La ultraderecha de Farage agita el odio en el Reino Unido tras la muerte a puñaladas de un joven a manos de un hombre sij

Un joven blanco apuñalado mortalmente por otro de origen indio y religión sij, en la ciudad portuaria de Southampton, escenario habitual de tensiones raciales. Una daga de 21 centímetros para perpetrar el crimen, el kirpan, que las leyes criminales del Reino Unido contemplan como excepción por el simbolismo religioso que acarrea, y permiten que pueda llevarse encima siempre que permanezca envainada. Un agresor que miente, según se ha probado en el juicio, y que acusa en falso a la víctima de comportamiento racista para justificar sus puñaladas. Unos agentes de policía que cometen la torpeza de esposar a la víctima mientras agoniza en el suelo, incapaz de respirar. Una comunidad dispuesta a saltar a la menor chispa de odio intercultural. Y una extrema derecha que se frota las manos ante el episodio.

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 El agresor, condenado a prisión permanente, acusó falsamente a la víctima de racismo. La ley permite portar dagas por motivos religiosos  

Un joven blanco apuñalado mortalmente por otro de origen indio y religión sij, en la ciudad portuaria de Southampton, escenario habitual de tensiones raciales. Una daga de 21 centímetros para perpetrar el crimen, el kirpan, que las leyes criminales del Reino Unido contemplan como excepción por el simbolismo religioso que acarrea, y permiten que pueda llevarse encima siempre que permanezca envainada. Un agresor que miente, según se ha probado en el juicio, y que acusa en falso a la víctima de comportamiento racista para justificar sus puñaladas. Unos agentes de policía que cometen la torpeza de esposar a la víctima mientras agoniza en el suelo, incapaz de respirar. Una comunidad dispuesta a saltar a la menor chispa de odio intercultural. Y una extrema derecha que se frota las manos ante el episodio.

La muerte de Henry Nowak, de 18 años, en diciembre del año pasado, amenaza con desatar de modo retardado uno de esos estallidos de violencia cada vez más habituales en suelo británico. Un tribunal condenó este lunes a su agresor, Vickrum Digwa, de 21 años, a prisión permanente revisable. El juez no se creyó en ningún momento sus mentiras.

“Has arrastrado a la vergüenza a tu familia, a tu barrio y a tu religión”, acusó el magistrado William Mousley a Digwa antes de pronunciar su sentencia.

La noche fatídica

El 3 de diciembre, Nowak regresaba a su casa después de una fiesta con el equipo de fútbol en el que jugaba. Era de noche en Belmont Road, al noreste de Southampton. El joven estaba enviando constantemente mensajes a sus amigos a través de Snapchat, la red social de uso más común entre los adolescentes británicos. Al encontrarse con Digwa, grabó un vídeo. Podía verse su gran daga, envainada, a la altura del pecho. Sin esconder.

Los sijs portan consigo, desde una edad temprana y como rito iniciático, el kirpan. Es un símbolo de coraje y justicia, nunca un arma ofensiva. Deben usarlo para proteger a los débiles, y es un mandato de su religión. Los sijs han arrastrado siempre fama de valientes y arrojados.

Digwa, sin embargo, no dejaba de repetir en el vídeo “soy una mala persona”, antes de que la grabación se corte.

Es otro vídeo, sin embargo, el que ha provocado la cólera de políticos y ciudadanos. Lo ha hecho público con permiso de la familia de la víctima, una vez concluido el juicio.

Los policías llegan al lugar de los hechos. Nowak agoniza en el suelo. Ha intentado saltar una valla después de recibir las cuchilladas. Dos en las piernas. Otra mortal en el corazón. “Me han apuñalado”, “no puedo respirar”, repite.

A pocos metros de él, Digwa explica a los agentes que ha sido víctima de un ataque racista. Su presunto agresor, que yace en el suelo, esgrime que le ha despojado de un golpe del turbante con que todos los varones sij se cubren la cabeza, le ha estirado del pelo y, como consecuencia del impacto, su ojo izquierdo está algo hinchado. No deja de señalarse el párpado, y los agentes parecen más interesados en corroborar su versión que en atender al joven, que apenas puede tomar aire.

“¿Te han apuñalado? ¿Dónde?”, responde un agente con escepticismo. “No lo creo, colega”, ironiza. A pesar de que una mujer oficial insiste en que deben comprobar si hay heridas de puñal, un agente arrastra con fuerza a Nowak de un brazo, procede a esposarle y le recita de carrerilla sus derechos como detenido.

A los tres minutos, sin embargo, los agentes comprenden la gravedad de la situación y proceden a practicar los primeros auxilios. De nada sirvieron.

“Es un caso absolutamente trágico (…), quiero pedir disculpas por el hecho de que Henry no pudiera ser salvado esa noche. Por el hecho de que fuera esposado y arrestado antes de que perdiera el conocimiento”, ha dicho el subcomisario jefe de la policía de Southampton, Robert France. “Hubo mentiras de su asesino. Mentiras cuando llamó al 999 y más mentiras cuando llegaron los agentes”, ha intentado justificar.

“Mentiras retorcidas”, las ha definido el juez que ha enviado a prisión a Digwa.

“Pedimos al Gobierno que trate todos estos crímenes con arma blanca como una emergencia nacional. Necesitamos soluciones reales, una mayor inversión en políticas preventivas y acciones más firmes para evitar la venta, la propiedad o el acarreamiento de todo tipo de puñales. Este caso demuestra además que necesitamos sentido común a la hora de aplicar la ley”, decía a las puertas del tribunal Mark Nowak, el padre de la víctima.

Tanto la ley de Justicia Criminal de 1998 como la de Armas Ofensivas de 2019 contemplan la excepción religiosa que permite a los sijs portar sus dagas enfundadas.

La Federación Sij del Reino Unido ha querido dejar claro, en un comunicado, su condena ante el uso inapropiado de un símbolo religioso como el kirpan. “Ahora que el juicio ha terminado, queremos dejar claro que la ley solo permite a los sijs practicantes portar por motivos religiosos un kirpan con propósitos defensivos. Si el kirpan o cualquier otro objeto afilado se usa de modo agresivo en un acto de violencia, la excepción legal deja de tener vigor y el arma debe considerarse ofensiva”, señala la Federación.

Los ultras aprovechan el caso

Tanto el intento de la policía de enmendar su pobre actuación a través de una investigación interna en marcha, apoyada por el primer ministro, Keir Starmer, como las disculpas y llamamientos a la calma de la propia familia de Nowak y de la comunidad sij, se han visto eclipsadas por la agitación del caso de políticos de ultraderecha como Nigel Farage.

“La familia de Henry ha respondido de un modo digno. Pero yo sugiero que el resto de nosotros respondamos con pura y fría rabia. Todos los principios y valores de un país libre, por los que todos son iguales ante la ley, han sido arrojados a la basura”, ha dicho Farage con su habitual tono incendiario, a pesar de la tajante condena del juez. “El Reino Unido sufre una cultura de doble rasero, en la que los derechos y los privilegios de la gente blanca pesan menos que los de las minorías étnicas”.

La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, ha intentado tomar cierta distancia de Farage, pero no ha podido evitar caer ella misma en la agitación al exigir a la policía que trate del mismo modo a los ciudadanos de todas las razas.

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