La idea de iluminar determinadas zonas de la Tierra durante la noche utilizando grandes espejos instalados en satélites está cada vez más cerca de pasar de los planes a una prueba real. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, la FCC, ha autorizado recientemente a Reflect Orbital a experimentar con un satélite diseñado para reflejar hacia la superficie terrestre parte de la luz del Sol.
La empresa sostiene que esta tecnología podría emplearse para mantener la producción de las plantas fotovoltaicas después del anochecer o proporcionar iluminación en situaciones de emergencia. Sin embargo, el proyecto también ha provocado una fuerte oposición entre astrónomos y otros especialistas que advierten de las consecuencias de introducir en el cielo objetos artificiales capaces de alcanzar un brillo muy elevado. Varios expertos consultados por The Verge señalan que observar accidentalmente uno de estos satélites a través de determinados telescopios podría provocar lesiones permanentes en la retina.
El riesgo no se refiere a contemplarlos directamente a simple vista, sino a hacerlo mediante instrumentos capaces de concentrar una gran cantidad de luz. Según los especialistas, un telescopio de 12 pulgadas, unos 305 mm de apertura que es un tamaño relativamente habitual entre aficionados a la astronomía, podría ser suficiente para que la intensidad recibida resultara peligrosa.
Reflect Orbital ha bautizado su primer prototipo como Eärendil-1 y pretende utilizarlo para comprobar tanto el funcionamiento del sistema como las medidas de seguridad diseñadas para reducir estos riesgos. Christopher Buscombe, portavoz de la compañía, asegura que mantienen conversaciones con ‘científicos, astrónomos, investigadores medioambientales y otras partes interesadas’ antes de iniciar las pruebas.
Las advertencias sobre los posibles efectos de los espejos orbitales tampoco son nuevas. Rusia experimentó durante la década de los 90 con el programa Znamya, que buscaba reflejar luz solar hacia la Tierra mediante estructuras desplegadas en el espacio. Un estudio publicado en 2000 por la Royal Astronomical Society of Canada ya señaló entonces que observar uno de aquellos sistemas en determinadas condiciones podía exponer el ojo a niveles de luz peligrosos.
Pese a estas objeciones, la FCC ha decidido autorizar el experimento estadounidense. Los críticos trasladaron al organismo el posible riesgo para la vista, pero el regulador ha considerado que era un factor reducido frente a los ‘beneficios de permitir que empresas estadounidenses prueben tecnologías innovadoras en el espacio’.
Sin embargo, se trata de un riesgo considerable para la salud humana que convierte en ‘extraordinaria’ la aprobación de la FCC, según ha declarado al medio Robert Massey, subdirector ejecutivo de la Royal Astronomical Society.
Otra objeción de los astrónomos es que tampoco existe por ahora un sistema que les avise de cuándo y por qué zona del cielo pasará Eärendil-1. Esto aumenta la posibilidad de que algún observador lo encuentre accidentalmente mientras utiliza un telescopio.
Los problemas potenciales no atañen solamente a la salud visual de posibles observadores. La Air Line Pilots Association ha expresado dudas sobre el impacto que estos destellos podrían tener en la seguridad aérea, mientras que varios especialistas en cronobiología consideran que una utilización masiva de estos sistemas podría alterar el entorno nocturno natural.
Entre las posibles consecuencias se encuentran las interferencias con el sueño humano y con los ritmos circadianos de animales y especies migratorias. Presidentes de varias asociaciones internacionales de cronobiología han advertido de que un despliegue a gran escala supondría ‘una alteración significativa del entorno natural de iluminación nocturna a escala planetaria’.
Reflect Orbital asegura que controlará la cantidad de luz enviada hacia la superficie y que ajustará el brillo a niveles que ‘los seres humanos y los animales ya toleran’. Los especialistas cuestionan, sin embargo, hasta qué punto puede garantizarse ese control debido a factores como la dispersión atmosférica, las nubes y las condiciones cambiantes de cada zona.
El debate se suma así a la creciente preocupación por el rápido aumento del número de satélites en órbita terrestre baja. Para los astrónomos, la posibilidad de añadir objetos diseñados específicamente para ser muy brillantes introduce un problema adicional en un cielo cada vez más poblado.
Reflect Orbital pretende reflejar luz solar desde el espacio para mantener activas plantas fotovoltaicas después del anochecer, pero astrónomos y pilotos alertan de los riesgos de satélites extremadamente brillantes
La idea de iluminar determinadas zonas de la Tierra durante la noche utilizando grandes espejos instalados en satélites está cada vez más cerca de pasar de los planes a una prueba real. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, la FCC, ha autorizado recientemente a Reflect Orbital a experimentar con un satélite diseñado para reflejar hacia la superficie terrestre parte de la luz del Sol.
La empresa sostiene que esta tecnología podría emplearse para mantener la producción de las plantas fotovoltaicas después del anochecer o proporcionar iluminación en situaciones de emergencia. Sin embargo, el proyecto también ha provocado una fuerte oposición entre astrónomos y otros especialistas que advierten de las consecuencias de introducir en el cielo objetos artificiales capaces de alcanzar un brillo muy elevado. Varios expertos consultados por The Verge señalan que observar accidentalmente uno de estos satélites a través de determinados telescopios podría provocar lesiones permanentes en la retina.
El riesgo no se refiere a contemplarlos directamente a simple vista, sino a hacerlo mediante instrumentos capaces de concentrar una gran cantidad de luz. Según los especialistas, un telescopio de 12 pulgadas, unos 305 mm de apertura que es un tamaño relativamente habitual entre aficionados a la astronomía, podría ser suficiente para que la intensidad recibida resultara peligrosa.
Reflect Orbital ha bautizado su primer prototipo como Eärendil-1 y pretende utilizarlo para comprobar tanto el funcionamiento del sistema como las medidas de seguridad diseñadas para reducir estos riesgos. Christopher Buscombe, portavoz de la compañía, asegura que mantienen conversaciones con ‘científicos, astrónomos, investigadores medioambientales y otras partes interesadas’ antes de iniciar las pruebas.
Las advertencias sobre los posibles efectos de los espejos orbitales tampoco son nuevas. Rusia experimentó durante la década de los 90 con el programa Znamya, que buscaba reflejar luz solar hacia la Tierra mediante estructuras desplegadas en el espacio. Un estudio publicado en 2000 por la Royal Astronomical Society of Canada ya señaló entonces que observar uno de aquellos sistemas en determinadas condiciones podía exponer el ojo a niveles de luz peligrosos.
Pese a estas objeciones, la FCC ha decidido autorizar el experimento estadounidense. Los críticos trasladaron al organismo el posible riesgo para la vista, pero el regulador ha considerado que era un factor reducido frente a los ‘beneficios de permitir que empresas estadounidenses prueben tecnologías innovadoras en el espacio’.
Sin embargo, se trata de un riesgo considerable para la salud humana que convierte en ‘extraordinaria’ la aprobación de la FCC, según ha declarado al medio Robert Massey, subdirector ejecutivo de la Royal Astronomical Society.
Otra objeción de los astrónomos es que tampoco existe por ahora un sistema que les avise de cuándo y por qué zona del cielo pasará Eärendil-1. Esto aumenta la posibilidad de que algún observador lo encuentre accidentalmente mientras utiliza un telescopio.
Los problemas potenciales no atañen solamente a la salud visual de posibles observadores. La Air Line Pilots Association ha expresado dudas sobre el impacto que estos destellos podrían tener en la seguridad aérea, mientras que varios especialistas en cronobiología consideran que una utilización masiva de estos sistemas podría alterar el entorno nocturno natural.
Entre las posibles consecuencias se encuentran las interferencias con el sueño humano y con los ritmos circadianos de animales y especies migratorias. Presidentes de varias asociaciones internacionales de cronobiología han advertido de que un despliegue a gran escala supondría ‘una alteración significativa del entorno natural de iluminación nocturna a escala planetaria’.
Reflect Orbital asegura que controlará la cantidad de luz enviada hacia la superficie y que ajustará el brillo a niveles que ‘los seres humanos y los animales ya toleran’. Los especialistas cuestionan, sin embargo, hasta qué punto puede garantizarse ese control debido a factores como la dispersión atmosférica, las nubes y las condiciones cambiantes de cada zona.
El debate se suma así a la creciente preocupación por el rápido aumento del número de satélites en órbita terrestre baja. Para los astrónomos, la posibilidad de añadir objetos diseñados específicamente para ser muy brillantes introduce un problema adicional en un cielo cada vez más poblado.
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