Ucrania ha autorizado la producción en serie de Firefly, un kit de guiado desarrollado en el país para convertir bombas lanzadas desde drones pesados en municiones de precisión. El sistema ya ha sido probado con algunos de los principales drones bombarderos empleados por las fuerzas ucranianas y está pensado para atacar trincheras, refugios excavados y otras fortificaciones rusas desde una altura de hasta 800 metros, según informa Forbes.
El precio anunciado de 240 dólares, unos 210 euros, no corresponde a la bomba completa. Esa cantidad cubre únicamente el kit de guiado que se acopla a una munición de entre 0,9 y 9 kilogramos. El cuerpo explosivo, la espoleta y el resto de los elementos necesarios para completar el arma se pagan por separado.
Imágenes difundidas muestran una bomba sin motor que cae por efecto de la gravedad y modifica su trayectoria mediante varias superficies aerodinámicas. El kit, además de las aletas o superficies aerodinámicas, los sensores inerciales, los actuadores, la fuente de alimentación y el mecanismo de acoplamiento a la bomba, incluye un sistema de control de vuelo capaz de calcular la trayectoria después del lanzamiento y mover las superficies necesarias para corregir el rumbo hacia el objetivo.
Esta capacidad permite compensar parte de los errores provocados por el viento, el movimiento del dron o un lanzamiento realizado antes o después del punto adecuado. En las bombas convencionales, el operador debe calcular con precisión cuándo soltarlas teniendo en cuenta la altura, la velocidad del aparato y las condiciones meteorológicas. Firefly traslada buena parte de ese trabajo a la propia munición.
El fabricante asegura que el error de impacto se sitúa entre 0,6 y 2,13 metros. Una precisión de ese nivel sería suficiente para alcanzar posiciones pequeñas como la entrada de un refugio, un puesto de tiro o el techo de una trinchera cubierta. Los datos, sin embargo, no han sido verificados de forma independiente ni se han publicado los resultados detallados de las pruebas.
El método exacto de guiado no se conoce. El Ministerio de Defensa ucraniano sostiene que Firefly puede corregir su trayectoria y mantener la precisión en presencia de sistemas de guerra electrónica, pero no aclara si utiliza navegación por satélite, designación láser, reconocimiento de imágenes o una combinación de varias tecnologías.
La principal ventaja del sistema es que reduce el tiempo durante el cual el dron debe permanecer directamente sobre el objetivo. Los bombarderos multirrotor suelen lanzar bombas no guiadas desde una posición casi vertical, lo que los obliga a acercarse a las defensas enemigas y, en ocasiones, a mantenerse suspendidos mientras el operador corrige la posición. Con Firefly, el lanzamiento puede realizarse desde mayor altura y potencialmente desde una posición desplazada. El dron puede iniciar la retirada mientras la bomba completa por sí misma la aproximación final.
Firefly está diseñado para drones pesados como Vampire, Kazhan y Nemesis, capaces de transportar entre 10 y 40 kilogramos. Ucrania no ha revelado qué cargas explosivas podrán utilizarse. Este aspecto es importante porque una bomba de fragmentación puede resultar eficaz contra soldados situados en una trinchera abierta, mientras que un refugio cubierto suele requerir un impacto directo, una cantidad suficiente de explosivo y una espoleta capaz de detonar después de penetrar en la estructura. Sin una cabeza penetrante diseñada para ello, no puede darse por hecho que Firefly sea capaz de atravesar fortificaciones gruesas de hormigón armado.
Los desarrolladores calculan que la producción podría alcanzar las 10.000 unidades al mes. Ese ritmo equivaldría a unas 120.000 al año y supondría un gasto de 28,8 millones de dólares solo en kits de guiado. A esa cantidad habría que añadir el coste de las bombas, las espoletas, los equipos de integración, el transporte y los controles de calidad.
El sistema Firefly convierte bombas de hasta nueve kilogramos en municiones guiadas capaces de corregir su trayectoria tras el lanzamiento
Ucrania ha autorizado la producción en serie de Firefly, un kit de guiado desarrollado en el país para convertir bombas lanzadas desde drones pesados en municiones de precisión. El sistema ya ha sido probado con algunos de los principales drones bombarderos empleados por las fuerzas ucranianas y está pensado para atacar trincheras, refugios excavados y otras fortificaciones rusas desde una altura de hasta 800 metros, según informa Forbes.
El precio anunciado de 240 dólares, unos 210 euros, no corresponde a la bomba completa. Esa cantidad cubre únicamente el kit de guiado que se acopla a una munición de entre 0,9 y 9 kilogramos. El cuerpo explosivo, la espoleta y el resto de los elementos necesarios para completar el arma se pagan por separado.
Imágenes difundidas muestran una bomba sin motor que cae por efecto de la gravedad y modifica su trayectoria mediante varias superficies aerodinámicas. El kit, además de las aletas o superficies aerodinámicas, los sensores inerciales, los actuadores, la fuente de alimentación y el mecanismo de acoplamiento a la bomba, incluye un sistema de control de vuelo capaz de calcular la trayectoria después del lanzamiento y mover las superficies necesarias para corregir el rumbo hacia el objetivo.
Esta capacidad permite compensar parte de los errores provocados por el viento, el movimiento del dron o un lanzamiento realizado antes o después del punto adecuado. En las bombas convencionales, el operador debe calcular con precisión cuándo soltarlas teniendo en cuenta la altura, la velocidad del aparato y las condiciones meteorológicas. Firefly traslada buena parte de ese trabajo a la propia munición.
El fabricante asegura que el error de impacto se sitúa entre 0,6 y 2,13 metros. Una precisión de ese nivel sería suficiente para alcanzar posiciones pequeñas como la entrada de un refugio, un puesto de tiro o el techo de una trinchera cubierta. Los datos, sin embargo, no han sido verificados de forma independiente ni se han publicado los resultados detallados de las pruebas.
El método exacto de guiado no se conoce. El Ministerio de Defensa ucraniano sostiene que Firefly puede corregir su trayectoria y mantener la precisión en presencia de sistemas de guerra electrónica, pero no aclara si utiliza navegación por satélite, designación láser, reconocimiento de imágenes o una combinación de varias tecnologías.
La principal ventaja del sistema es que reduce el tiempo durante el cual el dron debe permanecer directamente sobre el objetivo. Los bombarderos multirrotor suelen lanzar bombas no guiadas desde una posición casi vertical, lo que los obliga a acercarse a las defensas enemigas y, en ocasiones, a mantenerse suspendidos mientras el operador corrige la posición. Con Firefly, el lanzamiento puede realizarse desde mayor altura y potencialmente desde una posición desplazada. El dron puede iniciar la retirada mientras la bomba completa por sí misma la aproximación final.
Firefly está diseñado para drones pesados como Vampire, Kazhan y Nemesis, capaces de transportar entre 10 y 40 kilogramos. Ucrania no ha revelado qué cargas explosivas podrán utilizarse. Este aspecto es importante porque una bomba de fragmentación puede resultar eficaz contra soldados situados en una trinchera abierta, mientras que un refugio cubierto suele requerir un impacto directo, una cantidad suficiente de explosivo y una espoleta capaz de detonar después de penetrar en la estructura. Sin una cabeza penetrante diseñada para ello, no puede darse por hecho que Firefly sea capaz de atravesar fortificaciones gruesas de hormigón armado.
Los desarrolladores calculan que la producción podría alcanzar las 10.000 unidades al mes. Ese ritmo equivaldría a unas 120.000 al año y supondría un gasto de 28,8 millones de dólares solo en kits de guiado. A esa cantidad habría que añadir el coste de las bombas, las espoletas, los equipos de integración, el transporte y los controles de calidad.
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