Gonzo, sin filtros ante las críticas a Salvados: «El tontín de la clase ahora tiene un teclado»

El periodista arranca su octava temporada al frente de Salvados, que cumple 18 años, con un doble programa sobre Rita Barberá y responde a las críticas por no abordar la crisis de Ceuta: «¿Vamos a tomar decisiones en función de lo que se grite en las redes sociales?» Leer El periodista arranca su octava temporada al frente de Salvados, que cumple 18 años, con un doble programa sobre Rita Barberá y responde a las críticas por no abordar la crisis de Ceuta: «¿Vamos a tomar decisiones en función de lo que se grite en las redes sociales?» Leer  

Hay algo que todavía le quita el sueño a Gonzo. Literalmente. Lleva 20 años haciendo televisión, siete temporadas al frente de Salvados, está a punto de comenzar la octava y el programa que heredó de Jordi Évole alcanza este domingo una cifra que muy pocos formatos pueden permitirse: 18 años. La mayoría de edad. Sin embargo, cada vez que toca volver a empezar, sucede lo mismo.

«La noche antes de empezar a grabar un programa nuevo, no duermo. No duermo», confiesa. «Parezco un chiquillo nuevo que va a hacer su primer Salvados. Y soy feliz y me encanta lo que hacemos, pero me meto en cama la noche anterior y, al cabo de una hora, hora y media, me despierto y tengo un gusto en ello que digo: ‘Venga, que sea ya de día y empezamos a grabar’«.

Quizás ahí se encuentre una parte de la explicación de que Salvados siga vivo 18 años después. O, al menos, de que quien da la cara por él no haya perdido todavía el vértigo. Gonzo recuerda una frase que escuchó una vez a José Sacristán: el día que no se pusiera nervioso antes de salir a un escenario, dejaría de hacerlo. «¿Será que ya no me importa? Pues puede ser». A Gonzo, por ahora, le importa. Y mucho.

«Siento la responsabilidad de dar la cara y ser el presentador de una marca y de un programa por el que han pasado decenas de grandísimos profesionales en los últimos 18 años y que es la esperanza televisiva de centenares de miles de personas para acabar su fin de semana», explica. Incluso los elogios que recibe por la calle tienen para él un efecto inesperado: «La gente cree que lo que me dice hace que me sienta guay, pero lo que me da es una carga de responsabilidad de la hostia«.

Y con esa responsabilidad regresa este domingo Salvados. Lo hace después de cerrar su mejor temporada de los últimos cinco años, con un 6,5% de cuota y cerca de 800.000 espectadores de media, y con una elección para su estreno que ha levantado polvareda antes siquiera de emitirse: Rita Barberá.

El programa reconstruye en una doble entrega la vida política y personal de quien durante 24 años fue alcaldesa de Valencia, cuando faltan apenas dos meses para que se cumplan 10 años de su muerte. Por allí pasan Francisco Camps, José Manuel García-Margallo, Joan Ribó, Consuelo Reyna o Beatriz Garrote, presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio.

Pero el anuncio provocó la pregunta, la crítica y el ruido de las redes: ¿por qué dedicar dos programas a Rita Barberá con todo lo que está sucediendo ahora mismo en España y, especialmente, con la crisis de Ceuta? Gonzo tiene una respuesta bastante menos complicada de lo que algunos han querido ver.

Salvados cumple 18 años y decide celebrar su mayoría de edad arrancando con Rita Barberá. ¿Por qué Rita Barberá y por qué ahora?
Es todo más sencillo de lo que pueda parecer. Hacemos siete programas antes de irnos de vacaciones. De los siete que teníamos, entre nosotros, el equipo de Salvados, y luego con la cadena, considerábamos en julio que lo mejor que teníamos para arrancar era el programa sobre Rita Barberá. Es un documental clásico, con buenos personajes, una reconstrucción de una época, de un personaje y de una persona. El programa es tan completo que es doble. No nos pusimos a grabarlo pensando que sería doble, pero cuando empezamos a trabajarlo vimos la cantidad de gente que nos había dicho que sí y lo que nos habían contado en las entrevistas previas. Además, se cumplen diez años de la muerte de Rita Barberá. Nos parecía un Salvados clásico de libro para arrancar temporada. Y, aparte, no deja de estar de actualidad.

Cuando el equipo regresó de vacaciones el 24 de agosto, cuenta Gonzo, sí se planteó cambiar sus planes. Intentaron levantar un programa relacionado con la crisis de Ceuta. Pero Salvados no es un programa diario, recuerda su director, y tampoco quiso hacer lo que ya estaban haciendo decenas de espacios durante mañana, tarde y noche. Necesitaban «una entrevista potente con alguien que tenga la autoridad o la responsabilidad suficiente como para dar explicaciones». No la consiguieron. Y decidieron no hacerlo.

Ahí está probablemente una de las claves del Salvados que defiende Gonzo: no entrar en una historia simplemente porque todo el mundo esté hablando de ella.

«La historia de Rita Barberá tiene toda la actualidad del mundo. La traición, las puñaladas traperas de los miembros de tu propio partido…»

¿Te sorprendió entonces la reacción que se produjo en las redes cuando anunciasteis el programa de Rita Barberá?
No me sorprendió porque llevamos ya muchos años en esto. Da igual lo que hagas, siempre va a haber el que quiera llamar la atención. Siempre le digo al equipo: «¿Os acordáis del tontín de la clase? Que tenía que hacer el gañán o pegarle al de delante para que todos le riesen la gracia. Bueno, pues eso ahora tiene un teclado». Yo no tengo X desde hace tiempo precisamente porque atender y leer estas cosas empecé a considerarlo una pérdida de tiempo y porque no quería que me condicionase a la hora de tomar decisiones como director de un programa como Salvados.
¿Pero qué hacéis ante esas críticas?
¿Qué vamos a hacer? ¿Tomar decisiones en función de lo que se grite en las redes sociales? Somos un equipo con bastante experiencia. Tomamos esa decisión, la compartimos con la producción ejecutiva, en la que está ni más ni menos que un señor que se llama Jordi Évole, que de televisión sabe un rato, estuvo de acuerdo, y la compartimos con los responsables de una cadena que dijeron que estaban de acuerdo. Como decía la canción, «y lo que digan los demás está de más». Ahora, si el lunes vemos que el programa no ha gustado, que está incompleto… Ahí sí tendremos que decir: «Bueno, ¿qué podemos hacer? ¿En qué hemos podido cometer errores?».

Gonzo defiende, además, una idea que parece casi contracultural en la televisión actual: el periodismo no tiene por qué ser exclusivamente actualidad. Y menos un programa semanal que trabaja sus historias durante meses.

«La historia de Rita Barberá tiene toda la actualidad del mundo», asegura. Porque detrás de la ex alcaldesa están, según él, mecanismos que sobreviven a los protagonistas y a las épocas: «La traición, las puñaladas traperas de los miembros de tu propio partido, el éxito desmesurado que hace perder el control y cierta sensación de realidad a líderes políticos. Y eso sigue pasando hoy en día».

Y hay otra frontera que Gonzo no quiere cruzar. Durante la crisis de Ceuta, asegura haber visto demasiadas horas de televisión cuya finalidad, a su juicio, no era informar.

«¿Cuántos minutos de televisión no hemos visto durante estos días cuya única intención era generar miedo, generar odio y generar rechazo a personas que ahora mismo están más tiradas que la hostia? Nosotros ahí no queremos aportar absolutamente nada«, sentencia. «Y que los que consumen este tipo de televisión pongan el grito en el cielo porque no hacemos un programa sobre Ceuta, pues ya lo único que me provoca es reír».

Salvados ha sobrevivido precisamente haciendo muchas veces lo contrario de lo que dictaba la televisión del momento. Gonzo recuerda cómo, cuando comenzaron a imponerse los reportajes de montaje frenético, planos de tres segundos y cámaras en permanente movimiento, el programa hizo justo lo contrario: dejó respuestas de 40 segundos y una cámara quieta. «Es contramoda, pero lo estoy viendo», resume.

En televisión cumplir 18 años casi debería dar derecho a una pensión. ¿Cómo se consigue que un programa así no se convierta en una pieza de museo?
Yo recuerdo, ya antes de formar parte de Salvados, que lo veía como un clásico. Tú ves un buen documental hecho a finales de los años 70 sobre algo que pasó entonces y, como es un buen documental, sigue siendo bonito de ver, sigue siendo atractivo. ¿Por qué? Porque la historia es interesante, porque los personajes son los protagonistas directos y escucharles contar qué hicieron, cómo lo hicieron o qué sintieron te pone los pelos de punta. Y porque la forma en la que se cuenta hace que estés pegado como a un buen libro o una buena película. Creo que Salvados ha conseguido estar tantos años por eso mismo: ha sabido convertirse en un clásico, con lo que significa ser un clásico en cualquier disciplina, tener los elementos que nunca fallan.

El doble programa dedicado a Barberá es precisamente una demostración de esa voluntad. Gonzo lo define como una historia «shakespeariana 100%». Una tragedia con momentos de comedia que el equipo ha construido casi como una ópera, dividida en actos e ilustrada con pinturas de la Revolución Francesa. «Con otros nombres podría ser una historia de un emperador romano de hace 2.000 años», afirma.

Nada, asegura, es casual. Ni la música, ni las localizaciones, ni la realización. Las lecturas de guion son «eternas». El objetivo es que 54 minutos de dos personas hablando alrededor de una mesa puedan terminar con el espectador pensando que se le han hecho cortos. «El secreto es ese: los clásicos se hacen cuidando».

Pero la temporada no será sólo política. Salvados viajará con Joaquín Reyes desde su Albacete natal hasta la playa murciana donde veranea; recorrerá con Miguel Ríos una vida que a los 82 años continúa subida a los escenarios; abordará con Almudena Cid y otros grandes nombres del deporte español la precariedad que se esconde tras las medallas; y emitirá El encuentro, uno de los programas que más ha impactado al propio Gonzo: un antiguo miembro de ETA que quiere pedir perdón personalmente al hijo de una de sus víctimas.

«Detrás de toda historia hay protagonistas humanos y ahí nos entendemos todos»

«Nos convertimos en intermediarios», explica. Dos vidas atravesadas por un atentado que se sientan frente a frente desde «la calma» y «la reflexión más profunda». «Para nosotros ese programa ha sido la hostia», reconoce. Y vuelve entonces a quienes cuestionan que Salvados se aleje de la última hora: «Que venga alguien a decirnos: ‘Qué sinvergüenzas estos que hacen este programa con la que está cayendo’. Pues mira, lo hacemos con un orgullo y con una sensación de privilegio por poder hacer este tipo de televisión que bajo ningún concepto vamos a renunciar a estos programas«.

Porque si existe un hilo que una a Rita Barberá, un ex miembro de ETA, Joaquín Reyes, Miguel Ríos o Almudena Cid, para Gonzo está muy claro.

¿Qué tiene que tener entonces una historia para convertirse en un Salvados?
Tiene que ser una historia que te apele como espectador, que tú creas que te podría haber pasado a ti o que, si te pasase, te preguntases cómo la vivirías. Son historias de vida. Incluso dentro de la actualidad, cuando tocamos temas de actualidad, esa parte más emocional o vital tiene que quedar al margen porque lo prioritario es la información y conseguir desvelar puntos oscuros. Pero siempre intentamos preguntar: «¿Y usted qué sintió cuando tomó esa decisión?». Porque detrás de toda historia hay protagonistas humanos y ahí nos entendemos todos.

Eso explica el viaje con Joaquín Reyes, donde dos hombres de 50 años que llevan décadas en televisión terminan hablando de la muerte de los padres, de la fe, de los golpes que esconde eso que llamamos éxito o de cómo se sobrevive a ellos. Y también explica a Miguel Ríos, al que Gonzo contempla con una mezcla de admiración y desconcierto: «Ves a un señor de 82 años de gira haciendo rock and roll, conciertos de dos horas cada semana, y yo flipo. Miguel, ¿cómo cojones haces? Con todo lo que tienes, con todo lo que has conseguido, ¿por qué sigues haciendo esto?«.

O el programa sobre los deportistas de élite españoles. «Quitando los del fútbol profesional, son trabajadores precarios», denuncia Gonzo. Campeones olímpicos y mundiales que descubren al acercarse a la jubilación que los años en los que dieron medallas a España no cotizaron para su pensión. «Durante mucho tiempo todo el mundo sacaba pecho con los deportistas españoles, el Comité Olímpico y las federaciones, pero llega un día en que ya no sirven y los dejan tirados».

Son mundos aparentemente inconexos. Barberá, Reyes, Ríos, Cid, víctimas y victimarios. La política, el humor, el rock, el deporte, el terrorismo. Pero para Gonzo todos terminan en el mismo sitio: las personas.

Quizás por eso, 18 años después, Salvados continúa buscando lo mismo que cuando comenzó. Escuchar. Preguntar. Dejar hablar. Y conseguir que un domingo por la noche alguien apague la televisión llevándose algo a la cama para «masticarlo» y «rumiarlo».

Gonzo, probablemente, esa noche sí duerma. La complicada para él será la víspera de la siguiente grabación.

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