La española, octava a falta de tres pruebas en el heptatlón del Europeo, lucha por volver a ser la promesa que fue tras romperse el Aquiles en 2024. Leer La española, octava a falta de tres pruebas en el heptatlón del Europeo, lucha por volver a ser la promesa que fue tras romperse el Aquiles en 2024. Leer
Todavía resuenan sus gritos, sus lágrimas, como un dolor inseparable, una puñalada al atletismo español. «¡Por favor, otra vez no, por favor!», cuando ya sabía lo peor, la rotura de su tendón de Aquiles cuando se aprestaba a ejecutar uno de sus saltos del concurso de altura en el Mundial indoor de Glasgow, peleando por el trono. Fue hace dos años y no era la primera lesión grave de María Vicente, ese fenómeno adolescente, campeona del mundo juvenil en 2017 en heptatlón. La especialidad en la que estos días en Birmingham lucha contra las mejores de Europa, en su eterno volver, infatigable.
La María actual es su enésima reinvención. Poco queda de aquella niña de L’Hospitalet que cambió el ballet por el atletismo para amontonar récord y promesas, para convivir desde temprano con la fama y las expectativas. También con el dolor. Ahora luce 25 años y madurez. Y paciencia. Le ha costado más de dos años ser ella tras el paso por el quirófano y la rehabilitación. Perderse unos Juegos. Una primer aproximación el año pasado en el Mundial de Tokio (12º). Otro parón este invierno, con molestias. Aunque en el reciente Campeonato de España volvió a lucir oro en el duelo que promete con la madrileña, campeona universitaria en EEUU, Sofía Cosculluela.
Anoche en el Alexander Stadium, completadas cuatro de las siete pruebas del heptatlón (100m vallas, salto de altura, lanzamiento de peso y 200 metros; para hoy le quedan el salto de longitud, el lanzamiento de jabalina y los 800 metros), la catalana marchaba octava, 1.009 puntos, 86 por encima de su propio récord de España.
Por la mañana comenzó de manera excelente –13.38 en los 110 metros vallas, su mejor marca de la temporada-. En la altura no pudo con el 1.80. También le costó arrancar la tarde en el peso (13,09 metros). «Me he ido a echar la siesta, me he relajado de más y me ha faltado activación. No he disfrutado», reconocía. Aunque después… «he sacado la rabia en el 200». 23.71 segundos, ganadora de su serie. «Una de cal y otra de arena. Es difícil que te salgan las siete pruebas bien», concluía.
Satisfecha, «contenta, bien», aunque ahora haya cambiado, de momento, el objetivo. Ahora lo que toca es volver a disfrutar, saberse lejos de las medallas, quizá acercarse a su marca personal, el récord de España (6.304 puntos) que ya cumplió cinco años. Y alejarse, sobre todo, de los dolores. De los fantasmas.
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