Los dos acuerdos de alto el fuego que Estados Unidos impulsó durante los últimos meses en Líbano han desescalado la guerra entre Israel y el grupo libanés Hezbolá, pero el conflicto continúa en el sur del país, donde las tropas israelíes mantienen ocupados 600 kilómetros cuadrados ―cerca del 6% del territorio libanés―. Sus ataques más al norte de esa franja impiden el regreso a la normalidad para los civiles en parte de la devastada región. Mientras las negociaciones para afianzar la tregua se estancan y casi 330.000 personas siguen forzosamente desplazadas, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), aquellos que deciden volver se mueven entre el terror, la confusión y la desesperanza. “Sentimos que aún estamos en guerra”, lamenta Mariam Ghazal, profesora de 42 años, desde Majdel Selm, un municipio cercano a la zona ocupada.
Cerca de 330.000 personas permanecen forzosamente desplazadas mientras las negociaciones se estancan y el ejército israelí expande las operaciones terrestres
Los dos acuerdos de alto el fuego que Estados Unidos impulsó durante los últimos meses en Líbano han desescalado la guerra entre Israel y el grupo libanés Hezbolá, pero el conflicto continúa en el sur del país, donde las tropas israelíes mantienen ocupados 600 kilómetros cuadrados ―cerca del 6% del territorio libanés―. Sus ataques más al norte de esa franja impiden el regreso a la normalidad para los civiles en parte de la devastada región. Mientras las negociaciones para afianzar la tregua se estancan y casi 330.000 personas siguen forzosamente desplazadas, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), aquellos que deciden volver se mueven entre el terror, la confusión y la desesperanza. “Sentimos que aún estamos en guerra”, lamenta Mariam Ghazal, profesora de 42 años, desde Majdel Selm, un municipio cercano a la zona ocupada.
El domingo, Israel emitió la primera orden de desalojo desde junio alegando que respondía al disparo sin consecuencias de dos drones de Hezbolá contra sus tropas. El anuncio señaló un edificio residencial que fue destruido por el ejército israelí en Arab Salim.
Otros bombardeos ―sin previo aviso― más allá de la zona ocupada mataron a cuatro personas, entre ellas dos mujeres, e hirieron a otras 20, incluidos niños. Israel volatilizó cerca de la sureña localidad de Nabatie un hospital que había quedado en desuso y que previamente proporcionó servicios y refugio a personas desplazadas, alegando que allí se escondían milicianos libaneses. También dañó un edificio del ministerio de Finanzas en ese mismo municipio.
En paralelo, el ejército israelí sigue expandiendo sus operaciones terrestres más allá de la denominada “zona de seguridad”, sin emitir declaraciones oficiales. Muerde territorio en aldeas limítrofes donde provoca la huida de la población -y donde Hezbolá se infiltra- sin necesidad de establecerse, optando por redadas ocasionales o por el control mediante el fuego.
El presidente libanés, Joseph Aoun, partidario del desarme del grupo libanés, condenó el domingo a Israel por una “peligrosa escalada” que “se extiende sobre instituciones estatales o centros sanitarios”, lo que “perturba la continuidad” del Estado y la atención ciudadana, por lo que exhortó a EE UU como mediador y garante del pacto a “detener” esas violaciones.
Una primera tregua firmada en abril entre el Gobierno de Benjamín Netanyahu y la milicia Hezbolá financiada por Irán salvaguardó a Beirut de nuevos ataques israelíes, concentrando la guerra y destrucción en el sur. En junio, la llegada del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán ―que exigía un alto el fuego en el frente libanés para proteger a su aliado Hezbolá―, y de un acuerdo marco entre los Gobiernos de Líbano e Israel redujo aún más los niveles de conflictividad.
Ese pacto, que EE UU impuso al Ejecutivo israelí, persigue el desarme de la milicia y el levantamiento de la ocupación mediante progresos recíprocos en varias zonas piloto, por ahora solo implementadas en uno de los 68 municipios ocupados. Pero ambas partes en conflicto rechazan ese enfoque gradual y exigen que el adversario ceda primero, alejando del horizonte el fin de las hostilidades.
La guerra abierta retornó a Líbano el 2 de marzo, cuando Hezbolá disparó contra Israel en solidaridad con Teherán tras el asesinato del ayatolá Jamaneí en la guerra lanzada por EE UU e Israel el día anterior. El ejército israelí ha matado desde entonces a 4.362 personas en Líbano y herido a más de 12.000 ―la gran mayoría civiles―, según el ministerio de Sanidad libanés. Hezbolá ha matado a 33 soldados israelíes y a tres civiles, según el último recuento que hizo la ONU en junio. A ese balance se suman otros dos uniformados israelíes muertos en agosto.
“Nos pasamos el día oyendo explosiones”
La mayoría de los 1,2 millones de personas que la IMO llegó a registrar como desplazadas forzosas han regresado a sus comunidades. Pero los residentes de las aldeas que permanecen bajo ocupación tienen el retorno prohibido, y los de las áreas cercanas viven entre la aviación israelí y sus bombardeos ocasionales.
“Nos pasamos el día oyendo las explosiones con las que Israel destruye los pueblos [ocupados] cercanos”, explica por teléfono la profesora Ghazal. Su municipio se encuentra al lado de los que Israel arrasa con detonaciones controladas. El propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha asegurado que han hecho desaparecer decenas de municipios “donde no hay adonde volver”.
Ante esa tensión y el derribo de las redes de agua y electricidad, Ghazal no percibe un regreso definitivo de sus vecinos. Ella cuenta con placas solares y un pozo, pero la gente, dice, está “muy enfadada” con las autoridades libanesas. Muchos las critican por negociar con Israel, con quien Líbano carece de relaciones diplomáticas, solo para obtener un acuerdo que ven desfavorable. “Nos han dejado a nuestra suerte bajo los ataques”, denuncia, expresando lo “confundidas” que están las familias sobre si escolarizar a sus hijos más al norte por seguridad, ante el inicio del curso escolar.
En Zawtar el Gharbiyeh, la única localidad donde Israel ha levantado la ocupación gracias al acuerdo marco, tampoco están más esperanzados. Las bombas no son lo único que les inquieta. El ejército israelí está a pocos metros, en el pueblo de al lado, donde este viernes han detonado nuevas viviendas. “Algunos vecinos pueden oír a los israelíes hablar y reír durante la noche”, explica Mira Darwish, ingeniera de 24 años.
Como otros vecinos, pasa el día frente a su casa, hoy inservible, y duerme en otro municipio. “Es tanta la incertidumbre que la gente evita gastar dinero en reparar sus hogares y negocios y los dejan como están”, lamenta. “Dimos una oportunidad al Gobierno [para negociar con Israel], pero no han demostrado que mereciera la pena”.
Tras asegurarse el control de una franja que anula los misiles antitanque de Hezbolá, cuya precisión hasta a una distancia de 10 kilómetros supone la mayor amenaza en el norte de Israel, el ejército israelí centra desde junio parte de sus hostilidades en los municipios de alrededor de la estratégica cresta de Ali Taher, a una decena de kilómetros más arriba de su frontera.
Las tropas israelíes anunciaron el jueves la toma de esa colina donde dicen haber descubierto un centro de mando subterráneo “financiado por el régimen terrorista iraní”, donde el partido-milicia libanés poseía instalaciones militares, dormitorios, duchas y una cocina.
Según informaciones recibidas por Reuters, miembros de la Guardia Revolucionaria iraní se encontraban en esas instalaciones junto con milicianos de Hezbolá, pero nada indica que Israel los encontrara. La agencia añadió que Teherán había trasladado a Washington su intención de responder con fuerza si Israel asaltaba la cresta.
La toma de la colina “consolida la zona de seguridad”, ha dicho Katz, compañero de formación de Netanyahu, intentando transmitir un mensaje de victoria bélica de cara a las elecciones parlamentarias previstas para octubre en Israel. El ejército, advierte, no se retirará “hasta que Hezbolá sea desarmado en todo Líbano”, rehusando nuevamente el planteamiento escalonado de la tregua y marcando un objetivo cuya difícil comprobación junto con la ausencia de un observador neutral podría alargar la ocupación indefinidamente.
Las autoridades israelíes desconfían de que Beirut actúe para anular las capacidades militares de Hezbolá, tal y como le exige el acuerdo. El Gobierno israelí ha acusado al libanés de arrastrar los pies en Zawtar el Gharbiyeh y otros dos municipios designados como zonas piloto pese a no haber sido ocupados.
Abducciones en el sur
El estancado proceso diplomático ―que en los próximos días reunirá a Líbano e Israel por primera vez en un mes― ha permitido a Beirut apuntarse un tanto. Entre el jueves y el viernes, Israel puso en libertad a cinco personas, dos de ellas sirias, que mantuvo encarceladas durante meses tras secuestrarlas en el sur libanés. “Tras interrogarlos, vimos que son civiles desvinculados de organizaciones terroristas”, afirmó Netanyahu.
“La libertad no tiene precio”, ha celebrado Hussein Abdalla Ayache, hermano de uno de los liberados. Un grupo constituido por familias libanesas de personas capturadas por Israel afirmó en agosto que tenía 36 casos registrados, varios de ellos abducidos durante la tregua que Hezbolá respetó durante 2025. “Esto reafirma la eficacia de la firme postura libanesa” y la necesidad “de completar” el acuerdo marco, reivindicó el mandatario libanés el viernes. Aoun ha expresado en una nota su gratitud a EE UU ―cuyo embajador en Líbano, Michel Issa, visitó Israel los días previos―, y al Comité Internacional de la Cruz Roja, encargada del traslado de los presos a través de la frontera militarizada.
La alegría duró poco. El jueves, antes de que el ejército de Israel liberara al primero de los cinco civiles abducidos, volvió a hacer una redada en el pueblode Halta, de mayoría suní donde no opera Hezboláy uno de los pocos de la zona ocupada que Israel no ha obligado a desalojar. Tras interrogar durante durante horas a varios vecinos, se llevaron detenidos a tres de ellos. “No sabemos por qué se los han llevado ni a dónde”, declaró a The National.
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