Referéndum sobre Trump: la carrera para las elecciones de medio mandato de EE UU entra en su fase decisiva

El senador más joven de Estados Unidos, Jon Ossoff, de Georgia, se lanzaba a pronunciar lo que parecía uno más de sus discursos de campaña para la reelección en los comicios de medio mandato en noviembre. No lo fue. “No quiere hacer su trabajo”, se burló del presidente Donald Trump en aquel mitin en Atlanta a mediados de agosto. “Quiere construir su sala de baile y viajar con Natalie en su palacio volante regalado por el emir de Qatar”.

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 Los demócratas cuentan con ventaja en las encuestas de cara a las ‘midterms’ de noviembre, ante el descontento de los votantes por los altos precios y la guerra contra Irán  

El senador más joven de Estados Unidos, Jon Ossoff, de Georgia, se lanzaba a pronunciar lo que parecía uno más de sus discursos de campaña para la reelección en los comicios de medio mandato en noviembre. No lo fue. “No quiere hacer su trabajo”, se burló del presidente Donald Trump en aquel mitin en Atlanta a mediados de agosto. “Quiere construir su sala de baile y viajar con Natalie en su palacio volante regalado por el emir de Qatar”.

Natalie Harp es la asistente personal de Trump y su persona de máxima confianza, que acompaña al presidente en cada desplazamiento. Los comentarios de Ossoff se hicieron virales y desencadenaron una furiosa respuesta de la Casa Blanca y el propio mandatario. “El mayor perdedor cornudo en el mundo político”, llegó a insultarlo el director de comunicación de la residencia presidencial, Steven Cheung. Los ataques de la Administración prolongaron la polémica durante días, convirtieron los vínculos laborales de Harp y Trump en uno de los temas del verano y propulsaron la campaña del demócrata hasta tal punto que las encuestas le dan como favorito para renovar su escaño en noviembre y se baraja su nombre como uno de los candidatos de su partido para las presidenciales de 2028.

El encontronazo entre Ossoff y la Casa Blanca llegó en un momento especialmente sensible. A dos meses de las elecciones de medio mandato, la batalla para unos comicios clave en Estados Unidos se encuentra ya en pleno fragor. De allí saldrán nombrados los 435 legisladores de la Cámara de Representantes y un tercio de los cien miembros del Senado. El partido que gane tendrá en su mano dar vía libre a Donald Trump en todo lo que desee, como han hecho hasta ahora los republicanos, o vetar sus medidas y sus nombramientos. La oposición demócrata se frota las manos ante la perspectiva, en caso de victoria, de abrir juicios políticos contra el presidente y miembros de su equipo, como hizo en el primer mandato tras su avalancha electoral de 2018.

Ante lo que está en juego, Trump y los republicanos llevan meses tratando de asegurarse un triunfo, aun a costa de cambiar las reglas de juego a mitad de la partida. El presidente, que ya en enero pasado advertía a sus correligionarios del riesgo de juicios políticos, ha presionado, con resultados mixtos, para que los Estados donde su partido tiene mayoría modifiquen la distribución de los distritos electorales para que los resultados les sean favorables. También intenta sacar adelante medidas que dificulten el voto por correo, tradicionalmente más utilizado por los votantes demócratas. Esta semana será la estrella de una insólita convención republicana de medio mandato —habitualmente se celebran cada cuatro años, para nombrar formalmente al candidato del partido en las elecciones presidenciales—, convocada en Dallas y organizada a toda prisa para dar protagonismo al presidente en momentos en los que los votantes empiezan a pensar ya en serio en qué hacer en las urnas dentro de dos meses.

Pero Ossoff no es el único demócrata en sentirse optimista. Las encuestas apuntan al partido en la oposición como favorito —entre un 3 y un 7% de ventaja en intención de voto— en unas midterms que se perfilan como un gran referéndum sobre Trump, el polarizador presidente que durante el último año y medio ha dominado de manera absoluta el escenario político estadounidense.

Agobio por los altos precios

Desde la progresista Maine al conservador Misuri, de Florida a Oregon, los votantes expresan su preocupación sobre varias de las principales medidas del presidente: la guerra de Irán, que tras seis meses cumplidos vuelve a calentarse; la draconiana política de inmigración; los aranceles y otras medidas económicas que han disparado el coste de la vida.

Agobiados por los altos precios —el de la gasolina, el gran referente del estadounidense medio para medir el dolor que siente su bolsillo, volvió a subir este fin de semana, el último festivo del verano—, ven con perplejidad la fijación de Trump en proyectos como el opulento salón de baile que ha ordenado construir en la Casa Blanca. La popularidad del presidente se encuentra en los niveles más bajos de su mandato: la encuesta más reciente, del Financial Times, la sitúa en el 34%.

Los demócratas, que sufrieron un duro varapalo en las presidenciales de 2024 —precisamente por las preocupaciones de los votantes en torno a la inflación y los altos costes—, han recuperado apoyos entre su base y los votantes independientes desencantados con Trump y la situación actual. Los sondeos apuntan que, de celebrarse mañana las elecciones, el partido de la oposición lograría una cómoda mayoría en la Cámara de Representantes, donde hasta ahora los republicanos dominaban por un puñado de escaños. Y tiene posibilidades de imponerse también en el Senado, algo que hubiera parecido imposible hace solo unos meses: en esta cámara la mayoría republicana es más sólida (53 escaños frente a 47 de los demócratas) y la mayor parte de los escaños en juego en noviembre se disputan en Estados donde ganó Trump con claridad.

“Las debilidades del presidente Trump, agravadas por las consecuencias de su decisión de atacar Irán, significan que su aprobación se encuentra por los suelos no solo en los clásicos estados bisagra, sino también en muchos, quizá todos, de los estados republicanos clave en los que se celebran elecciones al Senado este año”, escribe Kyle Kondrik en la página de análisis político Larry Sabato’s Crystal Ball, de la Universidad de Virginia.

Un puñado de Estados clave

Todo dependerá, como ocurrió en las presidenciales de 2024, de un puñado de Estados y de campañas individuales. Los analistas dan casi por descontado que los demócratas se harán con la Cámara de Representantes. En el Senado, los demócratas necesitan sumar cuatro escaños a los 47 que ya tienen. Se da por casi seguro que uno ya está en el bolsillo: el de Carolina del Norte, donde su candidato es el popular exgobernador Roy Cooper. De los 33 escaños en juego, solo media docena no tienen aún un dueño claro: en Maine, Ohio, Alaska, Texas, Iowa y Michigan. Solo uno, el de Michigan, estaba hasta ahora en manos demócratas.

Trump ganó en cinco de ellos (todos menos Maine) hace dos años. Algunos, como Texas o Alaska, votan sistemáticamente republicano. Ahora, la media de diferentes encuestas que publica diariamente el portal especializado RealClearPolitics apunta que el candidato demócrata en Texas, el seminarista James Talarico, saca una ventaja de 2,4 puntos porcentuales a su rival Ken Paxton. En Alaska, Mary Peltola va por delante por dos puntos porcentuales. En Maine, Troy Jackson se adelanta por 2,4 puntos a la veterana senadora republicana Susan Collins. El exgobernador Sherrod Brown aventaja a su rival por 2,6 puntos porcentuales en Ohio. El médico Abdul Sayed, demócrata socialista y que aspira a convertirse en el primer senador musulmán de Estados Unidos, tiene un margen de 2,3 puntos. Solo en Iowa la republicana Ashley Hinson se distancia de su oponente, por 1,8 puntos.

Aunque las encuestas no son infalibles. Hace cuatro años predecían una gran oleada de triunfos republicanos en las midterms de 2022 que no se materializó. Y aunque los propios republicanos reconocen el descontento entre los votantes, también apuntan a importantes ventajas. La primera, la financiera: su partido cuenta con más fondos para costear campañas. Tras meses de distanciamiento, Trump ha prometido invertir parte de los 400 millones en fondos de campaña con que él cuenta en favor de candidatos republicanos en las elecciones consideradas clave. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, también ha creado un fondo de 50 millones de dólares con este fin.

Los republicanos también apuntan a las divisiones internas entre los demócratas y el auge de candidatos del ala demócrata socialista que consideran que pueden ahuyentar a los independientes moderados. Y que, si estos comicios se convierten en un referéndum sobre Trump, el presidente mantiene su tirón sobre una parte significativa del electorado. Señalan, entre otras cosas, que a lo largo de la campaña de primarias republicanas, los candidatos respaldados por Trump se impusieron en el 96% de los casos.

Trump ha prometido consagrar los últimos 30 días de campaña a recorrer el país en beneficio de los candidatos de su partido. Prevé centrarse en 35 distritos electorales que calcula que serán clave para decidir qué formación acaba consiguiendo el control del Congreso.

“Lo llevo diciendo una y otra vez: los republicanos van a desafiar la tendencia histórica y vamos a mantener la mayoría en la Cámara de Representantes”, ha afirmado el presidente de esa institución, el republicano Mike Johnson.

Los demócratas, sin embargo, no ocultan sus esperanzas. “Tenemos seis oportunidades fundamentales (para ganar el Senado) y seguimos ampliando nuestras posibilidades, obligando a los republicanos a esforzarse en defender Estados donde dominaban. Enfrentamos noviembre con múltiples caminos para ganar la mayoría”, ha declarado por su parte Devan Barber, director del Comité de Campaña para el Senado del Partido Demócrata.

Su propuesta es simple: centrar sus mensajes en el desencanto de los votantes sobre la situación económica. Y seguir sacando a relucir a Trump y sus prioridades. Repetir, como sostuvo Ossoff en aquel mitin en Atlanta, que el presidente “no quiere hacer su trabajo”.

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