La Unión Europea se acerca a los talibanes para sumarlos a su campaña para aumentar las deportaciones

Afanada por ampliar las posibilidades de deportación, el pragmatismo de la Unión Europea se expande con pocos corsés. A los pactos, pese a sus historiales autoritarios, con Túnez o Egipto para blindar el territorio comunitario y frenar las llegadas, se suma ahora otro movimiento controvertido: el acercamiento a los talibanes, un régimen señalado por sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos en Afganistán, especialmente contra mujeres y niñas. La invitación a Bruselas por parte de la Comisión Europea a una delegación de los talibanes para hablar sobre cómo aumentar las deportaciones, ha reabierto el debate sobre los límites de la política migratoria y sobre el blanqueamiento de los regímenes autoritarios si se avienen a los intereses europeos. Organizaciones de derechos humanos y grupos políticos de izquierda advierten de que la iniciativa del Ejecutivo comunitario puede legitimar de facto al régimen.

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 Las organizaciones de derechos humanos y los grupos parlamentarios de izquierda advierten a Bruselas sobre el “alarmante” acercamiento al régimen afgano  

Afanada por ampliar las posibilidades de deportación, el pragmatismo de la Unión Europea se expande con pocos corsés. A los pactos, pese a sus historiales autoritarios, con Túnez o Egipto para blindar el territorio comunitario y frenar las llegadas, se suma ahora otro movimiento controvertido: el acercamiento a los talibanes, un régimen señalado por sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos en Afganistán, especialmente contra mujeres y niñas. La invitación a Bruselas por parte de la Comisión Europea a una delegación de los talibanes para hablar sobre cómo aumentar las deportaciones, ha reabierto el debate sobre los límites de la política migratoria y sobre el blanqueamiento de los regímenes autoritarios si se avienen a los intereses europeos. Organizaciones de derechos humanos y grupos políticos de izquierda advierten de que la iniciativa del Ejecutivo comunitario puede legitimar de facto al régimen.

El escenario de fondo es especialmente inquietante: un discurso migratorio cada vez más duro, condiciones de asilo cada vez más severas y una Europa que avanza para crear centros de deportación fuera del club comunitario. Paso a paso, la Unión ha endurecido su política migratoria y está avanzando a cámara rápida para romper tabúes impensables hace unos años que apuntan a dinamitar el sistema de derecho al asilo actual, uno de los valores en los que se asienta la fundación del bloque, nacido tras la II Guerra Mundial. Y dentro de esos tabúes está la aproximación a los talibanes, que tomaron el poder en Afganistán en 2021.

La UE no reconoce al Gobierno talibán, pero pese a esto, una delegación del régimen islamista afgano, encabezada por el portavoz del ministerio de Exteriores, Abdul Qahar Balkhi, visitará Bruselas en junio para reunirse con funcionarios de alto nivel de la Comisión Europea, el Servicio de Acción Exterior (SEAE) y con representantes de algunos Estados miembros, como Suecia, que está ayudando a coordinar los contactos, según explican fuentes europeas.

La cita surge después de otra reunión —“técnica”, según el Ejecutivo comunitario— entre los talibanes y funcionarios europeos en Afganistán. En el encuentro de Bruselas, que todavía no ha tomado forma, se hablará de hallar vías “prácticas y diplomáticas” para incrementar las expulsiones de migrantes sin derecho a asilo, especialmente aquellos con antecedentes, aseguran fuentes diplomáticas. Según datos de la Agencia de la UE para el asilo, los afganos, con 17.000 peticiones, fueron los nacionales que más solicitudes presentaron en el club comunitario en 2025.

Los socialdemócratas y los grupos de la izquierda del Parlamento Europeo critican la iniciativa del Ejecutivo comunitario, que sigue a la petición de una veintena de países —España no respaldó la misiva rubricada entre otros, Alemania, Suecia, Bélgica, Austria, Italia, Países Bajos o Polonia— para que encuentre vías para impulsar las devoluciones de migrantes a Afganistán.

El eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, miembro del Comité de Libertades Civiles, Justicia e Interior del Parlamento Europeo, ha recibido con “estupefacción” e “indignación” la noticia de la invitación a los talibanes. Su grupo buscará llevar el asunto a debate al pleno de la Eurocámara, pese a que la agenda —como toda la Cámara tras las elecciones de 2024— está dominada por la derecha.

La paradoja es enorme. No solo por el recuerdo de las operaciones de evacuación masivas por parte de un buen número de aliados occidentales de personas afganas en situación vulnerable en 2021. Además, en 2024 y 2025, el Parlamento Europeo aprobó resoluciones de condena al régimen talibán por su sistemática opresión a las mujeres y las continuas violaciones de derechos humanos en Afganistán, que calificó como un “apartheid de género”; a la vez que exigió la abolición inmediata de las restricciones de las mujeres, la liberación de los detenidos y un aumento de la ayuda humanitaria.

“Cómo ha caído tan bajo la Comisión Europea, subordinada enteramente a la mayoría ultraconservadora del Consejo, que ha invitado a los talibanes a Bruselas a discutir cómo repatriar afganos sin ninguna seguridad, sin ninguna garantía de respeto de sus derechos, sin ninguna consideración de derechos humanos”, critica el eurodiputado socialista español.

Chiara Catelli, de la Plataforma Internacional de Cooperación para migrantes Indocumentados (Picum), explica que estos encuentros entre la UE y el régimen que dirige con puño de hierro Afganistán reflejan una iniciativa más amplia de varios Estados miembros para establecer acuerdos de deportación con terceros países, incluidos regímenes con un historial deficiente en materia de derechos humanos. Alemania, por ejemplo, donde se han incrementado los envíos de migrantes a Afganistán, según una investigación periodística, también analiza la posibilidad de establecer su propio acuerdo con los talibanes.

Ya se intentó con Siria antes de la caída de Bachar el Asad y ahora, con el nuevo régimen, la UE ha restablecido el diálogo, entre otras cosas, para fomentar la vuelta de los refugiados sirios.

“Esta prisa de la UE y sus Estados miembros por devolver forzosamente a personas a Afganistán a cualquier precio es ilegal y ajena a la realidad”, dice Amnistía Internacional. “Ignora las razones por las que estas personas huyeron y los graves peligros que corren si son devueltas. Además, de que demuestra un flagrante desprecio por las obligaciones internacionales de los Estados, violando el principio vinculante de no devolución. La UE debe cambiar de rumbo de forma urgente y radical”, remarca la entidad.

Las organizaciones de derechos humanos y de protección de las personas migrantes advierten también de que con los últimos movimientos, la UE está sacrificando garantías jurídicas y derechos fundamentales para impulsar una política migratoria cada vez más centrada en la expulsión y la externalización de fronteras. El Consejo de Europa también ha alertado sobre el riesgo de detenciones prolongadas, restricciones al derecho de apelación y deportaciones hacia países inseguros.

Desde 2024, la Unión Europea ha acelerado un giro drástico hacia políticas migratorias más severas, detalla Catelli, como el pacto sobre Migración y Asilo. A esto se suma el reglamento de retorno, que afronta ahora los últimos trámites y que sigue la senda europea para aumentar las deportaciones en toda Europa. “Ese reglamento ampliaría la detención de inmigrantes, debilitaría las garantías en los procedimientos de retorno, separaría familias y permitiría enviar a personas a países con los que no tienen ninguna conexión”, alerta la activista.

El controvertido encuentro con los talibán forma parte de un esfuerzo mucho mayor por parte de la Unión Europea de aumentar el número de deportaciones. La Comisión Europea sostiene que apenas un 20% de las personas con orden de expulsión acaban siendo deportadas efectivamente. Y considera esa cifra “inaceptable”.

También López Aguilar ve la controvertida reunión en Bruselas con los talibanes como un elemento más de una fotografía más amplia, la deriva de Europa para blindarse, de la que forma parte también el reglamento de retornos y los coqueteos de algunos países con la idea de abrir centros de deportación fuera de territorio comunitario, al estilo de los que tiene Italia en Albania. “El acercamiento a los talibanes es una degradación irreconocible del estándar moral que es exigible a la Unión Europea”, zanja.

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