La Academia cumple diez años con Alex Eala como referente y una nueva generación de talentos internacionales que ya mira a la élite, con el búlgaro Ivan Ivanov como mejor exponente Leer La Academia cumple diez años con Alex Eala como referente y una nueva generación de talentos internacionales que ya mira a la élite, con el búlgaro Ivan Ivanov como mejor exponente Leer
Anoten este nombre: Ivan Ivanov. Suena a jugón porque es un jugón. El año pasado fue campeón de Wimbledon júnior y del US Open júnior, acabó la temporada como el mejor tenista del planeta con menos de 18 años y este curso, aún menor, ya se pelea en el circuito Challenger. Con su derecha llegará a la élite para orgullo de Bulgaria, país de escasa tradición. Con su cabeza llegará a la élite para orgullo de la Rafa Nadal Academy de Manacor, donde vive y se forma desde hace tres años y donde comparte entrenamientos con otras promesas del tenis: el esloveno Ziga Sesko, vencedor este año del Open de Australia júnior; el alemán Diego Dedura, que ya ha ganado en ATP; el estadounidense Max Exsted o la británica Hannah Klugman.
Son muchos los júniors que destacan en la escuela que Nadal inauguró en 2016 y que este fin de semana celebra su décimo aniversario con un torneo amistoso en el que el propio fundador jugará contra rivales históricos y amigos como Andy Murray, Marat Safin, Richard Gasquet o Carlos Moyá.
«Nuestra misión principal siempre es formar personas, no formar deportistas», aseguró Nadal el día de la inauguración, y en ello están, con un colegio internacional y una residencia, pero de paso también van apareciendo tenistas de los que apetece ver. Junto al talentoso grupo que ronda los 18 años ya hay ejemplos de que se puede conquistar el mundo desde Manacor, vaya si se puede. Más allá de Casper Ruud o Jaume Munar, tenistas que se formaron en otras escuelas y construyeron su carrera en la Rafa Nadal Academy, esta temporada explotó el fenómeno de la filipina Alex Eala, que llegó a Manacor siendo una niña y hoy está en el puesto 18 del ranking WTA.
«Tenía 12 o 13 años cuando vino», recuerda Gustavo Marcaccio, director de tenis de la Academia, en conversación con EL MUNDO, y añade: «Hoy es de esos proyectos que nos dan visibilidad y muestran el fruto del trabajo de esta década». Aunque no está sola. Esta temporada llegaron a coincidir siete jugadores de la Academia en el Top 100 de los dos rankings mundiales (Ruud, Eala, Munar, Solana Sierra, Martín Landaluce, Alina Korneeva y Coleman Wong), y eso que ese no es el objetivo principal del centro.
«El core de nuestro trabajo es desarrollar y formar jugadores en edades sub-18», señala Marcaccio, que nunca ha buscado atraer a profesionales ya formados, como hacen otros centros, sino captar talento de muy temprana edad por el mundo. Basta recorrer el complejo bajo el sol de Mallorca para entender los medios con los que cuentan los chavales: 45 pistas de tenis, otras 19 de pádel, un museo renovado y, entre medias, aulas y habitaciones. Aun así, no todos acabarán siendo profesionales. Alguno ganará un Grand Slam, otros recibirán una beca para estudiar en una universidad de Estados Unidos y los últimos simplemente vivirán la experiencia.
Según Marcaccio, la parte más difícil de toda la formación es la transición de júnior a profesional, donde algunos abandonan el tenis, aunque no lo hacen con las manos vacías. Lo que se llevan, y lo que más pesa, no es la derecha de Nadal: «Es difícil de enseñar. Cada persona es única e irrepetible», explica. Lo que se enseña y se pregona cada día son sus valores. «La lucha, la entrega, ese es el ADN de la Rafa Nadal Academy». Quizá una tarea pendiente de la Academia es captar a más talento español, como hicieron con Landaluce, ahora en el número 73 de la lista mundial, aunque en el país hay muchas otras escuelas y la competencia es feroz. «Nos gustaría, como fue su caso, tener otros proyectos», admite Gustavo.
La Academia, que ya organiza un Challenger 75 desde 2018, torneos en categorías inferiores e incluso uno ITF de veteranos, quiere seguir creciendo en Manacor, aunque el futuro pasa también por mirar fuera. Además de otra sede en Marbella, Rafa Nadal ya ha abierto centros en seis países: México, Grecia, Kuwait, Hong Kong, República Dominicana y Egipto.
«Manacor tiene un cierto techo», reconoce Marcaccio. «Lo significativo será la expansión internacional, con todos los centros alrededor del mundo que van a poner a la academia en otra escala». Esa es quizá la mejor señal de lo que ha sido esta década. Hace diez años Manacor era el pueblo de un campeón; hoy es un lugar al que llegan niños de medio mundo con un sueño, y del que algunos salen, como Eala, para ganarle a las mejores. Ahora mismo, mientras la Academia celebra su cumpleaños, un chico búlgaro de 17 años sigue pegando derechas para que dentro de diez años alguien escriba un reportaje como este sólo sobre él.
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