El francés, con orígenes en Almería, se estrenó como seleccionador en un equipo que cosechaba fracasos desde 2018. En este torneo ha sabido domar los egos de un vestuario roto Leer El francés, con orígenes en Almería, se estrenó como seleccionador en un equipo que cosechaba fracasos desde 2018. En este torneo ha sabido domar los egos de un vestuario roto Leer
Antes del partido ante Senegal, la Federación Belga preparó un encuentro de Rudi García (Nemours, 1964) con algunos periodistas, más íntimo que una rueda de prensa. En un momento de la conversación, el entrenador francés con orígenes en Garrucha, un pueblo costero de la provincia de Almería donde aún pasa algunos días en verano, vio una mariquita sobre la mesa de la sala donde estaban reunidos. «Las mariquitas traen suerte, señores. La voy a llevar a la terraza», dijo, rescatándola y ausentándose unos minutos de la sala. Quien crea en los augurios pensará que el seleccionador de Bélgica estaba en lo cierto, porque superó el cruce de dieciseisavos gracias a un polémico penalti en el último minuto del añadido a Youri Tielemans. Rudi García no quiso ni mirar cómo el jugador del Aston Villa lo lanzaba, pero entró. Siguió la victoria ante Estados Unidos, incluso a pesar de Donald Trump y sus maniobras ante la FIFA, y ahora espera el cruce de cuartos contra España.
No se antojaba fácil la tarea de recomponer a Bélgica tras el desastre del Mundial de Qatar, donde de ser semifinalista en Rusia bajo el brillo de la llamada Generación Dorada, pasó a no superar la fase de grupos tras un turbulento periodo de problemas entre los líderes que, por ejemplo, llevaron a Thibaut Courtois a apartarse. En diciembre de 2022, Roberto Martínez presentó la dimisión y los resultados de su sustituto Domenico Tedesco fueron igual de decepcionantes: Bélgica cayó en octavos de final de la Eurocopa ante Francia con un gol en propia puerta de Jan Vertonghen en el minuto 85. Además, tampoco se recompusieron las relaciones rotas entre el grupo de jugadores.
Rudi García no tenía experiencia en selecciones, pero aceptó el reto de reconstruir una selección que nunca cumplió con las expectativas después de un breve paso por el Nápoles y una mala experiencia en el Al Nassr. En Arabia, señalar a Cristiano Ronaldo por fallar una ocasión y la rebelión de todo el vestuario contra su forma de juego le costó el puesto a uno de los únicos cuatro entrenadores que han desafiado la tiranía del PSG en la Ligue 1 en los últimos 15 años. En su caso, con el Lille en 2011.
Fue campeón de Liga, de la Copa de Francia y el juego de aquel equipo, en el que militaba el belga Eden Hazard en su mejor momento, era tan vistoso que le apodaron el Barça del Norte. Después llegaron la Roma, el Olympique de Marsella -con el que perdió la final de la Europa League en 2018 contra el Atlético de Madrid- o el Lyon. En todos los equipos, García consiguió resultados dignos, peleó las competiciones y consiguió clasificaciones europeas, pero no logró ser campeón.
Sabía el técnico francés en el avispero que se metía al coger las riendas de los Diablos Rojos, pero trazó y encontró su fórmula. Consiguió una clasificación para este Mundial sin perder un solo partido, con cinco victorias y tres empates, y el ascenso de nuevo a la Liga A de la Nations League, donde comenzará a competir a finales de septiembre, emparejada con Francia, Italia y Turquía.
Para esa resurrección, lo primero que hizo fue iniciar una renovación generacional en la que necesitaba ir convenciendo a los pesos pesados de que eran importantes, pero el futuro ya no pasaba por ellos. Para abrir la puerta al protagonismo a Mechele, Raskin o Lukebakio, De Ketelaere o Diego Moreira, involucró a los veteranos -«no consiento que digan ex estrellas», advirtió el seleccionador- en un «consejo de sabios» donde escucha lo que tienen que decir Courtois, De Bruyne, Lukaku, Meunier o Witsel, sin que eso impida que más de uno se quede en el banquillo.
La razón la desveló Tielemans, uno de los futbolistas belgas más en forma en el torneo: «Rudi García explica las razones por las que cada uno tiene un papel en la selección que cumplir». «Hay que ser honesto y transparente con los jugadores», admite el entrenador. Por eso De Bruyne o Lukaku han aceptado algunas suplencias en partidos clave.
El francés incluso ha logrado imponer una tregua en esta concentración y trata de lidiar con algún rescoldo de rencillas que colea, como el que protagonizaron Tielemans y Trossard abiertamente ante Senegal. «Los jugadores tienen derecho a no estar de acuerdo. No sé por qué discutían, pero me gusta; necesitamos esa garra en el campo. Cuando me hice cargo del equipo hace 18 meses, pensaba que eran muy buenos con el balón, pero no lo bastante agresivos. Seremos un mejor equipo si mantenemos esta actitud», recondujo el entrenador que, en la fase de grupos respaldó la marcha a Londres de Doku, una de sus estrellas, por su paternidad. También dejó que el mundo alzara la voz contra la decisión de la FIFA de levantar el castigo a Folarin Balogun.
Lo que Rudi García ha conseguido es que todos sus futbolistas enfilen la mirada hacia un único objetivo que, en apenas una semana, les ha llevado hasta los cuartos de final, fase que no alcanzaban desde Rusia 2018, cuando acabaron en tercera posición. «Hay que distinguir entre objetivo y ambición. El objetivo es ser primeros de grupo y tener un cruce fácil», adelantó al inicio del torneo. Lo primero lo consiguió sobre la bocina y el pase a octavos también. Ahora ha pedido a sus Diablos Rojos un plus de ambición.
En su país se ha viralizado una frase de aliento que compendia cómo este equipo, sin hacer ruido, ha avanzado en los cruces: «Cuidado con Bélgica». Se basa no sólo en los resultados de este torneo, sino en el camino que le ha traído hasta este duelo frente a España. La selección belga está invicta en sus últimos 18 partidos, desde el 20 de marzo de 2025, cuando cayó por 3-1 contra Ucrania en el debut de Rudi García. Desde entonces suma 12 victorias y seis empates, con tres triunfos seguidos en Estados Unidos, tras imponerse sucesivamente a Nueva Zelanda (1-5), Senegal (3-2) y al equipo dirigido por Mauricio Pochettino (1-4), con un total de 12 goles en esas tres jornadas.
Aunque Bélgica no gana a España desde la Eurocopa de 1980, sí que la eliminó en la tanda de penaltis de los cuartos del Mundial de México en 1986. Fue Eloy Olaya quien falló ese segundo penalti ante Jean-Marie Pfaff, que dejó a la selección a las puertas de una semifinales, un listón inamovible hasta 2010 en Sudáfrica, cuando alzó el título por primera vez en su historia. Se agarran los belgas a aquel recuerdo de Puebla y Rudi García a la mariquita, a ver si le vuelve a dar suerte.
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