El español conquista su tercer título del año medio año después de su último trofeo y deja atrás las dudas sobre su muñeca derecha Leer El español conquista su tercer título del año medio año después de su último trofeo y deja atrás las dudas sobre su muñeca derecha Leer
Medio año después se disfruta de otra manera. CarlosAlcaraz volvió a vivir este martes el encanto de acariciar un título, de levantarlo, de sentirse campeón en el ATP 500 de Tokio. Estaba radiante en la celebración, con la sonrisa sincera de los niños pequeños. Estaba radiante al cerrar una de las peores rachas de su carrera por culpa de aquella maldita lesión en la muñeca derecha.
En la final del torneo derrotó al checo Jiri Lehecka por 7-6(4) y 6-4 en una hora y 36 minutos de juego para confirmar su regreso. En el US Open ya ofreció un tenis superlativo, su tenis, pero la trasnochada derrota en cuartos de final ante Ben Shelton dejó alguna duda sobre su estado físico. En los últimos días en Japón, en cambio, quedó claro que el dolor ya es pasado y que el futuro sigue siendo suyo, empezando por este otoño.
El tenis anda raro, con la ausencia de sus figuras esta temporada, y ahora le toca a Jannik Sinner, que no volverá a jugar este año por culpa de una desconocida dolencia en una rodilla. Alexander Zverev, pese a sus dos Grand Slam, no es un dominador y por detrás no hay nadie que amenace, con Daniil Medvedev, y sus locuras, como paradigma de un Top 10 de escaso brillo. Por suerte, está Alcaraz. En el Ariake Coliseum de Tokio demostró de nuevo que domina todas las artes, que controla a sus rivales a placer, que manda en los tiempos del tenis. Fue campeón, su tercer título de la temporada después del Open de Australia y el ATP 500 de Doha, pero también fue algo más.
Subrayó que puede ganar de muchas maneras. Si en semifinales había tumbado a Jaume Munar a golpes, a base de derechazos y de una presión constante desde el fondo, ante Lehecka encontró otra vía. No necesitó atropellarle. Lo controló cambiándole las velocidades a los intercambios, acelerando cuando tocaba y frenando cuando convenía, obligando al checo a golpear una vez más, a jugar una bola más, hasta encontrar el error. Alcaraz no sólo manda cuando pega más fuerte. También cuando decide a qué velocidad se juega el partido.
Lehecka apareció mejor en la pista, con un break a favor, y aguantó el pulso durante el primer set, pero Alcaraz supo esperar su momento. No se precipitó, no se frustró y fue llevando al checo hacia ese territorio en el que cada golpe empieza a pesar un poco más. La diferencia no estaba únicamente en la potencia, sino en la capacidad para cambiar el guion sin perder nunca el control. Una dejada, un cambio de dirección, una bola más profunda o un latigazo de derecha. Recursos distintos para llegar al mismo sitio: el dominio, la victoria.
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