Un sindicato de la Policía ha reclamado este domingo ampliar la plantilla estable de agentes en Ceuta tras la oleada de inmigración masiva y ha pedido amparo al presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, ante el “bloqueo” de la Delegación del Gobierno, que ha rechazado reunirse con representantes policiales. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha comunicado que el sistema sanitario en Ceuta ha atendido a 5.800 migrantes en los últimos 15 días, desde la entrada de 70.000 personas a finales de julio. “Está la mitad del hospital ocupado. No es una situación de colapso”, ha asegurado. También ha defendido que “asociar inmigración con enfermedad es injusto y es xenófobo”. “Los migrantes no traen enfermedades, pueden enfermar, pero no traen enfermedades”, ha recalcado. Previamente, el Partido Popular ha exigido la dimisión de García aludiendo al colapso de las urgencias de Ceuta. Sobre el terreno, la ciudad fronteriza marroquí de Castillejos ha amanecido este domingo con un despliegue de seguridad más reducido que el que exhibió ayer para frustrar la llegada de cientos de migrantes subsaharianos hacia Ceuta. Cerca de 300 personas, en su mayoría africanos de países en conflicto que aspiran a obtener asilo en la UE, fueron arrestados y enviados en autobuses a puntos alejados del sur de Marruecos.
Mónica García, desde la ciudad autónoma: “Asociar inmigración con enfermedad es injusto y es xenófobo” | Marruecos mantiene reforzado el despliegue de seguridad en la frontera de Castillejos con Ceuta
Un grupo de melillenses, tras el 15-A: “Está ahí la posibilidad de irse a la Península”
Un grupo de melillenses se ha reunido para tomar el aperitivo no lejos de la céntrica plaza de las Cuatro Culturas. El tema de conversación entre los hermanos y amigos reunidos en torno a la mesa es la inquietud que cunde estos días por la alerta de aluvión masivo.
Esta vez la alerta ha quedado en nada, pero creen firmemente que el problema haya desaparecido. “Lo que pasa en Ceuta va a pasar en Melilla. Eso lo tenemos claro”, afirma enfadada Loli, puericultora de 58 años. Durante los últimos días, cuenta, han estado pendientes más de Facebook que de las noticias: “Lo primero que haces cuando te levantas es mirar qué ha ocurrido“.
La posibilidad de que la presión sobre la ciudad aumente lleva inevitablemente a plantearse incluso la marcha. “Está ahí la posibilidad de irse a la Península”, dice Lola, enfermera de 57 años, aunque inmediatamente señala el coste de una decisión así: “Pero es que tampoco es tan fácil. Yo me voy a la Península, pero mi trabajo, casa…”.
Melilla, insiste la familia, no es simplemente el lugar en el que viven: “Si no puede decir viva Melilla, no va a decir Viva España”, sostiene Loli, que considera que en el resto de España se percibe como un problema de Ceuta y Melilla. Lola considera que los aluviones ”ahora sí“ son ”una realidad“. ”Nos están haciendo un pulso, han hecho una prueba”, sostiene sobre Marruecos. «Y han visto […] la capacidad de respuesta del Gobierno español”, al que culpan de la situación.
Desde su ámbito profesional introduce, sin embargo, un matiz: por el momento no percibe una presión sanitaria excepcional tras las últimas entradas, pero considera imprescindible prever qué ocurriría ante una llegada mucho mayor. “Hay que estar preparados”, afirma.
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