Hay una pregunta que suele repetirse cada vez que Lionel Messi estrena unas nuevas botas: ¿de verdad pueden hacer correr más rápido a un futbolista? Para ello, hay que remontarse a 2012. Ese fue el año que Messi ganó su tercer Balón de Oro, se convirtió en el máximo goleador histórico del F.C. Barcelona y el máximo a nivel europeo en una temporada. Pero también hubo un hito en otro deporte.
Kobe Bryant, quien logró ser el jugador más joven en alcanzar los 30.000 puntos, lanzó un calzado propio: las Kobe 8 System. El escolta estadounidense quería que la zapatilla fuera una extensión de su pie. Con esto en mente diseñaron una suela exterior de goma de un milímetro que combina el clásico patrón de espiga con un patrón de tracción inspirado en las escamas de serpiente y utiliza menos goma que las suelas tradicionales para una durabilidad ligera y tracción en múltiples superficies. Eso es precisamente lo que pretendía conseguir Messi con sus botas F50, que fueran una extensión de su pie.
Ninguna bota convierte por sí sola a un jugador en el más veloz del mundo. Pero sí puede ayudar a que parte de la energía que genera cada músculo llegue al césped de forma más eficiente, reducir algunos gramos innecesarios en cada paso y mejorar el control del balón cuando se corre al límite. Y eso, en un deporte donde un sprint puede decidir un partido, resulta mucho más importante de lo que parece.
Las nuevas Adidas F50 Messi representan precisamente esa filosofía: una bota concebida para que el jugador apenas note que la lleva puesta. Uno de los aspectos que más llama la atención es su peso. La versión Elite específica de Messi apenas alcanza los 199 gramos, una cifra impensable hace apenas unas décadas, cuando muchas botas de fútbol superaban ampliamente los 350 gramos. Desde el punto de vista de la biomecánica, el pie es el extremo de una larga palanca formada por toda la pierna. Cada gramo que se elimina en esa zona reduce ligeramente el momento de inercia durante el balanceo, lo que facilita acelerar y desacelerar el movimiento miles de veces durante un partido.
No es que un futbolista vaya a correr varios kilómetros por hora más rápido, pero sí gastará menos energía en cada zancada. Y después de varios centenares de aceleraciones a lo largo de 90 minutos, ese pequeño ahorro puede marcar la diferencia. Luego tenemos el contacto con el balón. Durante décadas, el calzado específico para jugadores de fútbol buscaba proteger el pie, el siguiente paso fue convertirse casi en una segunda piel. La última evolución, sin embargo, es la textura exterior.
La versión desarrollada para Messi utiliza un material denominado HybridTouch, una superficie sintética extremadamente flexible diseñada para adaptarse al pie y transmitir una sensación muy similar al contacto directo con el balón. Sobre ella aparece un relieve tridimensional que mejora el agarre durante el regate y el golpeo incluso a gran velocidad. Es cuestión de física: cuando el balón permanece unas milésimas de segundo en contacto con la superficie de la bota, un pequeño aumento de la fricción permite controlar mejor su trayectoria sin necesidad de ejercer más fuerza. Es el mismo principio que utilizan las ruedas de un coche deportivo para mantener la adherencia en una curva.
La mayor parte de la innovación, sin embargo, no se encuentra donde golpea el balón, sino donde casi nadie mira: la suela. Las F50 poseen una tecnología que Adidas bautizó como Sprintframe 360, una estructura interna aligerada y un contrafuerte exterior que estabiliza el talón durante la aceleración. La disposición de los tacos combina formas alargadas y redondeadas para ofrecer tracción al arrancar, estabilidad durante los cambios de dirección y una liberación rápida del pie al finalizar cada apoyo. En términos de ingeniería, el objetivo consiste en maximizar la fuerza horizontal sin penalizar la capacidad de girar o la necesidad de frenar.
Otra de las obsesiones de los ingenieros es evitar que el pie se desplace dentro de la bota. Cada pequeño movimiento interno supone energía desperdiciada y tiempo que se cede al otro equipo. Para evitar esto se ha usado una lengüeta envolvente (conocida como Burrito Tongue en la versión de Messi) y un sistema que abraza el mediopié para mantener el pie firmemente sujeto sin generar puntos de presión excesivos. En este modelo, cada relieve, cada taco y cada fibra sintética responden a cientos de horas de pruebas para ahorrar fracciones de segundo, mejorar el contacto con el balón o reducir la fatiga.
Es cierto que ninguna tecnología por separado convierte a Messi en Messi. Pero la suma de materiales como HybridTouch, la textura Sprintweb, la suela Sprintframe 360 y el trabajo sobre el ajuste crea un conjunto donde cada detalle busca ahorrar una fracción de energía o mejorar una décima de segundo.
Al igual que Kobe Bryant en su momento, el astro argentino colaboró con la compañía alemana para crear un calzado acorde con sus habilidades.
Hay una pregunta que suele repetirse cada vez que Lionel Messi estrena unas nuevas botas: ¿de verdad pueden hacer correr más rápido a un futbolista? Para ello, hay que remontarse a 2012. Ese fue el año que Messi ganó su tercer Balón de Oro, se convirtió en el máximo goleador histórico del F.C. Barcelona y el máximo a nivel europeo en una temporada. Pero también hubo un hito en otro deporte.
Kobe Bryant, quien logró ser el jugador más joven en alcanzar los 30.000 puntos, lanzó un calzado propio: las Kobe 8 System. El escolta estadounidense quería que la zapatilla fuera una extensión de su pie. Con esto en mente diseñaron una suela exterior de goma de un milímetro que combina el clásico patrón de espiga con un patrón de tracción inspirado en las escamas de serpiente y utiliza menos goma que las suelas tradicionales para una durabilidad ligera y tracción en múltiples superficies. Eso es precisamente lo que pretendía conseguir Messi con sus botas F50, que fueran una extensión de su pie.
Ninguna bota convierte por sí sola a un jugador en el más veloz del mundo. Pero sí puede ayudar a que parte de la energía que genera cada músculo llegue al césped de forma más eficiente, reducir algunos gramos innecesarios en cada paso y mejorar el control del balón cuando se corre al límite. Y eso, en un deporte donde un sprint puede decidir un partido, resulta mucho más importante de lo que parece.
Las nuevas Adidas F50 Messi representan precisamente esa filosofía: una bota concebida para que el jugador apenas note que la lleva puesta. Uno de los aspectos que más llama la atención es su peso. La versión Elite específica de Messi apenas alcanza los 199 gramos, una cifra impensable hace apenas unas décadas, cuando muchas botas de fútbol superaban ampliamente los 350 gramos. Desde el punto de vista de la biomecánica, el pie es el extremo de una larga palanca formada por toda la pierna. Cada gramo que se elimina en esa zona reduce ligeramente el momento de inercia durante el balanceo, lo que facilita acelerar y desacelerar el movimiento miles de veces durante un partido.
No es que un futbolista vaya a correr varios kilómetros por hora más rápido, pero sí gastará menos energía en cada zancada. Y después de varios centenares de aceleraciones a lo largo de 90 minutos, ese pequeño ahorro puede marcar la diferencia. Luego tenemos el contacto con el balón. Durante décadas, el calzado específico para jugadores de fútbol buscaba proteger el pie, el siguiente paso fue convertirse casi en una segunda piel. La última evolución, sin embargo, es la textura exterior.
La versión desarrollada para Messi utiliza un material denominado HybridTouch, una superficie sintética extremadamente flexible diseñada para adaptarse al pie y transmitir una sensación muy similar al contacto directo con el balón. Sobre ella aparece un relieve tridimensional que mejora el agarre durante el regate y el golpeo incluso a gran velocidad. Es cuestión de física: cuando el balón permanece unas milésimas de segundo en contacto con la superficie de la bota, un pequeño aumento de la fricción permite controlar mejor su trayectoria sin necesidad de ejercer más fuerza. Es el mismo principio que utilizan las ruedas de un coche deportivo para mantener la adherencia en una curva.
La mayor parte de la innovación, sin embargo, no se encuentra donde golpea el balón, sino donde casi nadie mira: la suela. Las F50 poseen una tecnología que Adidas bautizó como Sprintframe 360, una estructura interna aligerada y un contrafuerte exterior que estabiliza el talón durante la aceleración. La disposición de los tacos combina formas alargadas y redondeadas para ofrecer tracción al arrancar, estabilidad durante los cambios de dirección y una liberación rápida del pie al finalizar cada apoyo. En términos de ingeniería, el objetivo consiste en maximizar la fuerza horizontal sin penalizar la capacidad de girar o la necesidad de frenar.
Otra de las obsesiones de los ingenieros es evitar que el pie se desplace dentro de la bota. Cada pequeño movimiento interno supone energía desperdiciada y tiempo que se cede al otro equipo. Para evitar esto se ha usado una lengüeta envolvente (conocida como Burrito Tongue en la versión de Messi) y un sistema que abraza el mediopié para mantener el pie firmemente sujeto sin generar puntos de presión excesivos. En este modelo, cada relieve, cada taco y cada fibra sintética responden a cientos de horas de pruebas para ahorrar fracciones de segundo, mejorar el contacto con el balón o reducir la fatiga.
Es cierto que ninguna tecnología por separado convierte a Messi en Messi. Pero la suma de materiales como HybridTouch, la textura Sprintweb, la suela Sprintframe 360 y el trabajo sobre el ajuste crea un conjunto donde cada detalle busca ahorrar una fracción de energía o mejorar una décima de segundo.
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