
Arancha Mitjavila es la directora del colegio público República de Chile desde hace 11 años. El centro está situado a 50 metros del parque Paraíso, en el distrito madrileño de San Blas, pero esa no es una ubicación afortunada. El lunes era el primer día de clase y recordó al conserje la instrucción que le da cada mañana, como si fuera una liturgia: que revise el patio antes de que entren los alumnos. “Hemos encontrado jeringuillas y cucharas en el patio porque, después de drogarse, lanzan todo dentro”, describe con naturalidad lo que es un asunto grave con el que tiene que lidiar cada día y que, transcurridos varios años, no acaba de solucionarse: el parque Paraíso es un centro donde se asientan yonquis, se trafica, se consume, se defeca y donde ha llegado ya el fentanilo. “Los niños ven desde la ventana de sus clases cómo los yonquis del barrio se drogan”. Mitjavila recuerda esos días de 2025 como “de película” porque tenía agentes de policía metidos dentro de las clases observando todo desde las ventanas. Tras múltiples denuncias, la policía consiguió desalojar aquel campamento improvisado, que ahora se ha dispersado por diferentes puntos de la zona, pero la situación sigue siendo “insoportable”.

Los vecinos, padres y profesores denuncian el retorno de la heroína y la aparición de los parches de fentanilo en el entorno del Parque Paraíso de San Blas, cerca de dos escuelas del barrio 
Arancha Mitjavila es la directora del colegio público República de Chile desde hace 11 años. El centro está situado a 50 metros del parque Paraíso, en el distrito madrileño de San Blas, pero esa no es una ubicación afortunada. El lunes era el primer día de clase y recordó al conserje la instrucción que le da cada mañana, como si fuera una liturgia: que revise el patio antes de que entren los alumnos. “Hemos encontrado jeringuillas y cucharas en el patio porque, después de drogarse, lanzan todo dentro”, describe con naturalidad lo que es un asunto grave con el que tiene que lidiar cada día y que, transcurridos varios años, no acaba de solucionarse: el parque Paraíso es un centro donde se asientan yonquis, se trafica, se consume, se defeca y donde ha llegado ya el fentanilo. “Los niños ven desde la ventana de sus clases cómo los yonquis del barrio se drogan”. Mitjavila recuerda esos días de 2025 como “de película” porque tenía agentes de policía metidos dentro de las clases observando todo desde las ventanas. Tras múltiples denuncias, la policía consiguió desalojar aquel campamento improvisado, que ahora se ha dispersado por diferentes puntos de la zona, pero la situación sigue siendo “insoportable”.

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