Los servicios de espionaje de Dinamarca han alertado este jueves de que existe riesgo de que Rusia lance un ataque “limitado” contra uno o varios países miembros de la OTAN en los próximos meses. “El objetivo sería desviar los recursos europeos —dejando de apoyar a Ucrania— y sembrar la división en el seno de la OTAN, en caso de que la alianza no lograra acordar una respuesta colectiva”, afirma en una evaluación el Servicio de Seguridad e Inteligencia de Dinamarca (PET, en sus siglas danesas). El aviso lanzado por Copenhague eleva el nivel de amenaza rusa en Europa, tan solo seis días después de que París ordenase el refuerzo de las infraestructuras críticas francesas ante el incremento de la ofensiva híbrida del Kremlin.
Los servicios de inteligencia daneses afirman que la agresión podría ser con armas de largo alcance contra infraestructuras vitales de los países vecinos de la Alianza
Los servicios de espionaje de Dinamarca han alertado este jueves de que existe riesgo de que Rusia lance un ataque “limitado” contra uno o varios países miembros de la OTAN en los próximos meses. “El objetivo sería desviar los recursos europeos —dejando de apoyar a Ucrania— y sembrar la división en el seno de la OTAN, en caso de que la alianza no lograra acordar una respuesta colectiva”, afirma en una evaluación el Servicio de Seguridad e Inteligencia de Dinamarca (PET, en sus siglas danesas). El aviso lanzado por Copenhague eleva el nivel de amenaza rusa en Europa, tan solo seis días después de que París ordenase el refuerzo de las infraestructuras críticas francesas ante el incremento de la ofensiva híbrida del Kremlin.
Según un breve informe del espionaje danés, la agresión rusa tendría como objetivos países de la Alianza fronterizos con territorio ruso, esto es, los tres Estados bálticos (Letonia, Lituania y Estonia), Polonia, Finlandia o Noruega. El PET aclara que el riesgo es aún “bajo, pero creciente”, enmarcado en un intento desesperado de Moscú por frenar la asistencia occidental a Kiev, con el frente de batalla en la franja oriental ucrania prácticamente estancado. “Esto podría ocurrir incluso si Rusia continúa la guerra contra Ucrania y no ha desarrollado las capacidades militares necesarias para librar una guerra regional”, señala la evaluación de los servicios de inteligencia daneses.
El río de una posible agresión rusa con armas convencionales (cinéticas) suena cada vez más fuerte en las cancillerías europeas. Y agua lleva a tenor de las últimas declaraciones. El pasado viernes, el presidente francés, Emmanuel Macron, manifestó que “la amenaza híbrida rusa hacia los europeos y Francia” se había intensificado recientemente. Ese mismo día, el primer ministro polaco, Donald Tusk, manifestó que Moscú podría perpetrar “ataques híbridos con drones y misiles” contra su país o algún aliado de la Alianza en cuestión de semanas o meses. Unos días después, su homólogo noruego, Jonas Gahr Støre, instó a tomar las palabras de Tusk muy en serio.
En Bruselas, ya sea en el cuartel general de la OTAN o en la sede de la Unión Europea, la amenaza está sobre la mesa y, con ella, la necesidad de un rearme rápido. Hasta ahora, los escenarios más adversos situaban a finales de la década una posible agresión rusa contra la Alianza. En las últimas semanas, no obstante, en el marco de un incremento de la ofensiva híbrida con el sello del Kremlin —sabotajes, incursiones aéreas del espacio aéreo de la Alianza, ataques con drones—, esa fecha parece acercarse en el calendario. El espionaje danés menciona un ejemplo claro del nivel de amenaza actual: el ataque fallido con un dron cargado de explosivos contra un avión de carga ucranio en el aeropuerto alemán de Leipzig, el pasado 5 de agosto. Berlín acusó a Moscú formalmente de estar detrás de la operación.
Pese al nivel creciente de alerta, no todos los líderes europeos comparten la misma evaluación. Si bien la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha manifestado en varias ocasiones, en línea con sus servicios de inteligencia, que la amenaza es creciente, el presidente sueco, Alexander Stubb, ha reiterado en los últimos días que no hay que “exagerar” ante la amenaza y sabotajes que llegan de Moscú. Los socios bálticos se han expresado tradicionalmente cautos ante la posible cercanía de un ataque.
En su informe, el PET danés afirma que la agresión rusa podría adoptar la forma de “ataques aislados con armas de largo alcance contra infraestructuras vitales” vinculadas al entramado industrial y a la defensa europea en apoyo a Ucrania. “Rusia podría alegar que las armas impactaron en territorio de la OTAN únicamente porque Ucrania interfirió en su trayectoria”, continúa el texto de los servicios de inteligencia.
El salto cualitativo sería grande: de episodios como el lanzamiento de bengalas desde un barco ruso a un helicóptero danés, que tuvo lugar el pasado día 15, un incidente de una escala que no requiere llamar siquiera a consultas a los miembros de la Alianza, a un ataque que podría obligar a activar el artículo 5 del Tratado de la Alianza y la defensa mutua.
El espionaje del país nórdico señala además que el Kremlin podría desplegar en el interior de uno de estos países en la frontera con Rusia un contingente militar limitado sin identificar para afrontar una posible respuesta aliada. Este fue, precisamente, el modus operandi que siguió Moscú durante la anexión ilegal de la península ucrania de Crimea, en marzo de 2014.
Uno de los puntos más interesantes del texto elaborado por el espionaje danés es el que descarta que el Kremlin esté pensando en una gran invasión contra uno o varios países de la OTAN, algo que le podría llevar al menos medio año de preparativos. Tras más de cuatro años y medio de gran ofensiva en Ucrania, la industria de defensa rusa trabaja a gran ritmo, pero la movilización de soldados de infantería dispuestos a partir hacia el frente se ha convertido en un problema. Copenhague abre un escenario sin duda peligroso: que Moscú, a partir de las dudas expresadas por la Administración de Donald Trump sobre la OTAN, ataque con la idea de que no va a provocar la respuesta colectiva de los aliados. “Sin embargo”, dice el espionaje danés, “es probable que Rusia no tenga certeza sobre qué podría desencadenar una guerra”.
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