Sin duda el hambre está siendo el mayor sufrimiento de Supervivientes 2026. En cada edición no comer es de lo más duro, pero en esta edición está rozando tales límites que da igual lo que haya que sacrificar por algo de comida Leer Sin duda el hambre está siendo el mayor sufrimiento de Supervivientes 2026. En cada edición no comer es de lo más duro, pero en esta edición está rozando tales límites que da igual lo que haya que sacrificar por algo de comida Leer
A lo que ocurrió anoche en Supervivientes: Conexión Honduras le viene que ni al pelo -y nunca mejor dicho- el refrán que dice «más vale ganas de comer que tener y no poder». Supervivientes 2026 está siendo, sin duda alguna, la edición en la que el hambre y la comida más malas pasadas físicas y mentales están provocando en los supervivientes. El hambre siempre es uno de los mayores escollos por los que tienen que pasar los concursantes. Las primeras semanas son las peores; las siguientes se vive con resignación el no tener prácticamente nada que llevarse a la boca. Sin embargo, en Supervivientes 2026, las mayores broncas, los mayores sufrimientos, las mayores idas de olla han tenido como desencadenante la comida. Y la dirección de Supervivientes lo sabe porque les vigila y les ve cada día las 24 horas del día.
Por ejemplo, las recompensas que ofrecen en cada prueba no están elegidas al azar. El equipo de Supervivientes sabe con qué sueñan cada día. Si un día hay chocolate con churros es porque más de un superviviente ha hablado de las ganas que tienen de comerse unos churros. Si otro día hay macarrones o lasaña es porque el redactor y el cámara que les acompañan en las playas les han escuchado hablar de esos platos. Y es que para que se dejen los cuernos en cada prueba, la recompensa tiene que ser el mayor de los anhelos. Para que se corten el pelo, se metan en una bañera helada, se pongan a las órdenes de otro compañero o se afeiten el bigote y se rapen el pelo solo es necesario ponerles delante la comida que desean.
Y eso es lo que hizo anoche Supervivientes con La mesa de las penitencias, un clásico del reality que todos los años, cuando el concurso arranca su recta final, protagoniza varios días de programa. Sin embargo, la mesa de las penitencias de esta edición, aunque pueda parecer igual a la de otras ediciones, no lo ha sido ni por asomo. Han sido las mismas penitencias, pero muy diferentes han sido las actitudes de los supervivientes.
Habitualmente, la mesa de las penitencias suele durar varios programas porque las negociaciones duran largo y tendido. Que una concursante pierda un buen trozo de pelo o que uno se quede sin él siempre ha llevado a largas horas de negociaciones. De hecho, ha habido muchos concursantes en la historia de Supervivientes que han preferido quedarse sin comida o sin su mayor deseo con tal de no perder su pelo o de no quedarse sin alguna de sus pertenencias o directamente de no someterse a ninguna tortura, pues el castigo requerido era demasiado para la recompensa que ofrecían.
Pero anoche todo fue diferente porque en esta edición de Supervivientes el hambre es tal tortura que estoy convencida de que si María Lamela les hubiera ofrecido un poco de comida más, hubieran acabado todos calvos. Nunca en las ediciones de Supervivientes de los últimos 10 años se ha tardado tan poco en convencer a los supervivientes. Nunca han sido tan rápidos en decir que sí y nunca la presentadora ha tenido que apañarse para alargar una de las pruebas que más contenido suele dar en Supervivientes. Ni las peores penitencias pueden con el hambre que están viviendo los concursantes de Supervivientes 2026.
Recuerdo aquellas noches en las que Supervivientes tenía que cortar porque se acababa el programa y todavía los supervivientes no habían decidido si iban a aceptar la penitencia a cambio de la comida. Anoche tardaron lo que dura un caramelo a la puerta de un colegio.
El mejor ejemplo fue Claudia Chacón. Los que seguimos Supervivientes 2026 sabemos la ansiedad que le genera a Claudia no comer. Hace dos semanas se coló en la caseta del equipo de Supervivientes, cogió un bote de crema de cacao, huyó a un rincón de la playa y se lo comió mientras le grababa la cámara solo porque sus compañeros aquella noche no habían compartido la tarta de recompensa. No hay programa de Supervivientes 2026 en el que Claudia no protagonice una bronca, un enfrentamiento o el momentazo de la noche por culpa del hambre y de la comida. Estaba claro, por tanto, que Claudia iba a tardar entre menos y nada en sacrificar lo que le pidiera Supervivientes por comida. Y así fue.
Claudia Chacón, en el mismo día de su cumpleaños, iba a tener una porción de tarta de chocolate como regalo, pero si quería conseguir un trozo mucho más grande iba a tener que cortarse el pelo 10 centímetros. Dudó cinco segundos, aunque también aprovechó para sumar más puntos a su favor con una reflexión que no sabemos si fue por estrategia o porque realmente lo pensaba, pero que deberían escuchar muchos jóvenes. La validación de los demás no está en el físico.
«Lo voy a hacer, no solo por la tarta, sino porque creo que una de las cosas que he aprendido aquí es que siempre he necesitado validación y la he buscado en mi físico. Creo que es una manera de pensar en esa seguridad que quiero conseguir y transmitir, llegar más adelante no es por mi físico, sino por mí. Lo que importa es lo que tenemos dentro, lo quiero hacer también por demostrarme que la seguridad está dentro». ¡Olé, Claudia! Pero no nos engañemos, el pedazo de trozo de tarta también influyó. Y lo demostró justo después.
Después de cortarse los primeros 10 centímetros de pelo, María Lamela le daba otra opción: «Te ofrezco cortarte 10 más, 20 en total, a cambio de esto»: una gran porción de lasaña y otra gran porción de pizza. Más dudas se generaban en Claudia, pero, de nuevo, tardaba entre nada y menos en aceptar cortarse otros 10 centímetros: «Lo voy a hacer».
«Jamás he sentido como este apoyo que estoy sintiendo, con el que me estáis haciendo llegar tan lejos. Lo hago por todos vosotros. No necesitamos la validación de nadie, me encantaría no quedarme con las ganas de nada y ya dije que venía a superarme». Sin poder contener las lágrimas al notarse su nueva melena.
Y ahora es cuando llegó el giro de acontecimientos que demuestra que el hambre está siendo el peor enemigo de Supervivientes 2026. María Lamela le propuso quedarse directamente sin pelo por una llamada de su novio y recuperar la dotación de arroz y lentejas que la dirección de Supervivientes le quitó hace unas semanas tras robar al equipo. Y aquí es cuando Claudia dijo que naranjas de la China. Su novio la quiere y le da igual hablar con él, y la dotación no la necesita porque sus compañeros ya comparten con ella su arroz y sus lentejas. Supervivientes hizo lo que correspondía: alargar el espectáculo hasta este martes, pero o le ofrecen a Claudia otra suculenta recompensa o no se quita ni un ápice más de pelo.
No fue la única. Ivonne Reyes era otra de las que terminaba «La mesa de las tentaciones» con un nuevo look, pero primero iba a enfrentarse a otro dilema. La concursante confesaba que «tiene mucha hambre» y no dudaba en coger la penitencia, «estar a las órdenes de su nominado hasta el jueves», que en su caso era Gerard Arias.
«Por unas tajadas con queso y doble de arepas te cortas veinte centímetros de tu pelo», le ofrecía la presentadora, algo con lo que la superviviente se mostraba dubitativa: «Voy a parecer un champiñón, es mucho, voy a estar horrorosa».
Aunque, finalmente, iba a terminar aceptando cortarse estos veinte centímetros de pelo y se sentaba en la silla para que María Lamela utilizase la tijera y se diera este cambio de look en la concursante: «No lo he tenido tan corto en años, se me ha ido la pinza». Otra que por comida mata.
El tercer cambio de look de la noche era el de Alvar Seguí de la Quadra-Salcedo. El primer dilema era el de afeitarse el bigote y era por un gran plato de lasaña. «Es una seña de identidad, el bigote lo llevaba mi abuelo y mi padre también», explicaba el concursante y, pese a pensárselo e intentar regatear, terminaba accediendo a este primer dilema: «Lo acepto». Tardó cinco segundos en aceptar.
Por un plato de huevos fritos con patatas, ahora tenía que cortarse quince centímetros de su pelo. «Me hace falta ya un corte de pelo, aunque mi fuerza y mi energía las saco también de mis cabellos», aseguraba el superviviente para acabar aceptando en cuestión de segundos este trato. Eso sí, por recuperar su cuaderno viajero, ni medio pelo.
Alba Paul, tres cuartos de lo mismo. Supervivientes le ha ofrecido un espectacular pollo asado con patatas a la novia de Dulceida a cambio de perder la mitad de su saco. Alba no lo ha dudado y, automáticamente, ha quitado seis prendas de su saco para ganarse ese plato que tanto ha degustado en España y al que no podía decir que no. María Lamela le ha ofrecido esta vez una boloñesa (además del ya pollo con patatas que tenía) a cambio de perder, esta vez, su saco completo.
Tras un momento de negociación entre Alba Paul y María Lamela, la concursante ha aceptado. Pero lejos de acabar ahí, María Lamela le ha sumado otro pollo con patatas a todo lo que ya tenía a cambio de que se cortara 10 centímetros de su pelo. Y no solo eso: la concursante se debía bañar -además- en una piscina de agua muy fría si quería conseguir ese otro pollo. Alba Paul ha aceptado y ha procedido a cortarse el pelo esos 10 centímetros y, posteriormente, se ha pegado el baño en la piscina congelada. ¿Qué hubiera hecho Alba Paul si en lugar de pollo con patatas le hubieran tentado con una llamada? Ya se lo digo yo: nada. Cuando el hambre aprieta…
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