Big Data y telemedicina avanzada para eliminar la incertidumbre y el miedo de los pacientes cardiacos. Con esa premisa nace este proyecto pionero en España y el mundo que por ahora sigue a los 600.000 pacientes adscritos al Hospital Ramón y Cajal Leer Big Data y telemedicina avanzada para eliminar la incertidumbre y el miedo de los pacientes cardiacos. Con esa premisa nace este proyecto pionero en España y el mundo que por ahora sigue a los 600.000 pacientes adscritos al Hospital Ramón y Cajal Leer
Cuando una persona sufre un susto cardiaco, sea una arritmia, una insuficiencia cardiaca que reduce su calidad de vida o un episodio agudo como un infarto, empieza a convivir con cierto miedo e incertidumbre por si el episodio se repite o su situación empeora. La ansiedad por si le sucede algo entre revisión y revisión sin poder recurrir a su médico le hace sentirse desprotegido. ¿En la era de la tecnología, de qué sirve tanta IA si no podemos aliviar a esos pacientes?
Hace cuatro años, José Luis Zamorano, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, planteó a los jefes de las distintas unidades de Cardiología un dilema. «¿Compramos más ecógrafos? ¿Más salas de hemodinámica? Pues fenomenal, como en el siglo XX… ¿O hacemos algo distinto?». Zamorano llevaba años dando conferencias en todo el mundo y siendo visiting profesor en diferentes hospitales de todo el planeta. «Había visto un montón de centros de control mal llamados command center. El Marañón tiene uno muy bueno, el de la Creu i Sant Pau en Barcelona es espectacular. Pero en todos ves número de camas libres, listas de espera, ocupación del quirófano, número de enfermos en la urgencia… Todo es administrativo para la gestión del hospital, no aparece que a Mariano le han hecho una ecografía y el ventrículo está dilatado. Tenía claro que había que crear un command center centrado en el ciudadano«, explica.
Su idea, por la que ya han manifestado interés algunas compañías tecnológicas, estuvo dos años «en el desierto», como él mismo dice, hasta que en septiembre de 2024 la presidenta de la Comunidad de Madrid (CAM), Isabel Díaz Ayuso, lo anunció en el Debate del Estado de la Región: al año siguiente comenzaría su andadura un centro de medicina predictiva cardiovascular en el Ramón y Cajal. Al parecer la gerencia del hospital lo envió a Sanidad, les gustó el proyecto y se pusieron manos a la obra con la Consejería de Digitalización. El proyecto, financiado con los Fondos Next Generation, se llama CardiologIA Madrid 365 y es el primer centro de este tipo en el sistema nacional de salud y pionero en el mundo.
«Este importantísimo avance en telemedicina ya está salvando vidas, ya está ayudando a prolongarlas y esto no ha hecho más que empezar», ha señalado Isabel Díaz Ayuso en la presentación del proyecto este martes en el mismo Hospital Ramón y Cajal. «Va a permitir seguir con todo detalle, ya lo está haciendo, cómo evoluciona cada paciente todos los días del año esté donde esté. (…) Imagínense la seguridad, la confianza que supone para muchos pacientes y también para aquellos que piensan que por ser jóvenes y encontrarse en general bien no son conscientes de que a lo mejor están desarrollando algún problema que puede comprometer su vida», ha continuado la presidenta de la CAM, para quien este proyecto «tan ilusionante» «demuestra la fortaleza que tiene la sanidad pública de Madrid«. «Se puede decir con toda tranquilidad que estamos ante el modelo más avanzado de atención cardiológica que existe ahora mismo en España y probablemente en muchas partes del mundo», ha rematado Ayuso.
¿En qué consiste realmente? El centro de control del proyecto está situado en la zona contigua a la UCI Coronaria del Ramón y Cajal. Cuenta con un muro de pantallas de alta resolución de 22 metros cuadrados divididos en tres secciones independientes. El equipo visualiza en tiempo real el estado de los beneficiarios del servicio y recibe alertas individualizadas. La plataforma tiene tres grandes segmentos o apartados: insuficiencia cardiaca, infarto y rehabilitación cardiaca.
La telemonitorización es de dos tipos, activa y pasiva. En la pasiva hay tres tipos de pacientes: el que pertenece a un proceso cardiológico, es decir, tiene una patología específica como insuficiencia cardiaca o una miocardiopatía; el que está en el servicio sin tener una patología concreta, sino que le siguen, por ejemplo, por una pericarditis; y el paciente externo al servicio de Cardiología (de otra especialidad o que se ha hecho una analítica en un centro de salud). En la telemonitorización activa el paciente participa activamente, como el nombre indica, mediante la Tarjeta Sanitaria Virtual (TSV) o el uso de wearables.
Básicamente es un sistema de seguimiento y alertas. Siguen a los 600.000 pacientes adscritos al área del Hospital Ramón y Cajal (monitorización pasiva) e integran para ello datos públicos de la Comunidad de Madrid provenientes de la historia clínica electrónica, imagen, electrocardiogramas, laboratorio y farmacia. A futuro contará con datos de los dispositivos de estimulación cardiaca (como marcapasos o el Desfibrilador Automático Implantable, DAI). El grueso de las alertas lo ocupan los pacientes con patologías cardiacas específicas y los pacientes del servicio (unos 29.000). Las alertas pueden ser verdes, amarillas y rojas, siendo estas derivadas al SUMMA o directamente al cardiólogo de guardia 24/7. Existen hasta casi 180 tipos de alertas (179: 119 activas actualmente que llegarán a 140 cuando estén integradas todas las fuentes de datos, y el resto serán por los dispositivos de estimulación cardiaca).
La telemonitorización activa cuenta con 93 pacientes en la Tarjeta Sanitaria Virtual (TSV) y 38 en los wearables. El usuario puede comunicarse directamente con el servicio a través de la TSV, que incorpora un canal específico de Cardiología con acceso a contenidos educativos personalizados (vídeos de insuficiencia cardiaca para el que tenga ese problema, otros sobre infarto o sobre válvulas…) y recomendaciones individualizadas. También contiene cuestionarios y registro de constantes que el paciente puede introducir (tensión, peso…). «La TSV tiene la opción de que el ciudadano pueda llamar al médico, te salta una alerta porque por lo que sea tienes una urgencia», destaca Zamorano. «¿Dónde se ha visto eso en el mundo?», se pregunta.
Al tratarse de una aplicación, la capacidad para monitorizar pacientes mediante la TSV es exponencial, señala Laura Burgos, enfermera y jefa del proyecto. «En el caso de los wearables podemos monitorizar 250 simultáneos. Acabamos de empezar porque la mayor licitación se aprobó en mayo», indica. Estos dispositivos son relojes inteligentes, tensiómetros, básculas, pulxiosímetros, PC-80 (hace electrocardiogramas de una derivación) o chalecos tipo holter (chalecos de tela con tiras para 30 días que se pueden quitar para la ducha y que tienen una especie de petaca que descarga los datos al sistema todos los días). Se reservan (y entregan en un maletín o mochila) para pacientes con ciertos requisitos y que no se pueden manejar bien para introducir ellos mismos ciertos parámetros, por ejemplo, personas mayores con un primer diagnóstico de insuficiencia cardiaca (con mayor riesgo de reingreso el primer mes).
En la pantalla saltan las alertas. «Paciente con insuficiencia cardiaca, lleva dos días sin pesarse. Hay que llamarlo para ver si se le ha olvidado o ha pasado algo. A este otro le ha bajado un 15% la hemoglobina y viene desde cardiooncología: ¿está sangrando?, ¿está peor del cáncer?, ¿tiene metástasis?…», va desgranando ejemplos Zamorano. «Tengo aquí yo una interesante que ha saltado ahora: ondas Q inferiores anormales. Se han hecho casualmente un electrocardiograma en anestesia para un síndrome del túnel carpiano y sale una onda Q inferior, paciente nunca visto por Cardiología. Y la hemos mandado a consulta para valorar», relata Rafael Martínez Moya, cardiólogo coordinador del proyecto.
CardiologIA Madrid 365 comenzó a funcionar en noviembre como prueba piloto, pero realmente es desde abril cuando ha empezado a fondo porque se ha ido por fases para no colapsar el equipo. En este tiempo han gestionado 13.204 alertas (1.712 de wearables y 7.758 de TSV). El equipo está formado por tres enfermeras (una para cada una de las tres grandes secciones: insuficiencia cardiaca, infarto y rehabilitación cardiaca), la enfermera jefa del proyecto y un cardiólogo coordinador «por si surge alguna duda en una alerta que siempre haya alguien de respaldo médico», incide Burgos. Además, cuenta que hay otros cuatro cardiólogos no a tiempo completo que trabajan en el modelo predictivo.
Pero además del seguimiento y control 24 horas los 365 días del año a los pacientes cardiológicos, la inteligencia artificial y el internet de las cosas sirven para otra cosa en este proyecto: consultar las predicciones que hace el modelo de inteligencia artificial sobre el riesgo de posibles eventos y anticiparse. Los parámetros que podrá predecir son riesgo de descompensación clínica o de desarrollo o progresión de enfermedad cardiovascular, es decir, si va a tener otro infarto o una angina por primera vez o si le van a poner un stent, pero también si esa persona puede morirse en unos meses. Se trata de información delicada que deben estudiar cómo manejar y cómo dársela a los pacientes.
Por ahora, este modelo de medicina predictiva está en fase de validación utilizando datos de esos 600.000 pacientes adscritos al Ramón y Cajal, aunque la idea es que cuando se ponga en marcha use el Big Data de toda la Comunidad de Madrid, de su data lake (lago de datos), «una cantidad masiva que hay que pulir muy bien antes de entrenar un modelo», resalta Burgos. Zamorano no cree que funcione este año. «Es un salto cualitativo brutal, es un cambio radical. Los ingenieros están trabajando en ello».
Aún no manejan datos de resultados en salud de baja mortalidad o ingresos que se han evitado, pero el cardiólogo está convencido de que el proyecto se va a escalar a otras especialidades médicas y no solo a otros hospitales de la región, sino a nivel nacional. Primero, habrá que ver cómo se materializa el modelo predictivo, pero la parte de seguimientos y alertas está generando mucha satisfacción entre los pacientes. «Les hemos hecho una encuesta y la última pregunta es si se lo recomendaría a su vecino y todos han puesto un 10, no ha habido ni uno que haya puesto un 9», remata Zamorano.
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