
Es como si hubiese nevado en pleno agosto. Pero no es nieve, es ceniza. Las 3.750 hectáreas calcinadas dentro del parque natural de la Sierra de Espadán han quedado cubiertas por un manto blanco que delata la violencia del incendio: cuanto más claro es el suelo, mayor fue la temperatura que alcanzaron las llamas, hasta los 700 grados. Un pino de unos 30 años ha terminado desplomado sobre la ladera. Su tronco se ha abierto en dos y de la herida sigue saliendo una densa columna de humo. Los servicios de emergencia lo vigilan porque cualquier golpe de viento puede reavivar el fuego. A su alrededor, los árboles que aún permanecen en pie conservan el negro del hollín en los troncos y las copas consumidas. Los que no resistieron yacen atravesados sobre los senderos. Las personas han podido salvar sus casas. Muchos animales, en cambio, han perdido la suya.




El incendio de la Vall d’Uixó ha dejado 3.750 hectáreas convertidas en un paisaje de ceniza, árboles carbonizados y humo que aún emerge del suelo una semana después 
Es como si hubiese nevado en pleno agosto. Pero no es nieve, es ceniza. Las 3.750 hectáreas calcinadas dentro del parque natural de la Sierra de Espadán han quedado cubiertas por un manto blanco que delata la violencia del incendio: cuanto más claro es el suelo, mayor fue la temperatura que alcanzaron las llamas, hasta los 700 grados. Un pino de unos 30 años ha terminado desplomado sobre la ladera. Su tronco se ha abierto en dos y de la herida sigue saliendo una densa columna de humo. Los servicios de emergencia lo vigilan porque cualquier golpe de viento puede reavivar el fuego. A su alrededor, los árboles que aún permanecen en pie conservan el negro del hollín en los troncos y las copas consumidas. Los que no resistieron yacen atravesados sobre los senderos. Las personas han podido salvar sus casas. Muchos animales, en cambio, han perdido la suya.




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