Francia contiene el aliento ante una nueva jornada de protestas

Francia, o al menos una gran parte del país, la que sufrió las consecuencias de las salvajes protestas del sábado 17 de octubre, contiene el aliento ante una nueva jornada de grandes movilizaciones. El Gobierno ha prohibido las marchas en la mayoría de grandes ciudades como Marsella, Lyon o Lille. Pero en París, donde los sindicatos han apoyado la protesta, una manifestación ha empezado a recorrer la ciudad a partir de las 14.00, y volverá a confluir la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos o funcionarios que protestan por el deterioro de la educación pública y el precio de la vida.

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 El Gobierno, que ha prohibido las manifestaciones en la mayoría de ciudades, ha desplegado 70.000 efectivos para evitar nuevos incidentes en París  

Francia, o al menos una gran parte del país, la que sufrió las consecuencias de las salvajes protestas del sábado 17 de octubre, contiene el aliento ante una nueva jornada de grandes movilizaciones. El Gobierno ha prohibido las marchas en la mayoría de grandes ciudades como Marsella, Lyon o Lille. Pero en París, donde los sindicatos han apoyado la protesta, una manifestación ha empezado a recorrer la ciudad a partir de las 14.00, y volverá a confluir la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos o funcionarios que protestan por el deterioro de la educación pública y el precio de la vida.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, advirtió el viernes de que el nivel de amenaza en Francia por las manifestaciones seguía siendo “elevado” por elementos de “ultraizquierda”, tras los disturbios y actos vandálicos registrados hace una semana. “La vigilancia también se centrará en la delincuencia porque aprovecha los disturbios”, alertó Lecornu en Limoges, en el suroeste del país, donde acudió a conocer de primera mano los daños registrados en el incendio del Ayuntamiento de la ciudad el pasado sábado.

El jefe del Gobierno aseguró que han extraído las lecciones de los disturbios del pasado sábado y adaptarán el dispositivo policial para evitar que se repita con 70.000 agentes, reforzados por el ejército (no ocurría desde 2019, cuando se produjeron las protestas de los chalecos amarillos). Más de 3.000 comercios fueron saqueados impunemente, edificios públicos, como el Ayuntamiento de Limoges fueron destruidos por las llamas y el ministro del Interior, Laurent Nuñez, tuvo que admitir lo evidente: perdieron el control de la situación, pese a que hubo unos 2.400 detenidos.

París, una de las pocas ciudades donde los sindicatos han logrado que se autorizara la marcha, ha cerrado 24 estaciones de metro desde las 9.00. Los comercios están cerrados a cal y canto y sus propietarios los han vaciado. “Hemos metido la mercancía en una maleta y se la hemos dado a algunos vecinos”, explica Marine, propietaria de una tienda de bisutería a pocos metros de la plaza de la República. Esta vez el recorrido, decisión del viernes a última hora, irá de la plaza de Italia hasta la puerta de Vincennes y no comenzará en la plaza de Bastilla. Un cambio que genera más inseguridad a vecinos, comerciantes y manifestantes, que ya se habían organizado para el recorrido anterior.

Macron se reunió el viernes por la tarde en el Palacio del Elíseo, durante dos horas y media, con una delegación de estudiantes. Fueron 150 minutos estériles, según sus representantes, que a la salida reiteraron que “la movilización constante” es “la única manera de lograr un progreso concreto”. “Nosotros hablamos de la derogación del Parcoursup [procedimiento de acceso a la educación superior], y él responde con una reforma total. Grandes promesas, palabras vacías”, señaló el responsable de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, Ryad Rani.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, se reunirá de nuevo con los estudiantes el lunes para anunciar otras medidas. Pero las cuentas públicas no permiten grandes filigranas. La agencia de calificación de deuda mantuvo la nota Aa3 a Francia el viernes por la noche con una perspectiva negativa hasta que se aclare la situación de tensión en la calle. Pero el Banco de Francia modificó hace apenas unos días su previsión de crecimiento para 2026 hasta una horquilla de entre el 0,4% y el 0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y elevó su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año, casi un punto porcentual más de lo calculado meses atrás. La propia entidad admite que esa atonía económica, combinada con el encarecimiento de la deuda, empujará el déficit público al 5,2% del PIB en 2026, una décima más que en 2025. La inflación interanual ya se situó en agosto en el 2,4%, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido casi un 17% en el último año.

Un clima de tensión extremo. El Ejecutivo teme que los disturbios puedan alcanzar su máxima expresión hoy en Orleans, la burguesa ciudad de las orillas del Loira donde el ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN) tiene previsto un congreso para lanzar la candidatura al Elíseo de su líder, Marine Le Pen.

Una cita que atraejo a la ciudad a 130 kilómetros al sur de París a unos 30.000 militantes antifascistas para protestar contra la favorita de los sondeos, que cuenta con ser aclamada por los 10.000 militantes a los que ha dado cita. A las 12.30, según la prefectura había unas 11.000 desfilando en la marcha.

Las autoridades temen que unos 3.000 individuos violentos se mezclen entre los manifestantes y provoquen actos violentos, sobre todo el domingo, cuando la Prefectura ha negado la autorización a la manifestación convocada contra el gran mitin de Le Pen.

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