Las últimas decisiones del canciller alemán, Friedrich Merz, no han sido bien recogidas en su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). En especial, su anuncio de destituir al ministro de Transportes Patrick Schnieder, que deja su puesto porque al parecer el canciller no está contento con él, y no como consecuencia del movimiento de fichas que ha seguido a la polémica salida del presidente de la fracción conservadora, Jens Spahn, tras conocerse que había usado una madre de alquiler para tener a su bebé con su marido.
Las condiciones que han rodeado el despido del titular de Transportes desatan críticas internas al liderazgo del canciller, cada vez menos popular en el este de Alemania
Las últimas decisiones del canciller alemán, Friedrich Merz, no han sido bien recogidas en su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). En especial, su anuncio de destituir al ministro de Transportes Patrick Schnieder, que deja su puesto porque al parecer el canciller no está contento con él, y no como consecuencia del movimiento de fichas que ha seguido a la polémica salida del presidente de la fracción conservadora, Jens Spahn, tras conocerse que había usado una madre de alquiler para tener a su bebé con su marido.
A Merz no solo se le reprocha el despido de Schnieder, sino, sobre todo, las circunstancias que lo rodearon. El candidato preferido inicialmente por Merz, el político especializado en finanzas Fritz Güntzler, para llevar la cartera de Transportes, rechazó el cargo a última hora, por lo que Schnieder ya sabía el viernes —cuando se anunciaron otros cambios en el gabinete— que iba a ser destituido, pero aún no había sucesor. A raíz de ello, Schnieder declaró durante el fin de semana que quería solicitar él mismo su destitución para poner fin a “esta situación indigna”. No fue hasta este lunes, cuando el líder conservador anunció el nombre de Steffen Bilger como nuevo ministro de Transportes.
Desde distintos sectores de la CDU, al líder conservador se le critica abiertamente y sin tapujos por su estilo de liderazgo y por la forma en que ha destituido a Schnieder, que califican de “mezquina” e “indigna”. Se trata de un estilo de liderazgo poco cooperativo de Merz, con el que no deja de ofender a su propio partido, según las quejas que se han ido sucediendo desde el viernes. “No dirige una empresa, esto es un partido”, resumió el lunes por la mañana en la ejecutiva federal Heiko Strohmann, presidente regional de la CDU de Bremen, al referirse a esta percepción.
El presidente federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, ha nombrado este miércoles oficialmente a todos los nuevos ministros conservadores de Merz. Junto con Bilger como nuevo ministro de Transportes, Thorsten Frei —hasta ahora jefe de la Cancillería— deja su cargo para dirigir la fracción parlamentaria de los conservadores. Será sustituido por Nina Warken, antes ministra de Sanidad y que a partir de ahora se encargará de asesorar a Merz y de mantener la cohesión de su Gobierno. Se convierte también en la primera mujer en ocupar este cargo en la historia de Alemania. Mientras, la cartera de Sanidad pasará a manos de Carsten Linnemann, que era el secretario general de la CDU, cargo que ocupará Franziska Hoppermann.

En el marco de la reorganización de personal que tiene lugar poco más de un año después de que se formara el Gobierno de coalición con los socialdemócratas, el secretario de Estado de Sanidad, Tino Sorge, también pierde su puesto. Los conservadores critican también que el canciller no haya aprovechado esta oportunidad para nombrar a un político del este de Alemania, sobre todo teniendo en cuenta las elecciones regionales de septiembre en los Estados federados de Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Antepomerania.
En general, existe un gran descontento con Merz en el este del país, en especial por la destitución de Sorge, que es también diputado de Sajonia-Anhalt. El político de la CDU expresó públicamente su enfado al respecto el lunes y difundió un comunicado en el que afirma que toma nota de la decisión del canciller. “El hecho de que lo haya anunciado primero en los órganos del partido y ante la prensa —en lugar de mantener una conversación personal conmigo— es una cuestión de estilo que le atañe a él”, escribió. Desde la federación regional de Sajonia-Anhalt, se preguntan si no hubiera podido esperar a que pasaran las elecciones del 6 de septiembre, donde según los sondeos, el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) obtendría más de un 40% de los votos.
“El nuevo ajuste en el Gobierno tras un año se puede justificar muy bien. Se ha pensado mucho en ello y no se hizo sin que haya ejemplos en el pasado. Todos los Gobiernos de Alemania desde 1948 han realizado cambios en su personal durante su actividad gubernamental”, se justificó esta semana el canciller.
Sin embargo, desde los principales medios alemanes ven como una señal de alarma el hecho de que varios compañeros de partido se opongan abiertamente al canciller y que se filtren detalles de las reuniones. “Normalmente, en una situación así hay dos caminos: o bien el canciller se atrinchera, se vuelve cada vez más obstinado e insensible a las críticas, o bien busca una salida. Se abre paso a duras penas, aprende de sus errores, saca lecciones de lo sucedido y busca aliados fuertes”, escribió Der Spiegel.
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