Reemplazar la “memoria económica”, el gran reto de la IA

Las empresas suelen preocuparse por perder clientes, cuota de mercado o beneficios. Sin embargo, existe otro activo mucho más difícil de medir y, probablemente, mucho más caro de recuperar: el conocimiento que acumulan las personas. ¿Qué ocurre cuando un ingeniero con treinta años de experiencia se jubila? ¿O cuando un investigador, un programador o un directivo decide marcharse a otra compañía o incluso a otro país? En muchas ocasiones no solo desaparece un trabajador. También lo hacen miles de horas de experiencia, decisiones, errores aprendidos, relaciones con clientes y soluciones que nunca llegaron a escribirse en ningún manual.

Ese fenómeno, conocido como pérdida de conocimiento organizacional, preocupa cada vez más a las grandes empresas. Según una encuesta realizada por Entelgy entre 300 CEOs y directivos de grandes compañías españolas, el 45 % considera que la pérdida de ese conocimiento puede comprometer hasta la mitad de determinados resultados financieros y operativos.

Durante décadas, la riqueza de una empresa se medía por sus fábricas, sus edificios o su maquinaria. Hoy, buena parte de su valor reside en algo mucho más intangible: el capital humano. No es una cuestión menor. Según la Fundación BBVA el capital humano constituye el principal factor productivo de España. En 2021 su valor se estimó en 15,2 billones de euros, aproximadamente cuatro veces superior al stock de capital físico del país. Sin embargo, ese mismo informe advierte de una tendencia preocupante: el valor del capital humano por habitante ha descendido un 19,1 % desde el año 2000, debido principalmente al envejecimiento de la población y a factores relacionados con el mercado laboral. En otras palabras, el recurso más importante de la economía española también es uno de los más frágiles.

A este problema se suma otro que España conoce desde hace años: la emigración de profesionales altamente cualificados. Cada ingeniero, médico o científico que desarrolla su carrera en otro país representa una inversión educativa realizada por la sociedad española cuyos beneficios terminan generándose fuera de sus fronteras. El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) ha estimado que el valor del capital humano perdido por efecto de la emigración supera los 150.000 millones de euros, una cifra que pone de manifiesto que la fuga de talento no solo tiene consecuencias personales, sino también económicas.

Paradójicamente, mientras las empresas intentan conservar el conocimiento de quienes se jubilan, el país continúa viendo cómo parte de sus profesionales más preparados desarrolla su carrera en el extranjero. Así, uno de los mayores problemas es que gran parte de la experiencia acumulada nunca llega a documentarse. Cómo resolver una avería especialmente compleja. Qué proveedor responde mejor ante una urgencia. Cómo interpretar determinados datos de producción. O simplemente qué errores conviene no repetir. Ese conocimiento, tácito y táctico, constituye la auténtica memoria de una organización.

Durante años, conservarlo dependía de la mentoría entre generaciones y de la capacidad de transmitir experiencia antes de una jubilación. Hoy empieza a aparecer un nuevo aliado. La inteligencia artificial como memoria externa. Frente a la idea de que la IA únicamente sustituirá puestos de trabajo, muchas empresas empiezan a utilizarla para conservar el conocimiento de quienes ya forman parte de la organización.

Según la encuesta de Entelgy, el 46 % de los directivos cree que la inteligencia artificial favorecerá la creación de nuevos empleos especializados, mientras que un 31,7 % considera que ayudará a retener talento mediante políticas más personalizadas. Solo un 22,3 % prevé que su implantación derive principalmente en recortes de plantilla. Las aplicaciones ya comienzan a extenderse: modelos capaces de documentar automáticamente procedimientos, asistentes que responden preguntas utilizando la experiencia acumulada por empleados veteranos o sistemas predictivos que identifican riesgos de fuga de talento antes de que se produzcan.

Durante años, el mayor fantasma de muchos sectores fue que la IA sustituya ciertas funciones, léase que reemplace a los humanos. Ahora puede que su función sea casi la opuesta y se dedique a evitar que desaparezca la experiencia humana. Por primera vez, la inteligencia artificial podría ser un recurso confiable y específico dedicado a la memoria de una empresa. Alimentado por humanos. Eso sí sería un cambio de paradigma. Una encuesta realizada en España señala que uno de los mayores temores de los directivos de grandes empresas, es la pérdida del conocimiento que aportan los empleados de mayor experiencia.   

Las empresas suelen preocuparse por perder clientes, cuota de mercado o beneficios. Sin embargo, existe otro activo mucho más difícil de medir y, probablemente, mucho más caro de recuperar: el conocimiento que acumulan las personas. ¿Qué ocurre cuando un ingeniero con treinta años de experiencia se jubila? ¿O cuando un investigador, un programador o un directivo decide marcharse a otra compañía o incluso a otro país? En muchas ocasiones no solo desaparece un trabajador. También lo hacen miles de horas de experiencia, decisiones, errores aprendidos, relaciones con clientes y soluciones que nunca llegaron a escribirse en ningún manual.

Ese fenómeno, conocido como pérdida de conocimiento organizacional, preocupa cada vez más a las grandes empresas. Según una encuesta realizada por Entelgy entre 300 CEOs y directivos de grandes compañías españolas, el 45 % considera que la pérdida de ese conocimiento puede comprometer hasta la mitad de determinados resultados financieros y operativos.

Durante décadas, la riqueza de una empresa se medía por sus fábricas, sus edificios o su maquinaria. Hoy, buena parte de su valor reside en algo mucho más intangible: el capital humano. No es una cuestión menor. Según la Fundación BBVA el capital humano constituye el principal factor productivo de España. En 2021 su valor se estimó en 15,2 billones de euros, aproximadamente cuatro veces superior al stock de capital físico del país. Sin embargo, ese mismo informe advierte de una tendencia preocupante: el valor del capital humano por habitante ha descendido un 19,1 % desde el año 2000, debido principalmente al envejecimiento de la población y a factores relacionados con el mercado laboral. En otras palabras, el recurso más importante de la economía española también es uno de los más frágiles.

A este problema se suma otro que España conoce desde hace años: la emigración de profesionales altamente cualificados. Cada ingeniero, médico o científico que desarrolla su carrera en otro país representa una inversión educativa realizada por la sociedad española cuyos beneficios terminan generándose fuera de sus fronteras. El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) ha estimado que el valor del capital humano perdido por efecto de la emigración supera los 150.000 millones de euros, una cifra que pone de manifiesto que la fuga de talento no solo tiene consecuencias personales, sino también económicas.

Paradójicamente, mientras las empresas intentan conservar el conocimiento de quienes se jubilan, el país continúa viendo cómo parte de sus profesionales más preparados desarrolla su carrera en el extranjero. Así, uno de los mayores problemas es que gran parte de la experiencia acumulada nunca llega a documentarse. Cómo resolver una avería especialmente compleja. Qué proveedor responde mejor ante una urgencia. Cómo interpretar determinados datos de producción. O simplemente qué errores conviene no repetir. Ese conocimiento, tácito y táctico, constituye la auténtica memoria de una organización.

Durante años, conservarlo dependía de la mentoría entre generaciones y de la capacidad de transmitir experiencia antes de una jubilación. Hoy empieza a aparecer un nuevo aliado. La inteligencia artificial como memoria externa. Frente a la idea de que la IA únicamente sustituirá puestos de trabajo, muchas empresas empiezan a utilizarla para conservar el conocimiento de quienes ya forman parte de la organización.

Según la encuesta de Entelgy, el 46 % de los directivos cree que la inteligencia artificial favorecerá la creación de nuevos empleos especializados, mientras que un 31,7 % considera que ayudará a retener talento mediante políticas más personalizadas. Solo un 22,3 % prevé que su implantación derive principalmente en recortes de plantilla. Las aplicaciones ya comienzan a extenderse: modelos capaces de documentar automáticamente procedimientos, asistentes que responden preguntas utilizando la experiencia acumulada por empleados veteranos o sistemas predictivos que identifican riesgos de fuga de talento antes de que se produzcan.

Durante años, el mayor fantasma de muchos sectores fue que la IA sustituya ciertas funciones, léase que reemplace a los humanos. Ahora puede que su función sea casi la opuesta y se dedique a evitar que desaparezca la experiencia humana.Por primera vez, la inteligencia artificial podría ser un recurso confiable y específico dedicado a la memoria de una empresa. Alimentado por humanos.Eso sí sería un cambio de paradigma. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón

Noticias Similares