Cuando pensamos en una misión a Marte solemos imaginar cohetes gigantescos, motores revolucionarios o escudos contra la radiación cósmica. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para llegar al planeta rojo podría no estar fuera de la nave, sino dentro de ella.
¿Cómo reaccionan cuatro personas cuando pasan un año aisladas sin posibilidad de salir? ¿Qué ocurre cuando cada litro de agua, cada comida y cada conversación dependen de un sistema cerrado? ¿Cómo afecta la monotonía, el retraso en las comunicaciones con la Tierra o la convivencia permanente con las mismas personas? Para responder a estas preguntas, la NASA acaba de abrir una nueva convocatoria de voluntarios para participar en una misión muy particular: pasar un año viviendo en la Tierra… simulando que ya están en la Luna o en Marte.
La misión comenzará en agosto de 2027 en el Centro Espacial Johnson, en Houston. Los participantes vivirán durante doce meses dentro de un complejo diseñado para reproducir muchas de las condiciones que encontrarán los futuros astronautas durante las misiones de larga duración del programa Artemis y, más adelante, en un viaje a Marte.
Pero no se trata de pasar un año en aislamiento. Quienes se presenten y sean aceptados, seguirán horarios estrictos, realizarán experimentos científicos, cultivarán alimentos, mantendrán los sistemas de soporte vital, efectuarán caminatas simuladas mediante realidad virtual y deberán resolver averías igual que lo haría una tripulación espacial real. Todo ello, mientras viven con recursos limitados y una rutina cuidadosamente planificada por la NASA.
La agencia denomina este programa Moon and Mars Exploration Analog, heredero de las misiones CHAPEA, con las que lleva años estudiando cómo afecta el aislamiento extremo a pequeños grupos humanos antes de enviar astronautas mucho más lejos que la Estación Espacial Internacional. Puede parecer una simulación sencilla, pero la realidad es que el experimento no estudia Marte o la Luna, ni siquiera el trayecto o los dispositivos que formen parte del viaje. Nos estudia a nosotros.
Viajar a Marte significará convivir durante meses sin posibilidad de regresar a casa. La distancia hará imposible una evacuación de emergencia. Las comunicaciones con la Tierra podrán retrasarse hasta veinte minutos en cada dirección, impidiendo mantener conversaciones en tiempo real. Cada pequeño conflicto entre compañeros deberá resolverse dentro de la propia nave.
Lo que intenta averiguar esta misión es cómo responde el cerebro humano cuando desaparecen casi todos los estímulos habituales. ¿Cómo cambia el sueño? ¿Cómo afecta el aislamiento al estado de ánimo? ¿Qué ocurre con la memoria, la atención o la toma de decisiones después de meses de confinamiento? ¿Cómo evoluciona la confianza entre compañeros cuando no existe privacidad real? Todas esas respuestas serán fundamentales antes de enviar una tripulación a millones de kilómetros de la Tierra.
Los participantes dispondrán de espacio reducido, recursos controlados y tareas diarias similares a las que realizarían los astronautas. También deben efectuar actividades extravehiculares simuladas utilizando realidad aumentada, mantener equipos científicos y adaptarse continuamente a incidencias introducidas por los investigadores. Paradójicamente, cuanto más aburrido resulte un día, mejor estará funcionando el experimento. La rutina forma parte del desafío: la mayor parte del tiempo consistirá en repetir procedimientos, vigilar sistemas y convivir durante meses con las mismas personas en un espacio muy reducido.
La NASA busca ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes de entre 30 y 55 años, con dominio del inglés, buena salud física y psicológica y una sólida formación científica o técnica, normalmente acompañada de experiencia profesional. Los candidatos deberán superar además exámenes médicos similares a los exigidos para los astronautas. Si crees que cumples con los requisitos, en esta web puedes completar el formulario. Y no, no se ha publicado el sueldo que recibirán los participantes. De hecho, la NASA solo habla de que “serán recompensados”, pero nada más. En un reciente comunicado han publicado los requisitos para formar parte de esta iniciativa
Cuando pensamos en una misión a Marte solemos imaginar cohetes gigantescos, motores revolucionarios o escudos contra la radiación cósmica. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para llegar al planeta rojo podría no estar fuera de la nave, sino dentro de ella.
¿Cómo reaccionan cuatro personas cuando pasan un año aisladas sin posibilidad de salir? ¿Qué ocurre cuando cada litro de agua, cada comida y cada conversación dependen de un sistema cerrado? ¿Cómo afecta la monotonía, el retraso en las comunicaciones con la Tierra o la convivencia permanente con las mismas personas? Para responder a estas preguntas, la NASA acaba de abrir una nueva convocatoria de voluntarios para participar en una misión muy particular: pasar un año viviendo en la Tierra… simulando que ya están en la Luna o en Marte.
La misión comenzará en agosto de 2027 en el Centro Espacial Johnson, en Houston. Los participantes vivirán durante doce meses dentro de un complejo diseñado para reproducir muchas de las condiciones que encontrarán los futuros astronautas durante las misiones de larga duración del programa Artemis y, más adelante, en un viaje a Marte.
Pero no se trata de pasar un año en aislamiento. Quienes se presenten y sean aceptados, seguirán horarios estrictos, realizarán experimentos científicos, cultivarán alimentos, mantendrán los sistemas de soporte vital, efectuarán caminatas simuladas mediante realidad virtual y deberán resolver averías igual que lo haría una tripulación espacial real. Todo ello, mientras viven con recursos limitados y una rutina cuidadosamente planificada por la NASA.
La agencia denomina este programa Moon and Mars Exploration Analog, heredero de las misiones CHAPEA, con las que lleva años estudiando cómo afecta el aislamiento extremo a pequeños grupos humanos antes de enviar astronautas mucho más lejos que la Estación Espacial Internacional. Puede parecer una simulación sencilla, pero la realidad es que el experimento no estudia Marte o la Luna, ni siquiera el trayecto o los dispositivos que formen parte del viaje. Nos estudia a nosotros.
Viajar a Marte significará convivir durante meses sin posibilidad de regresar a casa. La distancia hará imposible una evacuación de emergencia. Las comunicaciones con la Tierra podrán retrasarse hasta veinte minutos en cada dirección, impidiendo mantener conversaciones en tiempo real. Cada pequeño conflicto entre compañeros deberá resolverse dentro de la propia nave.
Lo que intenta averiguar esta misión es cómo responde el cerebro humano cuando desaparecen casi todos los estímulos habituales. ¿Cómo cambia el sueño? ¿Cómo afecta el aislamiento al estado de ánimo? ¿Qué ocurre con la memoria, la atención o la toma de decisiones después de meses de confinamiento? ¿Cómo evoluciona la confianza entre compañeros cuando no existe privacidad real? Todas esas respuestas serán fundamentales antes de enviar una tripulación a millones de kilómetros de la Tierra.
Los participantes dispondrán de espacio reducido, recursos controlados y tareas diarias similares a las que realizarían los astronautas. También deben efectuar actividades extravehiculares simuladas utilizando realidad aumentada, mantener equipos científicos y adaptarse continuamente a incidencias introducidas por los investigadores. Paradójicamente, cuanto más aburrido resulte un día, mejor estará funcionando el experimento. La rutina forma parte del desafío: la mayor parte del tiempo consistirá en repetir procedimientos, vigilar sistemas y convivir durante meses con las mismas personas en un espacio muy reducido.
La NASA busca ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes de entre 30 y 55 años, con dominio del inglés, buena salud física y psicológica y una sólida formación científica o técnica, normalmente acompañada de experiencia profesional. Los candidatos deberán superar además exámenes médicos similares a los exigidos para los astronautas. Si crees que cumples con los requisitos,en esta webpuedes completar el formulario. Y no, no se ha publicado el sueldo que recibirán los participantes. De hecho, la NASA solo habla de que “serán recompensados”, pero nada más. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
