El Papa llama a “ver a quienes son invisibilizados” en un centro de ayuda a migrantes de París

El Papa ha iniciado este sábado, segundo día en París de su viaje a Francia, con una visita a un centro de ayuda a migrantes en el distrito XVIII de la ciudad, uno de los que cuentan con mayor presencia de extranjeros. El acto central del día será a las tres de la tarde, una misa en la plaza de la Concorde a la que se espera que asistan 600.000 personas. Después volará hasta Lourdes, siguiente etapa de este viaje de cuatro días.

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 León XIV celebrará esta tarde una misa multitudinaria en plaza de la Concorde en la que se prevé la asistencia de 600.000 personas  

El Papa ha iniciado este sábado, segundo día en París de su viaje a Francia, con una visita a un centro de ayuda a migrantes en el distrito XVIII de la ciudad, uno de los que cuentan con mayor presencia de extranjeros. El acto central del día será a las tres de la tarde, una misa en la plaza de la Concorde a la que se espera que asistan 600.000 personas. Después volará hasta Lourdes, siguiente etapa de este viaje de cuatro días.

La visita a la Maison Bakhita, abierta en 2021 para ayudar a integrarse a migrantes, ha sido un gesto significativo en pleno auge del Reagrupamiento Nacional (RN), el partido de ultraderecha de Marine Le Pen, pero, no obstante, León XIV no ha tenido palabras tan directas y contundentes como las que empleó en España en junio con la misma cuestión y en varias ocasiones.

Una vez más, como ya ocurrió el día anterior, ha dado la sensación de que esta vez el Papa no quiere entrometerse demasiado en el convulso debate político de Francia, ante las elecciones presidenciales de 2027. También denota que se mueve con cautela en un país donde la laicidad es un pilar republicano y se considera la religión un asunto de la esfera privada, que debe estar fuera de la pública. De hecho, este fue uno de los asuntos que abordó el viernes nada más aterrizar en Francia.

Esta mañana, en el discurso de la casa Bakhita, había que leer entre líneas y fijarse en frases puntuales. Por ejemplo, el Papa nunca ha pronunciado la palabra “inmigración” o “inmigrante”, ni siquiera “extranjero”. En una pequeña sala del centro, ante los profesionales, voluntarios y las personas que lo frecuentan, el Pontífice ha invitado a “ver a quienes son invisibilizados, a liberar a quienes la economía y la cultura reducen hoy a la esclavitud, a honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermana”. “La historia de la Iglesia y de la humanidad, si la observamos más de cerca, no la escriben quienes dan la impresión de vencer al imponerse y ocupar el espacio, sino quienes hacen espacio, establecen procesos de paz, generan confianza y fomentan la vida”, ha advertido.

León XIV ha pronunciado estas palabras en un breve discurso en el centro dedicado a Josefina Bakhita, nombre de una santa sudanesa y símbolo de la lucha contra la esclavitud, porque ella misma fue esclava. Falleció en 1947 y fue canonizada en 2000 por Juan Pablo II. El Papa ha mencionado su figura, “que invita a reconocer el papel fundamental de las mujeres en la construcción de una civilización del amor, como alternativa a la cultura que desintegra a las comunidades y enferma de soledad a las ciudades”.

Este lugar atiende a unas 150 personas al día, la mayoría procedentes de África subsahariana y de religión musulmana, para ayudarles a abrirse camino. Se dan clases de francés y cursos de formación, como sastrería o carpintería. Desde que se abrió en 2021 ha prestado asistencia a 2.500 personas.

El centro representa el trabajo, muchas veces silencioso y que aparece poco en los medios, de la Iglesia católica con los más débiles, como otras 45 asociaciones de caridad que hay en la diócesis de París. Con su visita de apenas una hora, el Pontífice ha hecho que las cadenas de televisión francesas se conectaran en directo, y más que a él, escucharan el testimonio de algunos de esos extranjeros a los que el centro ha prestado apoyo. Como Meysam, de 35 años, que llegó de Afganistán en 2015. Ha contado que en su país era sastre y llegó a la Maison Bakhita por los cursos de francés. “En la vida nunca hay que rendirse. Cada vez que he estado a punto de tirar la toalla, siempre he encontrado a alguien que me ha tendido la mano y me ha permitido seguir adelante a pesar de todo. (…) Hace unos meses me concedieron el estatuto de refugiado. He encontrado un trabajo. Ahora tengo confianza en la vida y en mi futuro”, ha relatado.

Otro testimonio emotivo ha sido el de una mujer extranjera llamada Blessing, de 31 años, que no ha sido enfocada por las cámaras por respeto a su privacidad. Ha dicho que cuando llegó a Francia se vio obligada “a hacer cosas que no quería hacer” y que aún le duele recordarlo. Hasta que entró en contacto con una de las asociaciones católicas de ayuda a migrantes y que colaboran con el centro: ahora tiene papeles y trabaja en un restaurante. Una de esas asociaciones es Aux Captifs, la Libération (A los cautivos, la liberación), que busca personas que viven en la calle o trabajan en la prostitución para darles una salida. La otra es A Bras Ouverts (Con los brazos abiertos), que organiza actividades los fines de semana para personas con discapacidades.

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