La Costa Brava ha llegado a su límite. Esa es la conclusión del alcalde socialista de Castell d’Aro, Platja d’Aro i S’Agaró, Maurici Jiménez, que en una conversación con EL PAÍS reclama abandonar el objetivo de atraer cada vez más turistas y empezar a gestionar de otra forma la enorme afluencia de visitantes que recibe el litoral de Girona cada verano. “La Costa Brava está saturada y deberíamos empezar a decirlo con la boca bien abierta”, afirma el edil, que apuesta por repartir los flujos turísticos entre municipios y durante todo el año en lugar de seguir concentrándolos entre julio y agosto.
El edil socialista propone redistribuir a los visitantes de día entre municipios y abrir un debate sobre el futuro del modelo turístico

La Costa Brava ha llegado a su límite. Esa es la conclusión del alcalde socialista de Castell d’Aro, Platja d’Aro i S’Agaró, Maurici Jiménez, que en una conversación con EL PAÍS reclama abandonar el objetivo de atraer cada vez más turistas y empezar a gestionar de otra forma la enorme afluencia de visitantes que recibe el litoral de Girona cada verano. “La Costa Brava está saturada y deberíamos empezar a decirlo con la boca bien abierta”, afirma el edil, que apuesta por repartir los flujos turísticos entre municipios y durante todo el año en lugar de seguir concentrándolos entre julio y agosto.
“No podemos querer más. Lo que tenemos que querer es lo mismo y repartido a lo largo del año”, sostiene Jiménez. El alcalde considera que la reflexión ya no corresponde únicamente a Platja d’Aro, sino al conjunto de la Costa Brava, y reclama una estrategia compartida entre municipios, al margen del color político, para decidir qué modelo turístico quiere el territorio.
Uno de los principales focos de esa reflexión, según explica, son los visitantes que llegan únicamente a pasar el día. El alcalde calcula que, en una jornada punta como el 15 de agosto, Platja d’Aro puede concentrar unas 150.000 personas, de las que cerca de 70.000 son excursionistas que no pernoctan. “El residente contribuye con los impuestos, quien tiene una segunda residencia también y quien duerme en un hotel o un camping paga la tasa turística. El visitante de día no participa y, sin embargo, utiliza los mismos servicios”, señala.
Jiménez insiste en que el objetivo no es expulsar a ese tipo de visitante, sino gestionar mejor su impacto. “No se trata de decir que no los queremos ni de quedarnos solo con quienes pagan. Lo que tenemos que conseguir es repartir ese visitante por el territorio y durante todo el año”, explica.
Para ello, plantea coordinar la gestión turística entre los municipios de la Costa Brava. Pone como ejemplo lo que ocurre cuando un destino limita el acceso por exceso de afluencia. “Cuando Cadaqués cierra los accesos, la gente se va a Llançà. Tenemos que encontrar maneras de redistribuir esos flujos”, afirma. A su juicio, los ayuntamientos deberían dejar de competir entre sí y empezar a actuar como un único destino turístico.
El alcalde también defiende crear un observatorio conjunto que permita disponer de datos compartidos sobre movilidad, ocupación hotelera, tráfico o capacidad de carga del territorio. “Cada municipio conoce sus cifras, pero no tenemos una fotografía global de la Costa Brava. Sin esos datos es muy difícil tomar decisiones”, sostiene.
Jiménez rechaza además identificar un turismo de calidad con un visitante de mayor poder adquisitivo. “Cuando hablamos de calidad no hablamos de gente con dinero. Hablamos de personas que no hagan un consumo intensivo del territorio”, explica. En ese sentido, apuesta por favorecer estancias más largas frente a las escapadas de uno o dos días. “Me gustaría que los hoteles se llenaran durante una semana entera y no con estancias de dos días”, resume.
El alcalde considera que la saturación estival también responde a un problema estructural que trasciende a los municipios turísticos. Por eso plantea abrir un debate sobre el calendario escolar, siguiendo modelos como el francés, para repartir las vacaciones a lo largo del año. “Mientras ocho millones de personas concentren sus vacaciones en dos meses, tendremos un problema de saturación”, afirma.
A su juicio, el reto ya no consiste en atraer más visitantes, sino en preservar el territorio sin renunciar al turismo, principal motor económico de la Costa Brava. “Tenemos que decidir qué modelo queremos para los próximos años. Si no lo hacemos juntos, no saldremos adelante”, concluye.
Feed MRSS-S Noticias
