Camilla no solo se alzó anoche con la estatuilla de ganadora de MasterChef 14, con sus 100.000 euros de premio, su libro de recetas y su curso en el Basque Culinary; Camilla demostró que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos Leer Camilla no solo se alzó anoche con la estatuilla de ganadora de MasterChef 14, con sus 100.000 euros de premio, su libro de recetas y su curso en el Basque Culinary; Camilla demostró que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos Leer
La imagen que está sobre estas líneas, la de Annie y Camilla, las dos duelistas de la final de MasterChef 14 segundos antes de conocer quién de las dos ganaría, es, probablemente, la imagen que mejor describa lo que fue anoche la gran final de MasterChef 14 y lo que ha sido esta edición del talent culinario más famoso de la televisión. Dos mujeres con caracteres completamente diferentes, con formas completamente distintas, un ser de luz y, para muchos compañeros, otro ser de oscuridad, a las que les unió su amor por la cocina, su perfeccionismo, su intensidad y su pasión, y que anoche, precisamente antes de que Pepe Rodríguez dijera el nombre de la ganadora, regalaron un instante que nunca se había vivido en la historia de las finales de MasterChef. Ellas dos, ignorando al mundo entero, a las cámaras, a sus compañeros, incluso, a sus familias, centradas en escuchar un nombre al que probablemente a cualquiera de las dos le hubiera dado igual si era el suyo o el de su compañera.
MasterChef 14 lo ganó Camilla Angellucci, para muchos, la malvada, la villana, la Maléfica de MasterChef 14; para otros, la heroína, la Supergirl, la imperfecta ganadora perfecta de MasterChef 14. Porque Camilla anoche no solo se alzó con el trofeo de ganadora de MasterChef, ni con los 100.000 euros de premio, ni con su propio libro de recetas, ni con su curso en el Basque Culinary Center; Camilla anoche se llevó el trofeo al reconocimiento de quien arriesga todo por cumplir un sueño y no busca más aprobación que la suya propia.
Camilla llegó a MasterChef siendo la perfecta villana. Una concursante que se ha visto muchas veces en MasterChef. La que no se callaba ni media, la que decía las cosas a la cara, la que te ponía de vuelta y media, la que se cabreaba, la que tenía un carácter que echaba para atrás. Comenzó fuerte la italiana, dejando muy claro desde el principio que ella no venía a mamonear ni a conseguir horas de televisión, sino que ella se estaba jugando mucho: se estaba jugando haber dejado a sus dos hijos, de 9 y 4 años, más de tres meses por entrar en MasterChef; se estaba jugando demostrar que con ganas de aprender (y de trabajar) se pueden conseguir las cosas, al menos, se puede conseguir parte de un sueño; se estaba jugando la realidad de muchas personas a base de esfuerzo.
Porque la historia de Camilla no es un cuento de hadas, ni de príncipes ni de princesas; es la historia de una mujer que «huyó» de Italia rumbo a Ibiza, que trabajó en todo lo que pudo -hasta de chófer de una princesa de Arabia Saudí-, que sabe lo que es dejarse la piel trabajando en la restauración y que, pese a ello, nunca abandonó la idea de que algún día conseguiría su sueño: poder formarse para aprender a cocinar. Con este currículum ahora muchos entenderán todo lo que se ha podido ver de ella en MasterChef 14, lo bueno y lo malo.
No era fácil que Camilla cayese bien a los espectadores, porque no es una mujer de carácter fácil. Es brusca, es vehemente, es exigente, es crítica, es demasiado sincera, tal vez, para estos tiempos. Pero también es amiga de sus amigos, es luchadora, es irreductible, es dura, es un muro contra el que todos pueden chocarse, que siempre acaba recomponiéndose. No, no es la ganadora perfecta ni tampoco quiso serlo nunca; es simplemente una mujer con las ideas y los objetivos muy claros, y con una declaración de intenciones que puso en práctica desde el principio: si para ganar MasterChef 14 había que ponerse hasta al mismísimo talent por montera, se lo iba a poner.
Al principio de esta edición de MasterChef, Camilla era para muchos de los espectadores (y compañeros) una de las rivales más duras e incluso la gran «villana» a la que había que placar por su fuerte carácter. Sin embargo, Camilla no solo ha terminado ganando MasterChef 14, sino también ganándose el respeto de todos, incluso con los que mantuvo una guerra sin cuartel.
El reto inicial fue un clásico rompecuellos del talent culinario: seguir al chef. El chef triestrellado Oriol Castro (del restaurante Disfrutar) cocinó en directo un plato complejísimo basado en una crema de verduras de vanguardia. Los cuatro finalistas (Annie, Camilla, Chambo y Carlota) tenían que replicarlo a su ritmo: sin esperas, sin repetir pasos y en absoluto silencio. Hubo de todo, como la personalidad de los cuatro finalistas, pero Camilla volvió a sorprender, volvió a romper con los augurios de un jurado que sabe muy bien por dónde van los tiros con solo ver el comportamiento de cada uno.
Lo que parecía un caos absoluto para Camilla terminó en milagro. La azafata italiana, que empezó muy perdida, demostró una capacidad de reacción brutal, clavó los conceptos y se llevó la primera chaquetilla de la noche. La azafata italiana arrancó la contrarreloj completamente al límite y superada por el ritmo del chef de Disfrutar, pero terminó firmando la mejor valoración de los jueces de la noche.
Con la victoria de Camilla en la primera prueba de la noche y con la primera chaquetilla de duelista ya entregada, Annie, Carlota y Chambo se trasladaron a Dénia (Alicante) para cocinar un menú de alta complejidad diseñado por el propio Quique Dacosta para 12 comensales de la élite gastronómica local. Tenían que «cocinar la belleza». Ya no vale con el sabor, con encontrar los mejores platos, las mejores combinaciones, las mejores presentaciones; la gastronomía es un arte y, como tal, los tres finalistas tenían que ir un paso más allá.
Los tres concursantes contaron con un tiempo generoso pero muy necesario: 220 minutos (3 horas y 40 minutos) de cocinado continuo para sacar adelante todas las elaboraciones. Chambo, el único representante masculino de la final, decidió apostar muy fuerte arriesgando con el mar y la tradición local. Sus platos fueron un brioche ahumado de merluza y erizos y, principalmente, unas espinas con arroz de l’Albufera. El arroz acabó siendo su perdición: en plenas tierras valencianas y ante Dacosta, se le atragantó por completo el punto de cocción. El arroz se le pasó, un error crítico que le costó quedarse con el cuarto puesto de la final de MasterChef 14.
Por su parte, Carlota, la pizpireta de esta edición, se encargó de elaborar una fideuà azafranada fría de navajas y un espectacular plato de vanguardia visual llamado Blanco sobre negro (un coulant salado elaborado a partir del colágeno de cefalópodos y moluscos). Aunque trabajó de manera limpia y su evolución fue muy aplaudida por los jueces, le faltó ese punto extra de brillantez y velocidad que exigía la alta cocina de Dacosta, quedándose con la tercera posición.
Y le tocó a Annie, ¡ay, Annie! La riojana ha sido la dulzura, el cariño, la alegría de MasterChef 14. Se merecía estar en el duelo final, aunque solo hubiera sido por lo buena persona que parece. Annie firmó un cocinado excelso. Le tocó defender un plato de pescados y un complejo postre. Su templanza, su capacidad para controlar los tiempos y el extraordinario sabor que consiguió en sus elaboraciones dejaron a todos con la boca abierta. De hecho, tras probar su postre, el mismísimo Quique Dacosta soltó ante las cámaras una de las frases más comentadas de la noche: «A lo mejor la contrato, otra cosa es que quiera trabajar aquí».
Y llegó el duelo final, el duelo de dos amigas, dos mujeres que, siendo tan diferentes, encontraron el punto en común, lo que las unió desde el principio de MasterChef 14: su amor por la cocina y sus ganas de cumplir su sueño al precio que fuese. Este desenlace selló un nuevo hito femenino en la historia de las finales de MasterChef: un duelo final 100 % femenino en el que Annie y Camilla se batieron frente a los fogones con la presencia de Joan Roca.
El duelo final entre Camilla Angellucci y Ana María Jiménez, más conocida como Annie, fue un cara a cara sumamente emotivo, marcado no solo por la excelencia culinaria ante el chef invitado Joan Roca (El Celler de Can Roca), sino por el hecho de que ambas han sido grandes amigas dentro de la competición.
La mecánica consistió en el clásico reto de diseñar y ejecutar un menú completo de tres tiempos (entrante, principal y postre) en un tiempo límite de dos horas. Ambas aspirantes optaron por conceptos profundamente autobiográficos: mientras Annie enfocó su menú en homenajear a las personas que la han acompañado en su vida, Camilla lo centró en los lugares que la han marcado.
Los nervios le jugaron una mala pasada a Annie nada más arrancar. La entrada de Joan Roca al plató la emocionó tanto que sufrió un contratiempo y terminó manchando todo el suelo de su puesto de cocina. Ella misma bromeó detrás de las cámaras reconociendo que, por los manchones, aquello «parecía la Capilla Sixtina», aunque afortunadamente logró recomponerse rápido y recuperar el ritmo de cocinado.
El entrante de Annie fue un tributo directo al restaurante de sus padres (el restaurante Viana en Calahorra, La Rioja). Consistió en una revisión de la tradicional menestra que acompañó con un bocadito de patatas a la riojana. El de Camilla, un homenaje a Ibiza, la isla que la acogió a los 18 años y donde conoció a su marido. Presentó una reinterpretación del tradicional bullit de peix ibicenco con leche de tigre, crujiente de arroz y aceite de clorofila.
Ya en los principales, Annie dedicó su plato, Ciervo con sabores del Bajo Monte, a su madrina y a la libertad que esta siempre le transmitió. Destacó por su gran nivel técnico en el tratamiento de la carne de caza. Camilla cocinó Raíces, basado en las dificultades de su infancia ante la separación de su familia, pero enfocado en su posterior reconciliación. El plato consistió en unos ñoquis rellenos de queso donde las setas, especialmente las trompetas de la muerte, fueron las protagonistas absolutas.
En los postres, Annie tiró de emoción, de amor, de maternidad… Presentó una propuesta que la representaba a ella, a su marido y a sus dos hijos. Estaba compuesta por una fina capa de chocolate que escondía en su interior un gel de menta, bizcocho de almendra y una stracciatella con nibs de cacao. Camilla no se quedó atrás. Apostó por un emocionante tributo a la familia de su marido y a Cataluña (tierra natal de sus hijos y de su familia política). Su propuesta consistió en darle una sofisticada vuelta de tuerca vanguardista al tradicional mel i mató catalán.
Tras una deliberación sumamente ajustada y dramática, el jurado (Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Martha Sanahuja) junto a Joan Roca elogiaron la tremenda evolución de las dos duelistas. Sin embargo, los riesgos técnicos y la carga emocional del menú de Camilla terminaron decantando la balanza a su favor. Porque en MasterChef 14 ni los malos fueron tan malos, ni los buenos fueron tan buenos.
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