Así funciona HAVOC el arma invisible de EEUU contra los enjambres de drones

La escena es frecuente en un entorno bélico: decenas de drones avanzando simultáneamente hacia una posición militar. No hay tiempo para apuntar un misil contra cada uno. Tampoco parece una buena idea gastar un interceptor de cientos de miles o millones de euros para destruir una máquina que puede costar una fracción de esa cantidad.

Pero hay una opción: en lugar de disparar, un vehículo militar apunta hacia ellos y emite un pulso invisible, sin proyectil ni explosión, solo una ráfaga de microondas de alta potencia. Y entonces varios drones empiezan a perder el control. Ese es el principio en el que se basa HAVOC (siglas de Capacidad Operativa de Vehículos Autónomos con Microondas de Alta Potencia), el nuevo sistema antidrones que el Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha encargado a la empresa Epirus. El contrato, valorado en 11 millones de dólares, pretende llevar al campo de batalla una versión móvil y evolucionada de su tecnología de microondas de alta potencia para enfrentarse a drones individuales y, sobre todo, a enjambres.

Y aquí la palabra importante no es microondas, es enjambre, porque la guerra ha descubierto una paradoja tecnológica. Un dron pequeño puede ser barato, fácil de fabricar y difícil de detectar. Pero su mayor ventaja aparece cuando deja de ser uno y se convierte en decenas. Un atacante puede lanzar simultáneamente numerosos aparatos y obligar al defensor a decidir cómo gastar sus recursos. Si para destruir cada dron hace falta un misil, el intercambio económico puede resultar absurdo.

Y además existe un problema físico: un enjambre puede saturar una defensa. No hace falta que todos los drones alcancen su objetivo. Basta con que algunos consigan atravesar las defensas. Por eso la defensa contra drones está evolucionando hacia sistemas capaces de producir un efecto de uno contra muchos, una suerte de ojo por ojo tecnológico, y HAVOC pretende ser precisamente eso.

Ahora sí, con las microondas, estas forman parte de la radiación electromagnética, igual que la luz visible, las ondas de radio o las infrarrojas. Lo que las diferencia es su frecuencia. Un sistema de microondas de alta potencia concentra una enorme cantidad de energía electromagnética y la dirige hacia una determinada zona. Cuando esa energía alcanza la electrónica de un dron, puede inducir corrientes y voltajes capaces de alterar o dañar sus circuitos.

El objetivo no es calentar el aparato, más bien atacar su electrónica. Un dron puede tener motores perfectamente funcionales, una batería cargada y una estructura intacta y, sin embargo, convertirse en un objeto inútil si pierde el funcionamiento de los sistemas que controlan su vuelo. Es una forma de guerra particularmente interesante porque no necesita destruir físicamente el objetivo, le basta con apagarlo. Epirus denomina a esto una capacidad one-to-many, de uno contra muchos. Su tecnología Leonidas, de la que deriva HAVOC, está diseñada precisamente para esa función.

Y la empresa asegura que en una demostración realizada en 2025 consiguió inutilizar los 49 drones de un enjambre. Es un resultado de la compañía y, por tanto, conviene interpretarlo como una demostración experimental, no como una garantía de que cualquier enjambre pueda ser destruido en cualquier circunstancia. Los Marines ya habían recibido en abril de 2025 un prototipo denominado ExDECS, desarrollado a partir de Leonidas. Aquel sistema estaba destinado a experimentar con microondas de alta potencia como defensa contra enjambres y a evaluar su utilidad para la defensa aérea de corto alcance. HAVOC es el siguiente paso.

El nuevo sistema será autónomo en determinadas funciones, tendrá una mayor potencia y cobertura y contará con un montaje universal que permitirá integrarlo en distintos vehículos terrestres tripulados y no tripulados del Cuerpo de Marines. La intención es que pueda desplazarse con las fuerzas y proteger posiciones avanzadas, radares, equipos de comunicaciones, puntos de reabastecimiento y otros activos importantes.

Pero las microondas no son una varita mágica y hay una razón por la que HAVOC todavía está en desarrollo. Las microondas de alta potencia tienen que superar sus propias limitaciones. La eficacia depende de factores como la distancia, la potencia disponible, la geometría del ataque, las características electrónicas del objetivo y la capacidad del sistema para detectar y seguir los drones. Además, no todos los drones son iguales. Algunos pueden tener electrónica más protegida, otros pueden ser autónomos y no depender de un enlace de radio convencional. Y un adversario puede intentar combinar drones de diferentes características para complicar la defensa. Por eso HAVOC no pretende sustituir a todos lo demás sistemas actuales.

 Está basado en la plataforma tecnológica Leonidas que ya ha sido probada en vehículos autónomos de los marines.  

La escena es frecuente en un entorno bélico: decenas de drones avanzando simultáneamente hacia una posición militar. No hay tiempo para apuntar un misil contra cada uno. Tampoco parece una buena idea gastar un interceptor de cientos de miles o millones de euros para destruir una máquina que puede costar una fracción de esa cantidad.

Pero hay una opción: en lugar de disparar, un vehículo militar apunta hacia ellos y emite un pulso invisible, sin proyectil ni explosión, solo una ráfaga de microondas de alta potencia. Y entonces varios drones empiezan a perder el control. Ese es el principio en el que se basa HAVOC (siglas de Capacidad Operativa de Vehículos Autónomos con Microondas de Alta Potencia), el nuevo sistema antidrones que el Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha encargado a la empresa Epirus. El contrato, valorado en 11 millones de dólares, pretende llevar al campo de batalla una versión móvil y evolucionada de su tecnología de microondas de alta potencia para enfrentarse a drones individuales y, sobre todo, a enjambres.

Y aquí la palabra importante no es microondas, es enjambre, porque la guerra ha descubierto una paradoja tecnológica. Un dron pequeño puede ser barato, fácil de fabricar y difícil de detectar. Pero su mayor ventaja aparece cuando deja de ser uno y se convierte en decenas. Un atacante puede lanzar simultáneamente numerosos aparatos y obligar al defensor a decidir cómo gastar sus recursos. Si para destruir cada dron hace falta un misil, el intercambio económico puede resultar absurdo.

Y además existe un problema físico: un enjambre puede saturar una defensa. No hace falta que todos los drones alcancen su objetivo. Basta con que algunos consigan atravesar las defensas. Por eso la defensa contra drones está evolucionando hacia sistemas capaces de producir un efecto de uno contra muchos, una suerte de ojo por ojo tecnológico, y HAVOC pretende ser precisamente eso.

Ahora sí, con las microondas, estas forman parte de la radiación electromagnética, igual que la luz visible, las ondas de radio o las infrarrojas. Lo que las diferencia es su frecuencia. Un sistema de microondas de alta potencia concentra una enorme cantidad de energía electromagnética y la dirige hacia una determinada zona. Cuando esa energía alcanza la electrónica de un dron, puede inducir corrientes y voltajes capaces de alterar o dañar sus circuitos.

El objetivo no es calentar el aparato, más bien atacar su electrónica. Un dron puede tener motores perfectamente funcionales, una batería cargada y una estructura intacta y, sin embargo, convertirse en un objeto inútil si pierde el funcionamiento de los sistemas que controlan su vuelo. Es una forma de guerra particularmente interesante porque no necesita destruir físicamente el objetivo, le basta con apagarlo. Epirus denomina a esto una capacidad one-to-many, de uno contra muchos. Su tecnología Leonidas, de la que deriva HAVOC, está diseñada precisamente para esa función.

Y la empresa asegura que en una demostración realizada en 2025 consiguió inutilizar los 49 drones de un enjambre. Es un resultado de la compañía y, por tanto, conviene interpretarlo como una demostración experimental, no como una garantía de que cualquier enjambre pueda ser destruido en cualquier circunstancia. Los Marines ya habían recibido en abril de 2025 un prototipo denominado ExDECS, desarrollado a partir de Leonidas. Aquel sistema estaba destinado a experimentar con microondas de alta potencia como defensa contra enjambres y a evaluar su utilidad para la defensa aérea de corto alcance. HAVOC es el siguiente paso.

El nuevo sistema será autónomo en determinadas funciones, tendrá una mayor potencia y cobertura y contará con un montaje universal que permitirá integrarlo en distintos vehículos terrestres tripulados y no tripulados del Cuerpo de Marines. La intención es que pueda desplazarse con las fuerzas y proteger posiciones avanzadas, radares, equipos de comunicaciones, puntos de reabastecimiento y otros activos importantes.

Pero las microondas no son una varita mágica y hay una razón por la que HAVOC todavía está en desarrollo. Las microondas de alta potencia tienen que superar sus propias limitaciones. La eficacia depende de factores como la distancia, la potencia disponible, la geometría del ataque, las características electrónicas del objetivo y la capacidad del sistema para detectar y seguir los drones. Además, no todos los drones son iguales. Algunos pueden tener electrónica más protegida, otros pueden ser autónomos y no depender de un enlace de radio convencional. Y un adversario puede intentar combinar drones de diferentes características para complicar la defensa. Por eso HAVOC no pretende sustituir a todos lo demás sistemas actuales.

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