Hay una paradoja curiosa en uno de los gadgets más inesperados del verano. Audio-Technica, una compañía japonesa que ha dedicado más de seis décadas a fabricar micrófonos, auriculares y equipos de alta fidelidad para que escuchemos hasta el último matiz de una canción, acaba de lanzar un producto cuyo objetivo es exactamente el contrario: que escuchemos menos.
O, mejor dicho, que escuchemos solo lo importante. Con el Mundial de fútbol llenando estadios, bares y fan zones de un ruido casi permanente, la firma ha presentado los AT-ERP3, unos tapones reutilizables que no buscan aislarnos del ambiente, sino reducir su intensidad sin convertir el mundo en un lugar silencioso. Y detrás de esa idea hay bastante más ciencia de la que parece.
Los estadios modernos pueden superar fácilmente los 100 decibelios durante los momentos más intensos del partido. En algunos encuentros especialmente ruidosos se han registrado incluso valores cercanos a los 130 dB (registrado en 2005 en un encuentro entre Liverpool y Chelsea), un nivel comparable al de un concierto de rock. A partir de exposiciones prolongadas por encima de los 85 dB, el riesgo de daño auditivo empieza a aumentar, según organismos como la Organización Mundial de la Salud.
Por eso estos tapones, con un peso que apenas sobrepasa el gramo, no funcionan como unos auriculares con cancelación activa de ruido. En lugar de generar una onda sonora para anular otra, utilizan filtros acústicos pasivos que atenúan el volumen de forma uniforme. El resultado es que los cánticos, la narración por megafonía o la conversación de la persona que tenemos al lado siguen siendo perfectamente audibles, pero llegan al oído con mucha menos intensidad.
Quizá lo más llamativo sea quién los fabrica. Audio-Technica no procede del mundo de la protección laboral ni de los equipos industriales. Su negocio siempre ha consistido en capturar y reproducir el sonido con la máxima fidelidad posible. Precisamente por eso conoce muy bien qué frecuencias resultan esenciales para comprender una voz, disfrutar de la música o mantener una conversación.
Ahora ese mismo conocimiento se utiliza para decidir qué sonidos merece la pena conservar… y cuáles es mejor dejar fuera. En cierto modo, la compañía no ha abandonado su filosofía. Sigue intentando que escuchemos mejor. Solo que ha comprendido que, en un estadio lleno o en una ciudad cada vez más ruidosa, la mejor manera de hacerlo no siempre consiste en subir el volumen, sino en eliminar parte del ruido. La misma empresa que lleva 60 años diseñando los mejores dispositivos para reproducir música, ahora redefine nuestro concepto del ruido.
Hay una paradoja curiosa en uno de los gadgets más inesperados del verano. Audio-Technica, una compañía japonesa que ha dedicado más de seis décadas a fabricar micrófonos, auriculares y equipos de alta fidelidad para que escuchemos hasta el último matiz de una canción, acaba de lanzar un producto cuyo objetivo es exactamente el contrario: que escuchemos menos.
O, mejor dicho, que escuchemos solo lo importante. Con el Mundial de fútbol llenando estadios, bares y fan zones de un ruido casi permanente, la firma ha presentado los AT-ERP3, unos tapones reutilizables que no buscan aislarnos del ambiente, sino reducir su intensidad sin convertir el mundo en un lugar silencioso. Y detrás de esa idea hay bastante más ciencia de la que parece.
Los estadios modernos pueden superar fácilmente los 100 decibelios durante los momentos más intensos del partido. En algunos encuentros especialmente ruidosos se han registrado incluso valores cercanos a los 130 dB (registrado en 2005 en un encuentro entre Liverpool y Chelsea), un nivel comparable al de un concierto de rock. A partir de exposiciones prolongadas por encima de los 85 dB, el riesgo de daño auditivo empieza a aumentar, según organismos como la Organización Mundial de la Salud.
Por eso estos tapones, con un peso que apenas sobrepasa el gramo, no funcionan como unos auriculares con cancelación activa de ruido. En lugar de generar una onda sonora para anular otra, utilizan filtros acústicos pasivos que atenúan el volumen de forma uniforme. El resultado es que los cánticos, la narración por megafonía o la conversación de la persona que tenemos al lado siguen siendo perfectamente audibles, pero llegan al oído con mucha menos intensidad.
Quizá lo más llamativo sea quién los fabrica. Audio-Technica no procede del mundo de la protección laboral ni de los equipos industriales. Su negocio siempre ha consistido en capturar y reproducir el sonido con la máxima fidelidad posible. Precisamente por eso conoce muy bien qué frecuencias resultan esenciales para comprender una voz, disfrutar de la música o mantener una conversación.
Ahoraese mismo conocimiento se utiliza para decidir qué sonidos merece la pena conservar… y cuáles es mejor dejar fuera. En cierto modo, la compañía no ha abandonado su filosofía. Sigue intentando que escuchemos mejor. Solo que ha comprendido que, en un estadio lleno o en una ciudad cada vez más ruidosa, la mejor manera de hacerlo no siempre consiste en subir el volumen, sino en eliminar parte del ruido. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
