La nave enviada por la NASA para rescatar el satélite SWIFT está girando fuera de control

La nave robótica de Katalyst Space, LINK, lanzada el 3 de julio para impedir que el observatorio espacial SWIFT termine cayendo hacia la atmósfera y se destruya, está girando fuera de control tras sufrir un nuevo fallo en su sistema de orientación. La NASA ha confirmado que dos de sus tres ruedas de reacción no funcionan y que el sistema de propulsores de gas frío también ha perdido parte de su capacidad.

Las ruedas de reacción son volantes internos accionados por motores eléctricos. Al acelerar o frenar su giro, hacen que la nave rote en sentido contrario y permiten orientarla sin gastar combustible. LINK necesitaba tres para controlar sus movimientos sobre los tres ejes. Los propulsores de gas frío complementan ese sistema expulsando pequeñas cantidades de gas comprimido, sin combustión, para aplicar impulsos breves y corregir rápidamente la orientación.

El problema comenzó durante el fin de semana y provocó comunicaciones intermitentes con la nave. LINK sigue generando suficiente electricidad, mantiene el contacto con Katalyst Space y conserva operativos sus otros sistemas principales. Los técnicos intentarán frenar el giro durante los próximos días mediante sus propulsores eléctricos de xenón.

LINK mide 1,5 metros de altura, pesa 425 kilogramos y despliega paneles solares con una envergadura de unos seis metros. Cuenta con tres brazos robóticos y tres propulsores iónicos alimentados por unos 60 kilogramos de xenón. Estos motores convierten el gas en partículas cargadas y las aceleran mediante campos eléctricos. Producen poco empuje, pero pueden funcionar durante largos periodos con mucha más eficiencia que un motor químico, algo esencial para elevar lentamente la órbita de SWIFT, el propósito de la misión.

SWIFT lleva casi 22 años en el espacio desde su lanzamiento el 20 de noviembre de 2004. El observatorio pesa 1.470 kilogramos, mide 5,6 metros de altura y sus paneles solares alcanzan cuatro metros. Sus tres telescopios observan el cielo en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Su misión principal consiste en detectar estallidos de rayos gamma y estudiar su evolución, aunque también ha observado agujeros negros, estrellas de neutrones, cometas y otros fenómenos.

La necesidad de rescatarlo se debe a que SWIFT carece de un sistema de propulsión capaz de mantener su altitud. La tenue atmósfera que todavía existe en la órbita terrestre baja frena ligeramente a los satélites. Esa pérdida continua de velocidad y energía hace que sus órbitas desciendan de forma progresiva. El aumento de la actividad solar ha expandido las capas superiores de la atmósfera y ha acelerado esa pérdida de altura hasta situar al observatorio en riesgo de reentrar y destruirse.

El plan original preveía que LINK complete sus comprobaciones, viaje hasta SWIFT y realice una inspección visual para confirmar dónde puede sujetarlo sin dañarlo. Después tiene que desplegar sus tres brazos, agarrar el observatorio y utilizar los motores de xenón para elevarlo lentamente hasta unos 600 kilómetros de altitud a lo largo de varios meses. Una vez terminada la maniobra, LINK se separará y acabará reentrando en la atmósfera.

Los siguientes pasos dependen ahora de que Katalyst consiga detener los giros incontrolados. Cuando LINK recupere una orientación estable, el equipo revisará su estado y modificará el software de guiado, navegación y control para adaptarlo a la pérdida de dos ruedas. Katalyst y la NASA decidirán entonces si puede aproximarse y capturar SWIFT con seguridad o si la misión necesita otro plan.

 El fallo de dos de sus tres ruedas de reacción obliga a estabilizar a LINK antes de decidir si puede acercarse al observatorio y elevar su órbita  

La nave robótica de Katalyst Space, LINK, lanzada el 3 de julio para impedir que el observatorio espacial SWIFT termine cayendo hacia la atmósfera y se destruya, está girando fuera de control tras sufrir un nuevo fallo en su sistema de orientación. La NASA ha confirmado que dos de sus tres ruedas de reacción no funcionan y que el sistema de propulsores de gas frío también ha perdido parte de su capacidad.

Las ruedas de reacción son volantes internos accionados por motores eléctricos. Al acelerar o frenar su giro, hacen que la nave rote en sentido contrario y permiten orientarla sin gastar combustible. LINK necesitaba tres para controlar sus movimientos sobre los tres ejes. Los propulsores de gas frío complementan ese sistema expulsando pequeñas cantidades de gas comprimido, sin combustión, para aplicar impulsos breves y corregir rápidamente la orientación.

El problema comenzó durante el fin de semana y provocó comunicaciones intermitentes con la nave. LINK sigue generando suficiente electricidad, mantiene el contacto con Katalyst Space y conserva operativos sus otros sistemas principales. Los técnicos intentarán frenar el giro durante los próximos días mediante sus propulsores eléctricos de xenón.

LINK mide 1,5 metros de altura, pesa 425 kilogramos y despliega paneles solares con una envergadura de unos seis metros. Cuenta con tres brazos robóticos y tres propulsores iónicos alimentados por unos 60 kilogramos de xenón. Estos motores convierten el gas en partículas cargadas y las aceleran mediante campos eléctricos. Producen poco empuje, pero pueden funcionar durante largos periodos con mucha más eficiencia que un motor químico, algo esencial para elevar lentamente la órbita de SWIFT, el propósito de la misión.

SWIFT lleva casi 22 años en el espacio desde su lanzamiento el 20 de noviembre de 2004. El observatorio pesa 1.470 kilogramos, mide 5,6 metros de altura y sus paneles solares alcanzan cuatro metros. Sus tres telescopios observan el cielo en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Su misión principal consiste en detectar estallidos de rayos gamma y estudiar su evolución, aunque también ha observado agujeros negros, estrellas de neutrones, cometas y otros fenómenos.

La necesidad de rescatarlo se debe a que SWIFT carece de un sistema de propulsión capaz de mantener su altitud. La tenue atmósfera que todavía existe en la órbita terrestre baja frena ligeramente a los satélites. Esa pérdida continua de velocidad y energía hace que sus órbitas desciendan de forma progresiva. El aumento de la actividad solar ha expandido las capas superiores de la atmósfera y ha acelerado esa pérdida de altura hasta situar al observatorio en riesgo de reentrar y destruirse.

El plan original preveía que LINK complete sus comprobaciones, viaje hasta SWIFT y realice una inspección visual para confirmar dónde puede sujetarlo sin dañarlo. Después tiene que desplegar sus tres brazos, agarrar el observatorio y utilizar los motores de xenón para elevarlo lentamente hasta unos 600 kilómetros de altitud a lo largo de varios meses. Una vez terminada la maniobra, LINK se separará y acabará reentrando en la atmósfera.

Los siguientes pasos dependen ahora de que Katalyst consiga detener los giros incontrolados. Cuando LINK recupere una orientación estable, el equipo revisará su estado y modificará el software de guiado, navegación y control para adaptarlo a la pérdida de dos ruedas. Katalyst y la NASA decidirán entonces si puede aproximarse y capturar SWIFT con seguridad o si la misión necesita otro plan.

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