La barrabasada de Supervivientes que provocó la huida de plató de una madre

La mesa de las penintencias ha cruzado una línea que una madre, la de Claudia, no pudo soportar. Mientras a otros supervivientes se les cortó 5 centímetros de pelo y un baño de agua fría por ropa y lasaña, a Claudia y a Maica se las llevó hasta el límite del límite Leer La mesa de las penintencias ha cruzado una línea que una madre, la de Claudia, no pudo soportar. Mientras a otros supervivientes se les cortó 5 centímetros de pelo y un baño de agua fría por ropa y lasaña, a Claudia y a Maica se las llevó hasta el límite del límite Leer  

¿Es de recibo llevar al límite a una persona que lleva meses pasando hambre? Si ocurre en Supervivientes y es en la mesa de las penitencias, tal vez se pueda justificar si es con todos y no solo con unos pocos. Esto es lo que sucedió anoche con Claudia y con Maica en Supervivientes: En Tierra de Nadie y esto es lo que provocó que la madre de la primera no lo soportase más y huyera del plató ante el sufrimiento de su hija y la tesitura a la que le llevó Supervivientes.

Todo parte del domingo cuando en Supervivientes: Conexión Honduras se abrió la legendaria mesa de las penitencias en la que el programa ofrece comida y otros beneficios a los supervivientes a cambio de uno o varios sacrificios. Lo gracioso o lo que más espectáculo provoca la mesa de las penitencias es ver hasta dónde una persona es capaz de llegar por comida. Ya el domingo Claudia llegó más lejos que muchos. Se cortó el pelo por debajo de la oreja por tarta y lasaña, pero hubo una oferta más: poder hablar con su novio si se cortaba el pelo al máximo. Supervivientes estiró el chicle hasta anoche cuando Claudia tenía que tomar la decisión, mientras sometía a Maica, a Gerard y a Soto a sus penitencias, después de que el domingo no diese tiempo.

La mesa de las penitencias ha provocado que Maica haya pasado estos dos días viviendo en una angustia constante, consciente de que el sacrificio que le iba a pedir el programa pasaba por su pelo. Empezó por 15 centímetros, siguió por otros cinco más y llegó hasta los 40. De una melena que rozaba el final de la espalda a un corte de pelo a la altura del final del cuello. A cambio, Maica pudo coger cinco prendas de su maleta, lavar su ropa, una cesta de pan y bollería, una crema de cacao y otra de pistacho. A cambio, los espectadores vivieron más de dos horas de sufrimiento, de tortura, de llanto, de mechones de pelo cortado en manos de Maica. Y a Dios gracias que en esta edición está María Lamela que corta el pelo con un cuidado que ni Llongueras, porque no me quiero imaginar los cortes de anoche y del domingo en manos de Laura Madrueño, que cogía las tijeras como si fuera a podar los setos de El Retiro.

Sin embargo, si lo de Maica ya fue una pasada, lo de Claudia cruzó todos los límites posibles en el sufrimiento de una persona, sobre todo porque las penitencias de Claudia y Maica están muy alejadas de las del resto de sus compañeros. ¿Cuántos centímetros de pelo se cortó Alba Paul por recuperar su saco y por una lasaña? Al loro, 5 centímetros de una melena por debajo de la mitad de la espalda. Pero no es solo la penitencia y el premio a cambio de ella, es que con el resto de compañeros fue una mesa y santas pascuas, con Claudia fue el ir un poquito más, y otro poquito más y otro poquito más hasta que Claudia chocó la mano de María Lamela. El pacto de Fausto con el diablo: cortarse el pelo lo máximo a cambio de media hamburguesa para ella y otra media para Maica, hablar 10 minutos con su novio, un bote de crema de cacao y una cesta de pan.

La recompensa es suculenta, y el pelo, al final, es pelo. Es decir, es reversible porque el pelo a Claudia le volverá a crecer. La historia aquí está en por qué con unos tantos y con otros tan pocos. Pues ya te lo digo yo, porque el juego que dan Claudia y Maica no lo da ninguno. Porque la entrega, para bien y para mal, de estas dos concursantes a Supervivientes es de tal magnitud que si hay que cortarse 40 centímetros de pelo para dar espectáculo; y si hay que casi raparse para entretener, pues se hace. De ahí que a otros les pidieran lo justo y necesario para que todos pasasen por la mesa de la penitencia, y a Claudia y Maica se les dedicase prácticamente dos programas enteros en esta tortura de elegir entre tu pelo y la comida.

Pero claro, esto es como lo ve el que es espectador de Supervivientes, el que es familiar de Claudia lo ve como un castigo injusto, como una barrabasada, como una situación completamente desequilibrada. Y así es como lo vivió y lo sufrió la madre de Claudia desde el plató, la cual no pudo soportar ver a su hija en esta tesitura y decidió abandonar el plató mientras su hija se derrumbaba y pedía más cosas a la dirección de Supervivientes a cambio de su pelo. «¿Quieres espectáculo? Yo te lo doy, pero a mí me das más».

Claudia pedía la hamburguesa, la llamada con su novio y que la semana que viene le dieran una tortilla de patata y torrijas porque, tal y como contó ella misma, no se podía comer todo eso de una tirada porque se iba a poner mala, «de hecho, ya estoy mala», le decía a María Lamela.

«No se puede negociar más. Me dice Poseidón que es la última oferta», se plantaba la presentadora, momento en el que Claudia pedía consejo a sus compañeros: «Es muy difícil, no me decís nada». Pero ellos dejaban la decisión en sus manos: «Es tu pelo, piensa en cómo será tenerlo así de corto». Con lo que la quieren, como para fiarse de lo que le digan.

Y mientras Claudia decidía si vender su pelo al diablo, Julia, su madre, negaba con la cabeza en el plató, se llevaba las manos a la cara, sufría y decidía que no podía más, levantándose y abandonando el programa, mientras detrás de cámaras, un miembro del equipo de Supervivientes la intentaba calmar. Calma tú a una madre cuando está viendo a su hija sufrir.

Fue chocar Claudia la mano de María Lamela y aceptar raparse el pelo este jueves durante la gala de Supervivientes con Jorge Javier Vázquez, y coger Julia la puerta y largarse. «Julia se ha ido porque Claudia ha aceptado raparse el pelo», comunicaba Ion Aramendi a los espectadores. No, perdona, no se iba porque Claudia se fuera a rapar el pelo, se iba porque no podía ver cómo llevaban a su hija al límite, sabiendo que su hija iba a aceptar.

Lo bueno de esto, que igual hoy, ya calmada, la madre de Claudia lo ve así, es que con estas situaciones, Claudia se sigue ganando el apoyo del público. No se sabe si Claudia podría alzarse como ganadora de Supervivientes 2026, pero que es la ganadora moral ya es una realidad. Es la superviviente que más veces ha estado nominada, y es la superviviente a la que el público salva semana tras semana. Anoche otra vez. Y si la salva el público es precisamente por cosas como las de anoche, porque el público ve que a Claudia la rapan el pelo y a otros y otras les dejan tal cual; porque ven que Claudia se lía la manta a la cabeza y con tal de dar espectáculo todo le vale. No será la mejor superviviente, pero que Supervivientes 2026 es Supervivientes gracias a ella es una realidad que nadie puede negar.

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