A las ocho de la mañana sonó el pitido radiofónico que dio paso al último monólogo de Carlos Alsina. A partir de la temporada que viene será Rafa Latorre el que madrugue, mientras Alsina sigue a partir de las diez de la mañana Leer A las ocho de la mañana sonó el pitido radiofónico que dio paso al último monólogo de Carlos Alsina. A partir de la temporada que viene será Rafa Latorre el que madrugue, mientras Alsina sigue a partir de las diez de la mañana Leer
Sonó los pitidos de la radio que va marcando las horas. Avisaron de que eran las ocho de la mañana. En Onda Cero no importaba la hora que marcó el reloj, sino lo que suponían esos pitidos para todo el equipo de Más de Uno: el último monólogo de Carlos Alsina antes de que arranque la nueva temporada de Más de Uno en septiembre donde será Rafa Latorre el que se encargue de los madrugones y de esos monólogos, mientras Alsina llegará sin ojeras ni legañas a las 10 para hacer la parte más divertida del programa.
En septiembre, además de quitarse de encima los madrugones, también se olvidará de preparar el monólogo de cada mañana. Porque hoy, a las ocho de la mañana Carlos Alsina ha hecho su último monólogo de Más de uno y se ha despedido de 11 años al pie del cañón de la actualidad, de la dureza de ese cañón que no ha esquivado en ninguno de sus 2.500 monólogos.
Desde que Onda Cero confirmó que, a partir de la próxima temporada, Rafa Latorre asumirá la primera parte de Más de Uno, todo el mundo sabía que el último monólogo de Alsina a las ocho tendría un significado especial. Lo que nadie sabía era cómo iba a despedirse quien lleva 11 años convirtiendo esa hora en uno de los grandes rituales informativos de la radio española.
No hubo grandilocuencia. Tampoco sentimentalismo impostado. Hubo memoria. Hubo gratitud. Y hubo una emoción contenida que, precisamente por estar contenida, resultó todavía más poderosa.
Alsina hizo lo que mejor sabe hacer: contar una historia. Sólo que esta vez la historia era la suya.
Comenzó hablando de Perdidos. De aquella serie que millones de espectadores siguieron durante años y cuyo final dividió al público. Para muchos fue un fracaso. A Alsina siempre le gustó porque, explicó, en realidad no hablaba del desenlace de la trama sino de algo mucho más sencillo y mucho más humano: aprender a dejar marchar aquello que ha formado parte de tu vida.
Era una metáfora perfecta. Durante unos minutos parecía que hablaba de Jack, de la isla o de aquellos personajes incapaces de despedirse. En realidad estaba preparando a los oyentes para despedirse de ellos.
«El viaje mereció la pena». Ese era el verdadero mensaje.
A partir de ahí, el monólogo se convirtió en un viaje por 11 años de historia compartida. Las primeras emisiones de abril de 2015, el Brexit, el desafío independentista, los atentados de París, la pandemia o la guerra de Ucrania fueron reapareciendo como las estaciones de un mismo recorrido. «2.500 mañanas. 2.500 citas tú y yo a esta hora», recordó, poniendo cifra a una rutina que durante más de una década ha acompañado el despertar de millones de oyentes.
Mientras repasaba aquellos momentos, el estudio y el control de Más de Uno se convirtió en un patio de butacas hasta la bandera. Compañeros, amigos, colaboradores… Lágrimas, sonrisas, palmadas de apoyo entre unos y otros, y en el centro del escenario, enfrente del micrófono, Carlos Alsina, como si esa expectación, que hubiera acongojado a cualquiera, no fuera con él.
Recordó que cuando empezó esta aventura nadie conocía a Carles Puigdemont, porque entonces «era Artur Mas el que tocaba las narices al Estado». Tampoco a Begoña Gómez. Ni imaginaba muchas de las crisis que terminarían marcando la actualidad. Pero también recordaba algo mucho más importante: «mientras el país cambiaba, también cambiaban las vidas de quienes están al otro lado de la radio».
Quienes tuvieron hijos. Quienes fueron abuelos. Quienes cambiaron de trabajo. Quienes aprendieron a disfrutar de una siesta. Y quienes, sencillamente, siguieron despertándose cada mañana con la misma voz.
Ese fue probablemente el momento más emocionante del discurso. Porque Alsina dejó de hablar de política para hablar de la vida.
Y entonces apareció la pandemia.
Difícil olvidar aquellas mañanas de 2020 en las que la radio dejó de ser únicamente un medio de comunicación para convertirse casi en un refugio emocional. Alsina recordó a los oyentes que llamaban para compartir sus dudas, sus miedos y, sobre todo, a sus muertos. Recordó a los niños que enviaban notas de voz desde casa. Recordó aquellos días en los que nadie podía abrazar a nadie y la radio servía para sentir que, al menos durante unas horas, nadie estaba completamente solo.
No era un ejercicio de nostalgia. Era el reconocimiento de que un programa informativo también puede construir una comunidad.
Después llegaron los agradecimientos. Uno tras otro. Redactores, técnicos, productores, ingenieros, responsables de Informativos… Una larga lista de nombres que rara vez escuchan los oyentes pero que sostienen cada madrugada antes de que el país despierte.
Y, por supuesto, hubo espacio para quienes ya no están: Fernando Ónega. Raúl del Pozo. Dos ausencias convertidas en recuerdo dentro de un monólogo que hablaba precisamente de eso: de cómo el tiempo pasa incluso para quienes parecen acompañarnos cada mañana.
Paradójicamente, el cierre del discurso no fue una despedida de la radio. Fue una reivindicación de ella.
Porque Alsina no se marcha de Onda Cero. Seguirá en Más de Uno. Seguirá entrevistando. Seguirá haciendo radio. Lo que abandona es una liturgia. Esa ceremonia de las ocho en la que durante más de una década ha marcado el tono informativo del día.
A partir de septiembre serán otras voces las que despierten a los oyentes. La primera será la de Rafa Latorre, encargado de abrir una nueva etapa en Más de Uno. Una transición generacional cuidadosamente diseñada por Onda Cero, pero inevitablemente cargada de simbolismo. Porque no se cambia sólo a un presentador en una franja horaria. Se releva una costumbre.
Quizá por eso el monólogo emocionó tanto. No porque anunciara un adiós definitivo, sino porque sonó a final de ciclo.
Hay voces que informan. Otras entretienen. Y luego están las que acaban formando parte de la rutina de un país. Durante 11 años, la de Carlos Alsina ha sido una de ellas. Cada mañana, a las ocho, millones de personas sabían exactamente quién les iba a explicar el mundo.
Paradójicamente, el último monólogo de las ocho no fue un adiós a la radio. Alsina seguirá en Más de Uno. Seguirá entrevistando y seguirá analizando la actualidad. Lo que termina es una liturgia. Esa cita diaria con la que durante 11 años ha abierto la mañana informativa de España. Antes de despedirse aún tuvo tiempo para una última sonrisa, deseando que en Onda Cero le nombren «redactor honorario». Un guiño final después de un monólogo que, más que una despedida, sonó al final de una época.
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