Horas después de que el Gobierno tomara el control del puerto de Ceuta, la inmensa explanada donde se ubicará la nueva instalación para migrantes es la estampa de la urgencia: excavadoras, camiones, palas de obra y grúas. Tres decenas de operarios trabajan en las dos nuevas ubicaciones sitas en dos enormes explanadas de titularidad pública, y se confiesan ajenos al choque institucional: “A este ritmo, el lunes ya está lista”, dice Yasser, un obrero que coloca las varillas que sostendrán las carpas blancas que realojarán a 1.000 personas. Él trabaja en la explanada de menor tamaño, la que linda con el banco de alimentos. En la otra, la cosa va más lenta y no ha empezado a desplegarse la infraestructura. Ambas se emplazan en el polígono del puerto y alrededor no hay más que concesionarios, almacenes logísticos o edificaciones de avituallamiento portuario. Los últimos comercios y supermercados están frente al ferry que conecta la ciudad con Algeciras, a más de un kilómetro de distancia. Junto a las carpas, dos gigantes tanques de combustible para buques.
Es la localización más aislada de las construidas hasta ahora, y la más cercana a barrios de renta media
Horas después de que el Gobierno tomara el control del puerto de Ceuta, la inmensa explanada donde se ubicará la nueva instalación para migrantes es la estampa de la urgencia: excavadoras, camiones, palas de obra y grúas. Tres decenas de operarios trabajan en las dos nuevas ubicaciones sitas en dos enormes explanadas de titularidad pública, y se confiesan ajenos al choque institucional: “A este ritmo, el lunes ya está lista”, dice Yasser, un obrero que coloca las varillas que sostendrán las carpas blancas que realojarán a 1.000 personas. Él trabaja en la explanada de menor tamaño, la que linda con el banco de alimentos. En la otra, la cosa va más lenta y no ha empezado a desplegarse la infraestructura. Ambas se emplazan en el polígono del puerto y alrededor no hay más que concesionarios, almacenes logísticos o edificaciones de avituallamiento portuario. Los últimos comercios y supermercados están frente al ferry que conecta la ciudad con Algeciras, a más de un kilómetro de distancia. Junto a las carpas, dos gigantes tanques de combustible para buques.
A lo lejos, se divisan las lomas de los bloques de pisos de dos barriadas, Parques de Ceuta y Junta Obras del Puerto, a quince minutos a pie de un paso ligero. Es, con diferencia, la ubicación más aislada de todas las que se han construido para responder a la emergencia, y cercana a núcleos de población con rentas per cápita más altas que Loma Colmenar, el Tarajal o La Hípica, donde están las demás instalaciones para migrantes.
“Estará más aislado, pero nos negamos a su construcción. No los queremos aquí, cerca hay comercios y colegios, y el continuo paso de los invasores va a generar muchos problemas”, dice Raúl Fernández, presidente de la asociación Vecinos del Puerto. El viernes las asociaciones vecinales se reunieron con el Ayuntamiento para expresarles su rechazo a la construcción, pero según explica Fernández “aunque nos dieron su apoyo porque nos entienden, nos dijeron que con el mando único no podían hacer nada. Que el gobierno había dicho que se construía y no lo podían paralizar”. Durante toda la semana los vecinos han recorrido los muelles en manifestaciones de protesta, y aunque anuncian que seguirán haciéndolo empieza a cundir el desánimo. “Dicen que es algo temporal, pero vete tú a saber hasta cuándo vamos a tener ahí a toda esa gente”, continúa Raúl Fernández. Según el pliegue de condiciones, la cesión tiene fecha hasta el 31 de diciembre, y es improrrogable. “Tres meses es muchísimo tiempo, no pueden convivir con nosotros, ya hemos visto los problemas que han generado en los otros sitios como Loma Colmenar, no queremos eso aquí”, insiste el portavoz vecinal. La solución que propone es tajante: “Sencillo, que les devuelvan a todos a Marruecos”.
El Consejo de Administración del Puerto rechazó la construcción por 11 votos en contra y 4 a favor, y a eso se aferran las barriadas de Parques de Ceuta y Junta Obras del Puerto. “Es insólito que esto sea una imposición y que se haga sin tener en cuenta la voz de los que vivimos aquí, los que tendremos que lidiar con ello”, insiste. Fernández hace alusión a las otras concentraciones que está viviendo la ciudad por la habilitación de estos centros, como la del barrio de Los Rosales. “Ellos tampoco quieren que les monten este espacio al lado de una guardería, y parece que nadie nos escucha. Encima la gente está ya cansada y no podemos estar con movilizaciones todos los días, porque cada vez va menos gente”, confiesa. A última hora de la tarde, un centenar de personas se dio cita en el muelle de Poniente, recorriendo el camino hasta las carpas con cánticos como “Ceuta no es un CETI”, “invasores expulsión” y “Óscar Puente, delincuente”. Ataviados con banderas españolas y ceutíes, los manifestantes también dedicaron consignas a los policías que custodiaban las instalación (“Policía, a la frontera”) y a los obreros (“traidores”). “Mira, aquí van a tener los chalés, que les pongan aire acondicionado también”, espetó un vecino, al pasar junto a los palés de vigas metálicas.
Mientras, los migrantes que llevan días durmiendo a las afueras del resto de lo centros a la espera de una plaza reciben la noticia de una nueva ubicación con esperanza. Comentan entre ellos que está lejos, y se enseñan en sus teléfonos móviles el mapa de la zona. Hacen zoom y exploran el área digitalmente. Ni siquiera saben si serán ellos quiénes ocupen esas carpas, porque el Ministerio de Inclusión aún no ha revelado qué grupos concretos les corresponderán las nuevas plazas, pero les da igual. Es una posibilidad, y en suma es más de lo que tenían ayer. Sucede igual en los barrios periféricos como El Príncipe, donde los campamentos improvisados llevan más de un mes alojando a los migrantes con la solidaridad de los vecinos. Empiezan a notar un desahogo, lento y aún desconfiado, pero evidente.
Feed MRSS-S Noticias
