La crisis migratoria de Ceuta ha obrado como aparente revulsivo para las elecciones legislativas convocadas el próximo día 23 en Marruecos, a las que los ciudadanos estaban dando la espalda hasta el punto de que hace apenas cuatro meses faltaban 12 millones de electores (un 57%) en un censo de inscripción voluntaria. En los comicios celebrados hace cinco años ejercieran el sufragio solo la mitad de los 17,5 millones de votantes entonces registrados. Los sondeos apuntaban ahora que la participación iba a caer hasta una tercera parte de los censados. Pero la reclamación de soberanía sobre las ciudades autónomas españolas ha agitado el debate político en la fase previa de la campaña electoral, que no comienza oficialmente hasta el viernes, a la espera que los partidos cierren sus listas, y de que se vislumbre un tapado favorito del palacio real como aspirante a jefe de Gobierno.
La reclamación de soberanía sobre Ceuta se diluye en la agenda de campaña de los partidos coincidiendo con el giro de Sánchez de dar una respuesta contundente si se demuestra la implicación marroquí
La crisis migratoria de Ceuta ha obrado como aparente revulsivo para las elecciones legislativas convocadas el próximo día 23 en Marruecos, a las que los ciudadanos estaban dando la espalda hasta el punto de que hace apenas cuatro meses faltaban 12 millones de electores (un 57%) en un censo de inscripción voluntaria. En los comicios celebrados hace cinco años ejercieran el sufragio solo la mitad de los 17,5 millones de votantes entonces registrados. Los sondeos apuntaban ahora que la participación iba a caer hasta una tercera parte de los censados. Pero la reclamación de soberanía sobre las ciudades autónomas españolas ha agitado el debate político en la fase previa de la campaña electoral, que no comienza oficialmente hasta el viernes, a la espera que los partidos cierren sus listas, y de que se vislumbre un tapado favorito del palacio real como aspirante a jefe de Gobierno.
Hasta tres ministros han abierto en vísperas electorales la caja de pandora de ignorar “el compromiso mutuo para evitar el uso de reclamaciones unilaterales de soberanía” acordado por Rabat y Madrid en 2022, un año después de la anterior crisis migratoria de Ceuta, en contrapartida al giro dado por el Gobierno de español sobre el Sáhara .
Hace una semana, el ministro de Equipamiento Público y agua, Nizar Baraka, advirtió tajantemente de que Marruecos “no cederá ni un centímetro de su territorio nacional”, en alusión a la reivindicación de Ceuta y Melilla. Baraka, líder del histórico partido nacionalista Istiqlal, se cuidó al mismo tiempo de destacar “la importancia de la asociación y estratégica con España”, primer socio comercial y segundo inversor en el país magrebí.
Poco antes, había sido el titular de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, un independiente designado directamente por Mohamed VI, quien aludió a la histórica reivindicación de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, en un acto religioso presidido por el rey. Tufiq citó veladamente las dos ciudades autónomas al referirse a eruditos islámicos nacidos en Ceuta con anterioridad a que la plaza africana pasara a estar bajo soberanía española, en 1580, y a su “lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas”, en aquella época posesiones portuguesas en el Mediterráneo y el Atlántico.
Aunque quien ha llevado desde el Gobierno marroquí durante la crisis la voz cantante para reclamar un proceso de negociación sobre soberanía en Ceuta y Melilla ha sido el ministro de Justicia, Abdelatif Uahbi, dirigente del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM). Fue fundado en 2008 por Fuad Ali el Himma, actual consejero real y hombre fuerte del reino jerifiano.
En entrevistas con medios de comunicación, Uahbi ha defendido con intensidad el “derecho histórico” de su país sobre las dos ciudades autónomas españolas del norte de África. Tras sus últimas declaraciones, el Ministerio de Exteriores le respondió el 21 de agosto que Ceuta y Melilla “forman parte de la integridad territorial y de la soberanía de España, reconocidas internacionalmente, y son igualmente parte integrante del territorio de la UE”. Esta misma semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reveló que en esa fecha y en ausencia de la embajadora, había sido convocado el número dos de la Embajada de Marruecos en Madrid para presentarle una protesta formal.
Junto al Partido Istiqlal (10% de los votos en las legislativas de 2021) y el PAM (14%), el Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI) encabezó con el 29% de los sufragios el Gobierno de coalición que se dispone ahora a poner término a la legislatura. Su líder, el primer ministro, Aziz Ajanuch, guarda silencio desde el inicio de la crisis.
Tras haberse desvelado que viajó en un vuelo privado a Mallorca poco después de que hasta 80.000 migrantes irregulares hubiesen desbordado la frontera ceutí ante la inhibición de las fuerzas de seguridad marroquíes, no ha efectuado declaraciones públicas relevantes durante la crisis.
Ajanuch, cuya familia controla la segunda fortuna de Marruecos, por detrás del grupo Al Mada, en manos de la familia real alauí, se descartó hace meses como candidato de su partido conservador para volver a presidir el Gabinete tras los comicios.
“La cuestión sobre la recuperación de Ceuta y Melilla ha regresado al corazón del debate político y mediático marroquí (…) ante una opinión pública que rechaza que se encuentren bajo soberanía española”, puntualiza el analista político Ali Anouzla. “Es una hipótesis creíble que se trate de una retórica destinada principalmente al público marroquí para crear un clima de movilización nacional y reavivar el sentimiento patriótico”, concluye el editor de la plataforma digital Lakome, “tras las imágenes de un éxodo masivo que han golpeado la sensibilidad del público y empañado la imagen del país en el exterior”.
Desde que Baraka, líder del Istiqlal, lanzara el 29 de agosto una de las habituales proclamas nacionalistas de su partido sobre Ceuta y Melilla, no han vuelto a surgir reivindicaciones de soberanía. Fuentes de su formación política precisan que, aunque el mismo mensaje reiterado de Baraka ha tenido eco en las redes sociales de la campaña electoral, el secretario general del Istiqlal no ha vuelto a pronunciarse sobre la cuestión desde el mes pasado.
La convocatoria por Exteriores del responsable de la legación marroquí en Madrid; la entrevista del jefe de Gobierno en la Cadena SER y, en particular, su intervención ante el Parlamento parecen haber marcado los hitos del repliegue de la presión política marroquí sobre Ceuta y Melilla.
La reclamación de soberanía en plena crisis migratoria de Ceuta que estaba agitando la campaña electoral y marcando la agenda de algunos partidos se ha diluido en la última semana. Este fenómeno ha coincidiendo con el giro dado por Sánchez, al anunciar en su intervención del jueves en el Congreso una respuesta contundente si se demuestra la implicación marroquí en la orquestación de la avalancha migratoria del 30 y el 31 de julio.
“En Marruecos planea un ambiente depresivo (…) sobre todo tras los acontecimientos de Ceuta”, reflexiona el comentarista político Abdelá Turabi en la edición de Tel Quel publicada el viernes. “Vivimos en un país que los jóvenes quieren abandonar, incluso a riesgo de sus vidas, pues no son capaces de concebir un futuro aquí”, sostiene en su columna, antes de pronosticar que los próximos comicios se presentan en el país magrebí como un “un mero concurso de notables” por hacerse con el poder. “En los cafés se habla de Ceuta, de su impacto en las relaciones con España”, concluye en su editorial el mismo semanario, “pero no de las elecciones; la gente está decepcionada”.
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