Primero fue la fuerza bruta: lanzar piedras, luego flechas y lanzas. Luego llegó la química y conocimos la pólvora. Más tarde conocimos, descubrimos o creamos nuevos tipos de explosivos cada vez más potentes. Y ahora le ha llegado el turno a la física. Un nuevo ensayo realizado por la empresa francoalemana ISL, ha demostrado el funcionamiento de un cañón electromagnético de nueva generación, una tecnología que prescinde completamente de la pólvora y utiliza únicamente electricidad para acelerar un proyectil hasta velocidades hipersónicas. Y por primera vez lo han testado fuera del laboratorio.
Para entender cómo funciona este tipo de dispositivos, también conocidos como railguns, conviene olvidarse por un momento de las armas. El principio físico se parece mucho más al de un tren de levitación magnética. En lugar de una explosión, el proyectil se coloca entre dos raíles metálicos por los que circula una corriente eléctrica gigantesca, de varios millones de amperios durante unas pocas milésimas de segundo.
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Esa corriente genera un intenso campo magnético que empuja el proyectil hacia delante con una fuerza enorme. No hay gases expandiéndose, no hay combustión… Solo electricidad convirtiéndose directamente en velocidad.
En este caso, la velocidad máxima que alcanzaron los proyectiles fue de 5.400 km/h. El sistema utiliza una energía de unos 1 megajulio, que es relativamente modesta comparada con algunos proyectos estadounidenses anteriores. Este tipo de arma cuenta con varias ventajas: munición mucho más barata, velocidades hipersónicas, gran alcance… Aunque no todo son buenas noticias: el desgaste del arma (de los rieles) es mayor y la necesidad de grandes dosis de energía hacen que no sea una implementación sencilla.
Cuando un proyectil de varios kilos, disparado por un cañón electromagnético, alcanza un blanco a varios kilómetros por segundo, el efecto resulta devastador incluso aunque únicamente esté fabricado con metal ya que la energía aumenta con el cuadrado de la velocidad. Eso significa que duplicar la velocidad cuadruplica la energía del impacto.
“El paso a pruebas a campo abierto – señala ISL en un comunicado -, representa un avance significativo e indispensable más allá del trabajo de laboratorio: es donde una tecnología comienza a evaluarse en condiciones más cercanas a las de su uso final. Esta tecnología ha despertado desde hace tiempo el interés de los investigadores de defensa, incluso como una posible contribución a largo plazo para contrarrestar las amenazas hipersónicas: misiles y vehículos de reentrada maniobrables que proliferan y que ponen a prueba cada vez más los límites de los interceptores cinéticos actuales. Un lanzador electromagnético, en principio, ofrece una respuesta diferente: una que no depende de la propulsión química y que puede adaptarse a múltiples trayectorias. El próximo paso será la explotación: mayores niveles de energía y mayor distancia de vuelo libre”. Se trata de un logro de un instituto de investigación francoalemán.
Primero fue la fuerza bruta: lanzar piedras, luego flechas y lanzas. Luego llegó la química y conocimos la pólvora. Más tarde conocimos, descubrimos o creamos nuevos tipos de explosivos cada vez más potentes. Y ahora le ha llegado el turno a la física. Un nuevo ensayo realizado por la empresa francoalemana ISL, ha demostrado el funcionamiento de un cañón electromagnético de nueva generación, una tecnología que prescinde completamente de la pólvora y utiliza únicamente electricidad para acelerar un proyectil hasta velocidades hipersónicas. Y por primera vez lo han testado fuera del laboratorio.
Para entender cómo funciona este tipo de dispositivos, también conocidos como railguns, conviene olvidarse por un momento de las armas. El principio físico se parece mucho más al de un tren de levitación magnética. En lugar de una explosión, el proyectil se coloca entre dos raíles metálicos por los que circula una corriente eléctrica gigantesca, de varios millones de amperios durante unas pocas milésimas de segundo.
Esa corriente genera un intenso campo magnético que empuja el proyectil hacia delante con una fuerza enorme. No hay gases expandiéndose, no hay combustión… Solo electricidad convirtiéndose directamente en velocidad.
En este caso, la velocidad máxima que alcanzaron los proyectiles fue de 5.400 km/h. El sistema utiliza una energía de unos 1 megajulio, que es relativamente modesta comparada con algunos proyectos estadounidenses anteriores. Este tipo de arma cuenta con varias ventajas: munición mucho más barata, velocidades hipersónicas, gran alcance… Aunque no todo son buenas noticias: el desgaste del arma (de los rieles) es mayor y la necesidad de grandes dosis de energía hacen que no sea una implementación sencilla.
Cuando un proyectil de varios kilos, disparado por un cañón electromagnético, alcanza un blanco a varios kilómetros por segundo, el efecto resulta devastador incluso aunque únicamente esté fabricado con metal ya que la energía aumenta con el cuadrado de la velocidad. Eso significa que duplicar la velocidad cuadruplica la energía del impacto.
“El paso a pruebas a campo abierto – señala ISL enun comunicado-, representa un avance significativo e indispensable más allá del trabajo de laboratorio: es donde una tecnología comienza a evaluarse en condiciones más cercanas a las de su uso final. Esta tecnología ha despertado desde hace tiempo el interés de los investigadores de defensa, incluso como una posible contribución a largo plazo para contrarrestar las amenazas hipersónicas: misiles y vehículos de reentrada maniobrables que proliferan y que ponen a prueba cada vez más los límites de los interceptores cinéticos actuales.Un lanzador electromagnético, en principio, ofrece una respuesta diferente: una que no depende de la propulsión química y que puede adaptarse a múltiples trayectorias.El próximo paso será la explotación: mayores niveles de energía y mayor distancia de vuelo libre”. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
