Salvar las salinas para nutrir el santuario de pájaros del Delta

Decenas de flamencos en una de las lagunas de las Salinas de la Trinitat, en la reserva natural de la Punta de la Banya, en el Delta de l'Ebre, el pasado 14 de septiembre.

Los operarios finalizaron hace dos semanas la recolección de la sal en las Salinas de la Trinitat, en la Punta de la Banya (Montsià, Tarragona). Como si supieran de las lluvias que llegaron con fuerza el pasado jueves, durante dos intensas semanas de campaña extrajeron unas 60.000 toneladas en una carrera contrarreloj que se repite cada año ante el temor de que las precipitaciones mermen los trabajos de decantación y evaporación de agua gestionadas durante todo el año. El movimiento sin cesar de la maquinaria pesada necesaria para la extracción contrastaba con la rosada presencia de la colonia de flamencos en plena cría o las especies de aves migratorias que pasan unos días en este ismo a un extremo del Delta del Ebro recuperando fuerzas tras cruzar el Mediterráneo y el desierto africano en su ruta migratoria desde el Ártico.

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Una cigüeñuela en las Salinas de la Trinitat, en la reserva natural de la Punta de la Banya, este mes de septiembre.Dos flamencos en una de las lagunas próximas a las salinas de la Trinitat, en el Delta del Ebro.  La empresa Infosa reclama a la Generalitat y al Estado medidas de refuerzo de la barra del Trabucador, abrigo de la actividad económica y vital para una reserva natural  

Los operarios finalizaron hace dos semanas la recolección de la sal en las Salinas de la Trinitat, en la Punta de la Banya (Montsià, Tarragona). Como si supieran de las lluvias que llegaron con fuerza el pasado jueves, durante dos intensas semanas de campaña extrajeron unas 60.000 toneladas en una carrera contrarreloj que se repite cada año ante el temor de que las precipitaciones mermen los trabajos de decantación y evaporación de agua gestionadas durante todo el año. El movimiento sin cesar de la maquinaria pesada necesaria para la extracción contrastaba con la rosada presencia de la colonia de flamencos en plena cría o las especies de aves migratorias que pasan unos días en este ismo a un extremo del Delta del Ebro recuperando fuerzas tras cruzar el Mediterráneo y el desierto africano en su ruta migratoria desde el Ártico.

Esa una de las singularidades de esta reserva natural parcial, ubicada en el parque natural del Delta del Llobregat y protegida por la importancia de su ecosistema pero en la que una empresa privada, Infosa, cuenta con la autorización para producir sal tal y como se ha ido haciendo desde mediados del siglo XIX. Esa autorización industrial en medio de una zona natural protegida tiene hoy una explicación. La sal acaba aflorando gracias a la circulación de agua del mar entre un grupo de parcelas interconectadas con canales entre sí. El grado de salinización va aumentando conforme avanza el circuito, que acaba en unos secadores donde finalmente, habitualmente en septiembre, se recoge la sal para acabar de limpiar y empaquetar, según sea su mercado: la industria química o la alimentación.

La evolución de ese agua encerrada permite que en cada uno de esos depósitos se desarrollen especies subacuáticas diferentes, desde peces a invertebrados en las zonas con mayor densidad de sal, auténticos comederos especializados para las aves que residen en la reserva o que acuden a ella en busca de refugio temporal durante todo el año. El hecho de que no haya depredadores acaba convirtiendo a este lugar en una zona sin casi equivalente en el Mediterráneo. Entre otros grados de protección, es una zona especial de protección para las aves (ZEPA) de la red europea Natura 2000, donde se reproducen especies protegidas como el flamenco o la gaviota de Audouin. No es posible acceder sin permiso y sin acompañamiento, una ventaja de conservación y un inconveniente al mismo tiempo, tal y como explica Cristian Jensen, director de la Fundación Salines Marines, creada por la propia empresa: “Aquí hay un baluarte natural, pero como la gente no entra no es consciente de lo que realmente hay. Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Joan Sucarrats, gerente de Infosa, sostiene que el ecosistema existente hoy en la Punta de la Banya es una consecuencia directa de la actividad industrial que allí se produce, pese a que pueda parecer paradójico. “No es que la actividad de la salina sea compatible con la riqueza natural del lugar”, niega en una entrevista por teléfono, “es que es generadora de ella”. “Si la empresa quebrara, todas las lagunas que gestionamos se secarían y quedarían abandonadas y su valor ecológico quedaría muy mermado”, defiende en otro momento Jensen, cuando guía a EL PAÍS por la zona, apuntando una y otra especie y destacando que “justamente donde no hay salinas, casi no hay pájaros”. Su relato advierte sobre la repetición de un fenómeno que ya se está dando en La Janda, Cádiz, el mayor humedal de España que agoniza por los desagües creados en tiempos de Franco.

A Sucarrats, sin embargo, le atemoriza otra cuestión. La fuerza de los temporales ha puesto en peligro la barra del Trabucador, la pasarela natural de arena que une esta zona al Delta. El arreón del temporal Filomena destrozó en 2021 casi 3 kilómetros de sus 5,6 kilómetros de longitud, un golpe no tan fuerte como el sufrido un año antes, cuando el Gloria se llevó por delante 5 kilómetros y dejó incomunicada durante cuatro meses la península que forma la Punta de la Banya. Este año, ante la imparable acción del mar, Infosa, responsable del mantenimiento del acceso porque así lo mandata su concesión, tuvo que desviar unos metros el camino por el que circulan los vehículos, sus camiones con la sal pero también coches particulares, por ese cordón umbilical del Delta que a la vez juega el papel de abrigo para el puerto de Sant Carles de la Ràpita y la actividad de los arroceros y los mariscadores. Las fuertes lluvias del viernes tuvieron un impacto menor: se inundó el Trabucador, pero no se ha roto, por lo que las instalaciones se han cerrado y la plantilla no podrá trabajar durante dos días.

Cada año que pasa, pierde casi un centímetro de altura debido a su hundimiento y a la subida del nivel del mar y en las últimas tres décadas el oleaje se ha llevado 120 hectáreas de lagunas. Ante la posibilidad de que las salinas vuelvan a quedar incomunicadas, la empresa presentó un proyecto para habilitar una salida marítima, de forma que sus vehículos pudieran subirse a unas barcazas que los llevaran a tierra firme, pero el Estado denegó la solicitud por la posibilidad de afectar la crianza de la nacra, un inmenso molusco en peligro de extinción.

“Llegaremos a donde tengamos que llegar, al final del final”, avisa Sucarrats, consciente de que su empresa aguantará tanto como lo haga la barra del Trabucador. Infosa se encuentra en medio de una encrucijada en la que confluyen el cambio climático, con esos golpes de mar que debilitan la estructura de la barra del Trabucador, la reducción de los sedimentos que bajan con el agua del río Ebro y un problema burocrático con dos administraciones implicadas que dificulta dar una respuesta ágil a los daños que cada vez más provocan los temporales. La autorización de explotación obliga a Infosa a encargarse del mantenimiento de la barra, pero cada actuación de ese tipo supone la petición de permisos al órgano gestor del parque, cuyo titular es la Generalitat, y esa franja costera depende de la Dirección General de Costas, del Ministerio para la Transición Ecológica, responsable de las actuaciones de protección, regeneración y adaptación de la infraestructura, actividad directamente vinculada con la regresión o los efectos de los temporales o el cambio climático. El otro problema es que el parque del Delta del Ebro funciona en precario, ya que su plan rector de uso y gestión está todavía en elaboración, y en su fase inicial, y se está en fase de redacción del plan de protección del Delta del Ebro, todavía en negociación.

“Conservar el Trabucador no es solo un interés empresarial: forma parte de las obligaciones de la concesión y de la adaptación del litoral del delta al cambio climático”, afirma Christian Morrón, asesor legal de Infosa en materia de medio ambiente, que demanda “reglas claras y plazos que permitan actuar a tiempo después de cada temporal”.

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