchar» cómo el Sol desaparece. La idea detrás de LightSound se basa en un concepto conocido como sonificación. Los científicos llevan años transformando datos complejos en sonidos para analizarlos de formas alternativas. Se han convertido en música las vibraciones de estrellas, las ondas gravitacionales producidas por colisiones de agujeros negros e incluso las emisiones de radio procedentes de planetas y galaxias.

En este caso, lo que se convierte en sonido es la propia variación de la luz solar. El resultado no es una grabación artificial ni una narración. Es una traducción directa de lo que está ocurriendo en el cielo. Gracias a ello, quien utiliza el dispositivo puede percibir en tiempo real cómo evoluciona el eclipse.

Paradójicamente, incluso quienes ven perfectamente pueden descubrir aspectos nuevos del eclipse mediante estas herramientas. La disminución de la luz suele producirse de forma tan gradual que nuestro cerebro apenas la percibe hasta fases avanzadas del fenómeno. Un dispositivo sonoro permite seguir esos cambios con mucha más precisión. Además, un eclipse total no solo se observa con los ojos.

Durante la totalidad, el ambiente cambia, la temperatura desciende, el sonido de la naturaleza se modifica… Y todas esas experiencias pueden compartirse independientemente de la capacidad visual de cada observador. “Estos dispositivos ya han demostrado su eficacia en eclipses solares anteriores en Estados Unidos (2017, 2024), Chile y Argentina (2019-2020) – señalan desde LightSound -. Gracias a ellos numerosas personas con discapacidad visual pudieron percibir y disfrutar este fenómeno astronómico, transformando la observación tradicional en una experiencia multisensorial”.

 Se basa en un dispositivo que ya ha demostrado su eficacia en eclipses solares anteriores en Estados Unidos, Chile y Argentina.  

Cuando pensamos en un eclipse solar solemos imaginar una experiencia profundamente visual. El Sol oscureciéndose poco a poco. La aparición de la corona solar. El cielo adquiriendo colores imposibles durante unos minutos que parecen suspendidos fuera del tiempo. Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿Cómo experimenta un eclipse una persona ciega?

La respuesta es más fascinante de lo que parece. Porque un eclipse no solo puede verse. También puede escucharse, sentirse e incluso compartirse de formas que desafían nuestra idea tradicional de la observación astronómica. Y eso es precisamente lo que persigue el proyecto Eclipse Inclusivo: Un eclipse, muchas formas de vivirlo, impulsado por el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con motivo del eclipse total de Sol que atravesará España el próximo 12 de agosto de 2026.

Vamos desde el principio. Los eclipses han fascinado a la humanidad desde hace miles de años. Son fenómenos relativamente raros porque requieren una alineación casi perfecta entre el Sol, la Luna y la Tierra. Durante unos minutos, nuestro satélite bloquea la luz solar y transforma el paisaje de una forma difícil de describir. Las temperaturas pueden descender varios grados, las aves dejarán de cantar y algunos animales regresarán a sus refugios nocturnos. Sin embargo, buena parte de las actividades de divulgación relacionadas con la astronomía han estado tradicionalmente orientadas a personas sin dificultades visuales. Telescopios, fotografías y observaciones públicas son herramientas extraordinarias, pero no siempre accesibles para todos los públicos.

El eclipse de 2026 ofrece una oportunidad para cambiar esa situación: escuchar al eclipse. Uno de los elementos más llamativos del proyecto es un dispositivo llamado LightSound. A primera vista parece un aparato sencillo, pero su funcionamiento resulta casi poético. El dispositivo utiliza un sensor que mide continuamente la intensidad de la luz y esa información se transforma instantáneamente en sonidos. Cuando la luz es intensa, el tono es más agudo y frecuente, cuando disminuye, el sonido cambia.

A medida que la Luna avanza delante del Sol durante el eclipse, la luz ambiental se reduce progresivamente y el paisaje sonoro generado por el dispositivo también se transforma. Gracias a ello, por primera vez, una persona podrá «escuchar» cómo el Sol desaparece. La idea detrás de LightSound se basa en un concepto conocido como sonificación. Los científicos llevan años transformando datos complejos en sonidos para analizarlos de formas alternativas. Se han convertido en música las vibraciones de estrellas, las ondas gravitacionales producidas por colisiones de agujeros negros e incluso las emisiones de radio procedentes de planetas y galaxias.

En este caso, lo que se convierte en sonido es la propia variación de la luz solar. El resultado no es una grabación artificial ni una narración. Es una traducción directa de lo que está ocurriendo en el cielo. Gracias a ello, quien utiliza el dispositivo puede percibir en tiempo real cómo evoluciona el eclipse.

Paradójicamente, incluso quienes ven perfectamente pueden descubrir aspectos nuevos del eclipse mediante estas herramientas. La disminución de la luz suele producirse de forma tan gradual que nuestro cerebro apenas la percibe hasta fases avanzadas del fenómeno. Un dispositivo sonoro permite seguir esos cambios con mucha más precisión. Además, un eclipse total no solo se observa con los ojos.

Durante la totalidad, el ambiente cambia, la temperatura desciende, el sonido de la naturaleza se modifica… Y todas esas experiencias pueden compartirse independientemente de la capacidad visual de cada observador. “Estos dispositivos ya han demostrado su eficacia en eclipses solares anteriores en Estados Unidos (2017, 2024), Chile y Argentina (2019-2020) – señalan desde LightSound -. Gracias a ellos numerosas personas con discapacidad visual pudieron percibir y disfrutar este fenómeno astronómico, transformando la observación tradicional en una experiencia multisensorial”.

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