El presidente francés, Emmanuel Macron, se instaló la semana pasada en el fuerte de Brégançon, la tradicional residencia estival de los mandatarios franceses levantada en un islote en la Costa Azul, donde pasa sus últimas vacaciones como presidente de la República. En estas semanas cesa su frenética actividad internacional y prepara el inicio del curso político, aunque este verano es distinto: a ocho meses de las elecciones presidenciales, sus días de descanso tienen un inevitable aire a despedida y balance.
El francés pasa sus últimos días de descanso como presidente en el fuerte de Brégançon, la residencia estival de los jefes de Estado, mientras prepara una vuelta al curso político marcada por una campaña electoral en la que ya no será protagonista
El presidente francés, Emmanuel Macron, se instaló la semana pasada en el fuerte de Brégançon, la tradicional residencia estival de los mandatarios franceses levantada en un islote en la Costa Azul, donde pasa sus últimas vacaciones como presidente de la República. En estas semanas cesa su frenética actividad internacional y prepara el inicio del curso político, aunque este verano es distinto: a ocho meses de las elecciones presidenciales, sus días de descanso tienen un inevitable aire a despedida y balance.
También llamada “Élysée-sur-Mer” (Elíseo sobre el mar), esta residencia es una prolongación del palacio presidencial y está equipada para trabajar. Macron está de vacaciones, pero no ausente; sigue pendiente de la actualidad internacional y mantiene reuniones. De hecho, tuvo que retrasar su llegada a Brégançon por los incendios en el suroeste del país, sobre todo el del departamento de Gironda, el peor que ha vivido Francia desde 1949.
Desde su residencia estival ha seguido la evolución del incendio, ya extinguido, y también la crisis en Ceuta. A través de la red X, Macron mostró su solidaridad con España y ordenó al Gobierno un refuerzo de los controles en la frontera. En los últimos días, según su agenda oficial, también ha mantenido conversaciones con el presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi; con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, y con el primer ministro iraquí, Ali al Zaidi.
En los últimos meses se ha volcado en los temas internacionales y ha dejado en manos del primer ministro, Sébastien Lecornu, los asuntos internos. Esto es lo que le ha permitido, por primera vez en mucho tiempo, mejorar ligeramente su imagen ante la opinión pública. El último sondeo de Elabe para Les Echos, publicado a mediados de julio, le daba un 24% de apoyo, un punto más que en junio, cinco más que en enero y diez puntos más que el pasado mes de octubre, cuando alcanzó el nivel más bajo y solo el 14% de los encuestados validaba su gestión.
Otro sondeo del instituto CSA para Journal du Dimanche publicado hace dos semanas sitúa su nivel de apoyo en el 28%. Los franceses valoran su actuación en la escena internacional, su gestión en crisis como la guerra de Irán y su rol en el conflicto ucranio.
La cumbre del G-7 que se celebró en junio en la estación balnearia de Evian-Les Bains acabó con una cena en Versalles con el presidente estadounidense, Donald Trump, que luego firmó un principio de acuerdo para poner fin al conflicto con Irán. En el desfile del 14 de julio, el último que presidió Macron, participaron representantes de 35 países de la llamada coalición de voluntarios, el grupo de aliados que darán garantías a Kiev en caso de un acuerdo de paz con Rusia y que han impulsado Francia y Reino Unido. Este tipo de iniciativas más en el plano diplomático “es lo que los franceses esperan de él”, señalan desde el instituto CSA.
Aun así Macron sigue siendo, junto con su predecesor, François Hollande, el presidente francés peor valorado de la V República. La crisis abierta tras las elecciones legislativas que convocó de manera anticipada en 2024, que dejaron la Asamblea aún más fragmentada, le ha dejado sin margen de maniobra. Ha habido tres primeros ministros en año y medio, y la reforma estrella de su segundo mandato, la de las pensiones, quedó suspendida a cambio de sacar adelante los presupuestos de este año y evitar una nueva moción a Sébastien Lecornu.
Sí ha podido sacar adelante el aumento del gasto militar. Con un presupuesto de 436.000 millones de euros hasta 2030, la ley de programación militar quedó validada por el consejo constitucional la semana pasada y permitirá hacer frente a las amenazas en un contexto internacional incierto. En el último mes se ha aprobado otra de las leyes en las que más se ha implicado: la prohibición de las redes sociales a menores de 15 años, que entrará en vigor cuando arranque el curso escolar.
En el plano económico, el país tiene un déficit del 5%, muy lejos del 3% que exige Bruselas en 2029. Las cifras de desempleo han pasado del 9% en 2017, cuando llegó al poder, al 8,3% el pasado junio. Un dato que Sébastien Lecornu ha aprovechado para salir en defensa del balance macronista en estos 10 años. “Se han creado dos millones de empleos. Nunca ha habido tanto empleo en Francia”, reivindicó el primer ministro en la red social X.
El próximo lunes Emmanuel Macron retoma su agenda y acudirá como cada año a los actos de conmemoración de la liberación, el 17 de agosto de 1944, de Bormes-les-Mimosas, donde está Brégançon, antes de volver a su actividad en el Elíseo. Es su último verano como presidente mientras Francia se prepara para elegir a su sucesor. Los sondeos sitúan como favorita a la líder de extrema derecha, Marine Le Pen, la que ha sido su rival en las dos últimas citas electorales.
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