El cardenal Omella, sobre los casos de encubrimiento de pederastia: “Hablamos de tiempos inmemoriales”

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

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 El arzobispo de Barcelona asegura en una entrevista que no sabía de un caso en el que se trasladó a Ecuador a un pederasta, por el que le preguntó este periódico hace ocho años  

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

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El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y uno de los anfitriones de León XIV en su inminente viaje a España, ha afirmado este viernes durante una entrevista en RAC-1 que esta mañana se ha quedado “parado” cuando ha leído la investigación de EL PAÍS que apunta a que 98 altos cargos de la Iglesia, entre ellos 68 obispos, han encubierto, tapado o silenciado casos de pederastia. “Hablamos de tiempos inmemoriales. Siendo yo cardenal de Barcelona, los casos que nombran los hemos resuelto según las normas que tenemos desde hace años”, ha asegurado Omella.

Los cientos de casos de pederastia en la Iglesia española sacados a la luz por la investigación iniciada por este periódico en 2018 incluyen numerosos episodios de ocultamiento, silenciamiento y encubrimiento. Emergen de sentencias judiciales y canónicas, publicaciones periodísticas, documentos y denuncias de las víctimas. En este momento es una lista que incluye siete cardenales, 61 obispos y 26 superiores de órdenes religiosas.

La Iglesia española se niega a responder por esta cuestión y también a investigar canónicamente. En algunos casos, como el de Omella, desmienten casos concretos en los que incluso hay pruebas de que se actuó sin seguir estas normas. El arzobispo de Barcelona es uno de los siete cardenales señalados por estas prácticas. En 2022 fue alertado de un caso de abusos cometidos unos años antes presuntamente por el sacerdote Jorge Alexander Patiño Morales, párroco de Mare de Déu de Montserrat, contra un joven. El arzobispado admitió a este periódico que Omella no abrió un proceso canónico, como está obligado, sino que trató la denuncia como un “asunto moral”. En ese momento, Omella era presidente de la Conferencia Episcopal Española.

La víctima, mayor de edad en el momento de los hechos, se dirigió de nuevo al arzobispado en 2024 porque estaba preocupado de que hubiera más afectados. La institución ha reconocido que en septiembre de ese año el cardenal “le dirigió al Servicio de Atención a Víctimas de Abusos (SAVA)”. Pero siguió sin apartar al sacerdote. Un mes después, los Mossos d’Esquadra detuvieron al párroco porque otras dos víctimas (una menor de edad) le habían denunciado por abusar de ellos ese año en la parroquia que dirigía. Fue entonces cuando Omella apartó al acusado y abrió un proceso canónico.

Durante la entrevista, el arzobispo afirma que él hizo “lo que tenía que hacer” y que no ha encubierto ningún caso. “Me sabe mal que pongan este nombre en un totum revolutum”, ha dicho. Este periódico conserva los correos del arzobispado que corroboran que la primera víctima de Patiño tuvo dos reuniones en el arzobispado: “Te confirmamos que en marzo de 2022 se había recibido una queja contra J. A.P., que fue atendida circunstancialmente por el Cardenal Omella. Sobre esta queja, al tratarse de una relación entre mayores de edad, no hubo denuncia y se tramitó como asunto moral. Posteriormente, en septiembre de 2024, la misma persona volvió a ponerse en contacto con el cardenal Omella y este lo dirigió al Servicio de Atención a Víctimas de Abusos del Arzobispado de Barcelona”. Omella tuvo conocimiento de acusaciones contra este cura acusado dos años antes de que fuera denunciado en comisaría por otras dos víctimas, una de ellas menor.

El cardenal se justifica asegurando que no es lo mismo “informar” que “denunciar”. La norma canónica considera que cualquier noticia del delito es suficiente para abrir una investigación previa. Sobre el estado del caso ―investigación judicial y la canónica―, el purpurado afirma que no puede “entrar en eso porque es un tema de secreto sumario”.

Este periódico ha preguntado por correo electrónico sobre los casos que conocen a 211 instituciones eclesiásticas —las 70 diócesis y 141 órdenes religiosas— que ya cuentan con acusaciones de pederastia. Más de un mes después, solo tres han respondido a todas las preguntas. El arzobispado que dirige Omella ni siquiera contestó al mail.

El arzobispo también ha conversado durante el programa sobre otro de los casos de pederastia que fue encubierto por su archidiócesis en 1990. Es el de Jordi Senabre, un cura acusado de pederastia al que el arzobispado ayudó a huir de la justicia, enviándolo de misionero y sin revelar su paradero. El sacerdote fue detenido en 1988 en Polinyá por abusar de un niño de 13 años. Tres obispos de la ciudad supieron todos esos años dónde estaba, todos cardenales: Ricard Maria Carles, Lluís Martínez i Sistach y Omella.

Ante las preguntas de si sabía de este caso, el arzobispo a titubeado: “Yo no sé si lo enviaron o no, lo he leído esta mañana”. Lo cierto es que EL PAÍS lo encontró en Ecuador en 2018 y preguntó al obispado por qué ayudó a que escapara ―incluso el prelado de entonces envió una carta firmada a la diócesis de Ecuador pidiendo que lo acogiesen, pero sin revelar que estaba acusado en los tribunales―. El episcopado, ya por entonces dirigido por Omella, se negó a aclarar cuáles fueron las circunstancias de la fuga de Senabre y su actuación en este caso. Solo añadió una frase con información: “El exmisionero Jordi Senabre tiene un proceso en curso en Roma reabierto el 16 de junio de 2016, en la línea de tolerancia cero manifestada por la Santa Sede”.

En este punto, Omella se contradice en la entrevista y asegura que tiene “toda la sentencia que se ha hecho tanto del Vaticano”. Incluso informa que Senabre ha fallecido y que “se aplicó la ley”. Pero lo cierto es que el sacerdote estuvo en activo y en contacto con menores durante varias décadas en Latinoamérica. El arzobispo elude responsabilidades: “Todo esto se hizo antes de que yo fuera obispo de aquí”.

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