Qué pasó en la cumbre de la OTAN de Ankara: los cinco minutos que cambiaron el humor de Trump

En apenas tres horas, Donald Trump pasó de amenazar con cortar el comercio con España y definir como “inútiles” a sus aliados europeos por no ayudarle en su guerra contra Irán, a decir a los líderes de la OTAN que durante la cumbre de Ankara sentía “amor en el aire”.

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 Los líderes de la Alianza tenían instrucciones de no superar este tiempo en sus discursos  

En apenas tres horas, Donald Trump pasó de amenazar con cortar el comercio con España y definir como “inútiles” a sus aliados europeos por no ayudarle en su guerra contra Irán, a decir a los líderes de la OTAN que durante la cumbre de Ankara sentía “amor en el aire”.

El cambio de humor del presidente estadounidense, sus bamboleos en la crucial cita en la capital turca, marcaron toda la reunión y volvieron a mostrar el carácter imprevisible del presidente de la primera potencia nuclear del mundo. “Ha sido una cumbre magnífica con gente inteligentísima”, comentó el jefe de la Casa Blanca en una multitudinaria conferencia de prensa. Antes, se había sorprendido por la cantidad de periodistas en la sala. Fue, como todo en la reunión en el complejo presidencial de las Cinco Colinas, un entorno y un baile pensados para agasajar el gran ego del magnate republicano. “Me dijeron: ‘señor, le queremos mucho’. Son adultos los que dicen eso. ¿No es maravilloso?”, comentó. “Tal vez intentaban llegar a mí, y en cierto modo lo consiguieron. Había una tremenda unidad en aquella sala”, remató.

Tras la tormenta de la mañana del miércoles ante las cámaras por el gasto militar de Europa, por la supuesta “deslealtad” de sus socios y su enfado con la propia OTAN, en la sala cuidadosamente decorada, a puerta cerrada, los líderes europeos y Canadá fueron desglosando ante Trump sus contribuciones a la Alianza Atlántica. El aumento de inversión en defensa, su contribución a las misiones y operaciones. Cada aliado tuvo menos de cinco minutos para su intervención. Otra fórmula para no aburrir a Trump que, comentan fuentes aliadas, se distrae fácilmente. Todos tenían orden de ser extremadamente breves, excepto el estadounidense, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el anfitrión, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que se desvivió por limar asperezas.

Rutte y el líder turco llevaban un año preparando la cumbre. La decoración, la cena de gala, la propia reunión muy breve para reducir el riesgo. Era una cita pensada para seducir a Trump y enumerarle los logros de la Alianza para disuadirle de desengancharse de la organización militar a la que no tiene un gran aprecio. Washington ya ha anunciado repliegues en Europa y que deja de poner a disposición de la Alianza en el Viejo Continente capacidades estratégicas, como cazas o submarinos.

El martes llegó a amenazar con sacar a todos sus soldados de Europa. El miércoles por la mañana tuvo un enorme arrebato de furia que hizo temer a algunos aliados que el estadounidense anunciara en la reunión más retiradas de la OTAN, comentan varias fuentes. Pero tras la turbulencia pública, después de haber marcado el terreno con su tono hostil y haber amedrentado a sus socios, la reunión en privado fue muy distinta. Cuando escuchó a los aliados, cambió de parecer. “Queremos quedarnos con ustedes”, les dijo a los europeos en la sala a puerta cerrada, según varias fuentes.

Trump llegó tarde a la reunión y dedicó su alocución a hablar de Irán. No hubo reproches personalizados a los socios sobre el gasto militar y tampoco mencionó Groenlandia, la isla ártica parte del Reino de Dinamarca ―otro miembro de la organización militar― que quiere controlar.

En la intervención pautada, los líderes europeos y el de Canadá hicieron una presentación muy esquemática de su gasto militar. El presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, detalló que su país invierte el 5,33% de su PIB en defensa. El primer ministro de Estonia, Kristen Michal, comunicó que ellos gastan el 5,10%. Ambos líderes lucían en la solapa un pin con el símbolo de un 5%, otro guiño a Trump, que ha exigido que los aliados inviertan esa cifra de aquí a 2035. Otros jefes de Estado y Gobierno se centraron en hablar de la evolución de sus presupuestos, cuentan fuentes diplomáticas.

El presidente polaco, Karol Nawrocki, aliado de Trump, explicó que invierten el 4,68% de su PIB, que tienen contratos también con compañías estadounidenses y que su país ha experimentado un cambio mayúsculo en algo más de una década; en 2014 Polonia dedicaba el 1,86% a defensa. Por Dinamarca, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, que ha sufrido el cortocircuito de Trump, quien ha renovado sus amenazas de hacerse con Groenlandia, hizo una intervención muy sintética sobre las prioridades militares de su país. Comentó que pasaron de gastar el 1,15% en 2014 al 3,49% este año. Y subiendo, dijo.

El presidente español, Pedro Sánchez, que había sido objeto de la embestida de Trump por la mañana, centró su intervención en explicar que el país invierte ahora el 2% y que llegará al 2,1%. Llevaba sus argumentos bien preparados, señalan varias fuentes diplomáticas. España es, aseguró Sánchez en la sala, el tercer país que más ha incrementado el gasto. El presidente español también detalló la contribución del Ejército a misiones y operaciones de la Alianza, y anunció la participación de la Armada española en una nueva misión estratégica en el Atlántico Norte, el Báltico y el Ártico.

En su intervención, Erdogan habló de Turquía, pero también se dedicó a elogiar a Trump y el “esfuerzo” de los aliados. Por ejemplo, España, a quien agradeció su compromiso por el destacamento en ese país donde mantiene desplegadas baterías Patriot.

“Los líderes enunciaron números y porcentajes, algunos desplegaron halagos hacia el liderazgo estadounidense y eso convenció un poco a Trump”, dice una fuente diplomática. “Obtuvo la sensación, y Rutte se encargó de ello, de que los aliados avanzan por la senda que él marca”, abunda. La rueda de prensa final —en la que el estadounidense divagó a ratos y saltaba de un tema a otro— es ejemplo de ese cambio de humor. También sus comentarios en el avión de vuelta, donde llegó a asegurar que España —a quien había definido horas antes como “un socio terrible” e incluso “mala gente”— se había redimido.

Trump había llegado a Ankara de mal humor por la situación en Irán. También el miércoles se levantó con el pie cambiado y ante la prensa anunció que daba por muerto el alto el fuego rubricado con Teherán. Y que habría más ataques al país persa, como efectivamente sucedió en la noche del miércoles al jueves.

La hospitalidad turca, la pompa y ceremonia desplegada por el anfitrión Erdogan, también sedujeron al presidente estadounidense, que tiene afinidad por los “hombres fuertes” como el turco —criticado por la oposición por su represión a toda disidencia— y a quien le gustan los dorados, los recibimientos grandiosos y ostentosos. Y los tuvo. El presidente turco y su esposa, Ermine Erdogán, recibieron a los líderes y sus cónyuges (Melania Trump no acudió) el martes por la noche con honores militares en el palacio presidencial para una suculenta cena a cargo de un chef con dos estrellas Michelin.

Erdogan obsequió también a los líderes con regalos. Un revólver con su nombre grabado y una caja de munición, además de los documentos y permisos necesarios para sacar el arma del país; y un ejemplar de una biografía suya en inglés (The Politics of Courage: Erdogan and the Rise of Türkiye). Sobre las mesas de trabajo, también se dejaron sets personalizados de bolígrafo y libreta con el nombre de cada líder, por ejemplo, a Trump se le dejó un bolígrafo rojo con su nombre y otro negro con la inscripción “White House” (Casa Blanca); a Merz, un bolígrafo verde con su nombre y una libreta de tapa marrón; a Macron, un bolígrafo rojo grabado y una libreta gris; y a Sánchez, un bolígrafo rojo con su nombre y una libreta negra.

A Trump, todo ese despliegue le encantó, creen varias fuentes. Le mejoró el humor e incluso estuvo más abierto en la cita bilateral con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, a quien prometió licencias para fabricar en su país misiles Patriot, algo que Kiev llevaba mucho tiempo reclamando para defenderse del invasor ruso.

La cumbre terminó con poco ruido y una declaración final breve y sintética, pero que recoge el compromiso blindado con la defensa común de los aliados. El uno para todos y todos para uno que marca el artículo 5 de la OTAN y que Trump ha puesto tantas veces en duda con sus amenazas. “Ahora la cosa está calmada, la cumbre no ha salido mal, pero todos sabemos que pronto puede haber otro estallido”, señala el diplomático. De hecho, reconocen fuentes aliadas, aún no está claro si habrá cumbre el próximo año. Aún se están recuperando de las turbulencias de esta.

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