La isla de las tentaciones se rompe ante una confesión sexual más que dolorosa: «Imagina cómo tenía que estar dándole…»

La isla de las tentaciones vivió unas terceras hogueras que podrían describirse como las hogueras de la fuga masiva. Las confesiones de David dejaron a Sandra Barneda en shock tras descubrir por lo que había pasado con su pareja Leer La isla de las tentaciones vivió unas terceras hogueras que podrían describirse como las hogueras de la fuga masiva. Las confesiones de David dejaron a Sandra Barneda en shock tras descubrir por lo que había pasado con su pareja Leer  

Para trabajar en La isla de las tentaciones hay un requisito imprescindible: correr los 100 metros lisos en menos de 15 segundos -el récord lo sigue teniendo Usain Bolt en 9,58 segundos-. La tercera hoguera tanto de los chicos como de las chicas fue un sprint constante, una fuga masiva. De hecho, Sandra Barneda directamente ya ni corre. Me imagino a la presentadora diciéndole al equipo de La isla de las tentaciones: «yo ya no me doy una carrera más». No me extraña. A la mínima imagen, a la mínima duda, salen corriendo hasta los cocos de las palmeras. Y si no corren, huyen de las hogueras o se llevan la tablet y la dejan abandonada en medio del camino.

¿Tantas infidelidades se están produciendo en La isla de las tentaciones 10? Pues no. Realmente, infieles, lo que se dice infieles -sexo o besos-, solo han caído tres: Laila, Atamán y Yuli. Lo del resto son dudas, miedos, desconfianzas, vídeos a los que les falta el contexto, frases colocadas estratégicamente, un poco de jacuzzi, un tiro de cámara perfectamente colocado para que parezca lo que no es… Pero es más que suficiente para que todos huyan por la playa en busca de su amado o amada, sin éxito. Porque anoche, en La isla de las tentaciones, fue darse la carrera para nada. Ni Alba llegó a ningún lugar, ni David logró llegar a Villa Deseo, ni Yuli consiguió alejarse ni 10 metros de su villa. Es como el que huye sin saber a dónde, simplemente por huir, por escapar de lo que no quiere ver. Para eso, Sandra Barneda, la más lista. Que corran otros.

Si no hubiese ocurrido lo que ocurrió en la hoguera de David, seguramente hoy esas carreras hubieran llenado titulares. Pero la historia de David se comió todo lo demás, hasta el punto de que Sandra Barneda no se podía creer la revelación de David cuando vio a Alba en el jacuzzi con Álex, confesándole lo que ella quiere en la cama y lo que le da David. Sobre todo por lo que implica esa confesión.

Cuando David y Alba llegaron a La isla de las tentaciones, una de las primeras revelaciones de David a sus compañeros y las solteras fue la operación a la que se tuvo que someter después de romperse el pene. Sí, el pene se puede romper; y sí, debe de ser dolorosísimo y con una recuperación más que complicada. Aquella primera vez, David lo contó como un chascarrillo, entre risas y entre la sorpresa de quien le estaba escuchando. Durante una relación sexual con Alba, a David se le rompió el pene. Le tuvieron que operar y, aunque aseguró que todo quedó bien, el postoperatorio, según contó, debió de ser una tortura china. No se podía acercar a Alba ni Alba a él, no podía ver a su chica con poca ropa, ni acercarse a ella, ni mirarla con ojos de deseo, ni dejar que la imaginación le jugara malas pasadas.

Anoche, cuando Sandra Barneda le mostró las imágenes de Alba en el jacuzzi, aquella confesión entre risas y cachondeo se tornó en una cruda realidad que a Sandra Barneda le costó asumir. En las imágenes se ve a Alba con Álex en el jacuzzi contándole que sus amigas le habían dicho que la primera en caer iba a ser ella para, a continuación, confesarle a su tentador que a ella le gusta el sexo duro, «que me lo haga con guarreo», pero que David es más de «cariño, mi amor…». David se había quedado patitieso al escuchar a su pareja. Si a eso le sumas cómo Miguel, el novio de Bayán -sí, Bayán ha vuelto a La isla de las tentaciones, aunque no parece Bayán-, radiaba la jugada, la tragedia estaba a punto de llegar a su cénit.

Breve inciso para hablar del momento Miguel. ¡Madre, la turra que da este hombre! Si ya es duro ver las imágenes de tu pareja, escuchar sus confesiones, aguantar las malas pasadas que te juega la cabeza, encima tienes que aguantar los comentarios de Miguel. ¡Qué tío más pesado! Que si «no me lo puedo creer», que si «lo que está diciendo», que si «eso es más que jugar», que si, que si… ¡Por favor, que se calle un mes!

Y dicho esto, volvamos al momento en que Sandra Barneda le pregunta a David cómo se encuentra y por qué le han dejado tan en shock las palabras de su pareja. Mientras todos sus compañeros sabían lo que David había vivido tras romperse el pene, Sandra Barneda no tenía ni idea. Así que cuando David le cuenta por qué no puede darle duro a Alba en la cama, Sandra Barneda fue el reflejo de todos los espectadores en casa.

«Yo tuve un problema. Me rompí el pene acostándome con ella. Es verdad que lo hemos pasado mal, pero ahora estábamos mejor, estábamos a full, pero que salte ahora con eso cuando sabe que es un problema que me pasó con ella… Nos estábamos recuperando. Lo hemos pasado muy mal porque tú imagínate cómo tenía que estar dándole para que eso se acabe rompiendo. Es que es muy duro escucharla. Estoy roto», le confesaba David a una Sandra Barneda que no se podía creer lo que David le estaba relatando.

Las palabras de Alba le dolieron a David más que una infidelidad. «Me quiero ir», acababa diciéndole David a Sandra Barneda. «Entiendo que duela», le decía Sandra Barneda, mientras David le suplicaba poder irse. David se levantaba. «No aguanto más». Sandra Barneda, aún alucinando con lo que le acababa de contar, solo podía abrazarle y decirle que lo sentía mucho. El consuelo de Sandra Barneda no servía de nada. David se iba hacia la orilla y acababa corriendo por la playa en busca de Villa Deseo y al grito de «¡Alba, eres el amor de mi vida!». «Esto es muy heavy», se escuchaba decir a sus compañeros. La carrera era tal que a punto estuvo David de llegar a la villa de las chicas, que escuchaban los gritos.

David no consiguió llegar por los pelos y acabó metido en el mar gritando «¡eres el puto amor de mi vida!». Sus compañeros le explicaban a Sandra Barneda, mientras tanto, que una de las primeras cosas que les contó David fue precisamente cómo se había roto el pene y lo que había supuesto para él. David volvía a la hoguera, empapado, roto, llorando y buscando el consuelo de Sandra Barneda. La imagen de Sandra Barneda consolando a David completamente roto es mucho más que el chascarrillo de que todo esto vino por la rotura de un pene; es la imagen de que hay infidelidades que van más allá de una relación sexual.

«David, cabeza alta», le decía Sandra Barneda (igual no era la mejor frase), pero tal vez era la que tenía que escuchar. «No dejéis de apoyaros. Esta noche… No sé cómo definirla. David, mírame: valórate», le pedía la presentadora. La isla de las tentaciones no es solo ver quién es el que o la que cae primero, también es enfrentarse a las inseguridades de uno mismo y descubrir que lo que no se habla antes de ir a La isla de las tentaciones duele más cuando uno está ya allí.

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