«El pueblo está rodeado por llamas de 30 metros y estamos abandonados de Dios»: el agónico relato de un vecino acorralado por el fuego en Ávila

El infierno se había instalado a veinticinco o treinta metros de su casa. Ángel, un vecino de Casavieja, en la provincia de Ávila, describió la noche del sábado como una de las más aterradoras de su vida.

Las llamas, que según su testimonio alcanzaban hasta treinta metros de altura, rodeaban el casco urbano mientras los residentes sentían que se habían quedado completamente solos frente al avance del fuego. La angustia asomaba en cada palabra que pronunció en directo durante su intervención en el programa laSexta Xplica.

«Esto da miedo»

El relato de Ángel no dejó lugar a la interpretación. Con la voz entrecortada, explicó que las lenguas de fuego devoraban la arboleda a escasos metros de su vivienda. «Yo vivo a cincuenta metros de donde están las llamas. Se están quemando aquí unos árboles y esto da miedo», confesó. Su testimonio describía una situación de cerco total: «Está todo el pueblo rodeado de fuego y estamos abandonados de Dios, porque aquí no hay nadie«.

La desesperación se acentuaba por la falta de información. Mientras el resplandor anaranjado iluminaba el horizonte, los vecinos se movían entre la incertidumbre y la urgencia. Nadie les decía qué estaba pasando ni qué debían hacer. Ángel tomó una decisión instintiva para proteger lo poco que podía resguardar: metió los dos coches que tenía en el garaje, temiendo que el incendio los alcanzara en cuestión de minutos.

Una noche eterna sin saber qué hacer

Conforme avanzaban las horas, la sensación de abandono se hacía más profunda. El hombre insistió en que los residentes no estaban «recibiendo ninguna información» y vaticinó que «la noche va a ser larga».

La impotencia se mezclaba con el miedo al ver cómo las llamas, que describió como «impresionantes», se aproximaban peligrosamente a las casas. «Tengo las llamas a veinticinco o treinta metros en línea recta», repetía, como si necesitara que alguien desde fuera comprendiera la magnitud de lo que estaban viviendo.

 Un residente de Casavieja narró en laSexta Xplica el pánico que se vive en la localidad abulense mientras las lenguas de fuego alcanzan dimensiones colosales y los habitantes aseguran no recibir auxilio ni comunicación oficial  

El infierno se había instalado a veinticinco o treinta metros de su casa. Ángel, un vecino de Casavieja, en la provincia de Ávila, describió la noche del sábado como una de las más aterradoras de su vida.

Las llamas, que según su testimonio alcanzaban hasta treinta metros de altura, rodeaban el casco urbano mientras los residentes sentían que se habían quedado completamente solos frente al avance del fuego. La angustia asomaba en cada palabra que pronunció en directo durante su intervención en el programa laSexta Xplica.

«Esto da miedo»

El relato de Ángel no dejó lugar a la interpretación. Con la voz entrecortada, explicó que las lenguas de fuego devoraban la arboleda a escasos metros de su vivienda. «Yo vivo a cincuenta metros de donde están las llamas. Se están quemando aquí unos árboles y esto da miedo», confesó. Su testimonio describía una situación de cerco total: «Está todo el pueblo rodeado de fuego y estamos abandonados de Dios, porque aquí no hay nadie«.

La desesperación se acentuaba por la falta de información. Mientras el resplandor anaranjado iluminaba el horizonte, los vecinos se movían entre la incertidumbre y la urgencia. Nadie les decía qué estaba pasando ni qué debían hacer. Ángel tomó una decisión instintiva para proteger lo poco que podía resguardar: metió los dos coches que tenía en el garaje, temiendo que el incendio los alcanzara en cuestión de minutos.

Una noche eterna sin saber qué hacer

Conforme avanzaban las horas, la sensación de abandono se hacía más profunda. El hombre insistió en que los residentes no estaban «recibiendo ninguna información» y vaticinó que «la noche va a ser larga».

La impotencia se mezclaba con el miedo al ver cómo las llamas, que describió como «impresionantes», se aproximaban peligrosamente a las casas. «Tengo las llamas a veinticinco o treinta metros en línea recta», repetía, como si necesitara que alguien desde fuera comprendiera la magnitud de lo que estaban viviendo.

 Noticias de Sociedad en La Razón

Noticias Similares