Las negociaciones de paz mueren y la guerra rusa contra Ucrania se vuelve más sangrienta. Las tragedias en Kiev, la capital ucrania, y Starobelsk, en la provincia de Lugansk, ocupada por Rusia, ilustran el dramático incremento de víctimas mortales civiles en la contienda. Durante el mes de mayo ya ha habido, al menos, 71, muchas más que en todo 2021, año anterior a que se desatase la gran invasión del Kremlin. Todo en medio de acusaciones entre Moscú y Kiev. Es el resultado de la violenta espiral de una guerra de ciudades causada por el estancamiento del frente y la nueva naturaleza del conflicto: los militares se resguardan en edificios civiles para evitar convertir la concentración de tropas de un cuartel en un regalo para los drones.
Moscú lleva a un grupo de periodistas a la ciudad de la provincia ocupada de Lugansk. El Kremlin cifra en 21 los muertos en un ataque con drones ucranios
Las negociaciones de paz mueren y la guerra rusa contra Ucrania se vuelve más sangrienta. Las tragedias de Kiev y Starobelsk este mayo ilustran el dramático incremento de víctimas mortales civiles en la contienda. Este mes ya ha habido, al menos, 71, muchas más que en todo 2021, año anterior a que se desatase la gran invasión del Kremlin. Todo en medio de acusaciones entre Moscú y Kiev. Es el resultado de la violenta espiral de una guerra de ciudades provocada por el estancamiento del frente y la nueva naturaleza del conflicto: los militares se resguardan en edificios civiles para evitar convertir la concentración de tropas de un cuartel en un regalo para los drones.
Vladimir Putin justifica su guerra por el supuesto genocidio cometido por Ucrania en el frente congelado de Donbás desde 2015. En todo 2021 fallecieron 16 civiles a ambos lados de la línea de contacto de la guerra de Donbás, según la misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Un año antes habían sido 24 fallecidos. La ONU ha confirmado hasta ahora la muerte de al menos 15.850 civiles en la guerra rusa contra Ucrania, aunque por sus limitaciones teme una cifra real muy superior. No incluye tampoco los cientos de miles de soldados fallecidos, que ambas partes tratan de ocultar.
Este 2026 comenzó con un ataque ruso contra un tren de pasajeros ucranio dejando cinco muertos. Solo el pasado 14 de mayo un misil balístico ruso mató a 24 civiles que se alojaban en un edificio de viviendas en Kiev, incluidas tres niñas. El 22 de mayo, una oleada de drones ucranios segó la vida a otros 21 civiles en una escuela de ciclos superiores en Starobelsk, Lugansk, región oriental ocupada por el ejército ruso al inicio de su ofensiva en 2022.
“Han muerto y resultado heridos más civiles en los primeros cuatro meses de 2026 que en ese mismo periodo en los tres años anteriores”, advertía la ONU a mediados de mayo, aunque alertaba de que este mes también estaba siendo sido una carnicería. La organización confirmó la muerte de al menos 815 civiles hasta abril y otros 71 hasta mediados de mayo.
El Ministerio de Exteriores ruso ha advertido este lunes “a todos los ciudadanos extranjeros” de que abandone Kiev debido a que se propone proseguir una campaña de bombardeos “contra los centros de toma de decisiones y puestos de mando” en la capital ucrania. Como justificación aduce la violación de los Convenios de Ginebra y la Convención sobre los Derechos del Niño en el bombardeo ucranio del pasado viernes en Starobelsk que, según Rusia, costó la vida a 21 adultos.
El ejército ucranio aseguró este viernes que había bombardeado a las fuerzas rusas en un centro para estudiantes de ciclos superiores en Starobelsk, en la región de Lugansk. Un día antes, el 21 de mayo, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, había anunciado un ataque exitoso contra un supuesto centenar de miembros del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) que empleaban otro edificio civil en Henichesk, en el territorio ocupado de Jersón, en el sur.
Sin embargo, según el recuento de víctimas mostrado por Rusia, con nombres y apellidos, fotos y fechas de nacimiento, todos los fallecidos de Starobelsk eran civiles, la mayoría de ellos mujeres.

El Kremlin y su propaganda han mostrado su indignación por la muerte de los jóvenes en Starobelsk, acusando a Kiev de cometer un “genocidio” contra su población, aunque guardan un silencio absoluto sobre el ataque en Henichesk. Kiev, por su parte, no ha ofrecido ninguna explicación y guarda silencio ante lo que parece un mortal error de sus servicios de inteligencia.
“No, en absoluto hay militares rusos en las ciudades”, aseguraba frente a las ruinas Elena Mayakóvskaya, asistente del jefe del Comité de Investigación ruso en Lugansk. No obstante, este periódico ha podido comprobar en persona que la presencia de tropas en edificios civiles es una práctica habitual de ambos bandos, tanto de Rusia como de Ucrania, desde que los drones y misiles amenazan a decenas de kilómetros en la retaguardia.
Por ejemplo, una unidad de drones rusa en otro pueblo de Lugansk cercano a Starobelsk, donde movieron el puesto donde modificaban estos aparatos desde un edificio público a un chalet rodeado de civiles después de sufrir un ataque con Himars ucranio; o en la propia Henichesk, donde la administración rusa, tropas y civiles huidos del frente de Jersón conviven en un hilo de tierra.
EL PAÍS no ha podido verificar si en algún momento hubo tropas rusas en Starobelsk. Moscú organizó un viaje para periodistas este domingo en el que los medios occidentales no tuvieron acceso ni a los vecinos ni a las víctimas y sus familiares, y solo pudieron escuchar declaraciones de altos cargos rusos.
“No lo sé, quizás más tarde. Veremos”, fue la respuesta de un jefe de las fuerzas de seguridad al insistir varias veces en poder salir del recinto para hablar con los vecinos.
Un enorme despliegue de agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y soldados mantenían alejados a decenas de metros a los habitantes de Starobelsk, ciudad en la que en los primeros días de la ocupación sus residentes fueron reprimidos cuando protestaban quemando la bandera de la República Popular de Donetsk y cantaban el himno ucranio, según recogía entonces la prensa de las redes sociales.
Este periódico pudo acercase por un momento a un grupo de vecinos visiblemente afligido al que vigilaba encima un policía. Al intentar hablar con los testigos del ataque, declinaron la conversación con amabilidad. “No, no es posible”, explicó uno de ellos con la sonrisa torcida y un gesto de resignación.
Las autoridades mantuvieron en todo momento un muro entre los medios y los protagonistas de la tragedia: las víctimas y los vecinos de Starobelsk. Los vecinos habían montado un homenaje improvisado con flores que fue excluido de la excursión salvo para las cámaras de las agencias del Kremlin.
En la posterior visita al hospital también vetaron la entrada a los periodistas con el pretexto de no incomodar, aunque no estaba claro a quién. “Las víctimas no quieren hablar con los medios ahora mismo, se encuentran en estado grave”, explicaron las autoridades.

Sin embargo, un par de periodistas de un medio controlado por el Kremlin se habían olvidado de quitarse las bolsitas para no manchar de las zapatillas tras haber tenido acceso a los heridos antes. “Sí, hemos hablado con las víctimas”, reconocieron a este periódico.
Ninguna vida vale menos que otra y el bombardeo de Starobelsk no necesita adjetivos para ser una tragedia. Artiom, Alisa, Yana… Los fallecidos tenían entre 18 y 23 años, según la lista oficial de víctimas, que no ha podido ser verificada aún. Sin embargo, las autoridades rusas insisten en que “solo había niños” en los edificios dañados al justificar nuevos ataques contra Ucrania.
En vez de padres y profesores, frente a las ruinas posaron con retratos de las víctimas varios altos cargos del Gobierno federal y de las autoridades de ocupación impuestas en Lugansk. Pese al parte oficial, la recién nombrada comisaria para los derechos humanos de Rusia, Yana Lantratova, aseguraba que allí vivían menores entre 14 y 18 años.

“El ministerio de Asuntos Exteriores emitirá próximamente un comunicado especial sobre los ataques que se han llevado a cabo y se llevarán a cabo contra Kiev en respuesta a estos horribles atentados terroristas”, ha anunciado la portavoz del organismo, María Zajárova, este lunes.
El domingo, mientras la excursión a Starobelsk tenía lugar, las fuerzas armadas rusas lanzaron un nuevo bombardeo masivo contra Kiev. Más de 600 drones y 90 misiles, incluido el cohete hipersónico Oréshnik, cayeron sobre esa región ucrania.
Paradojicamente, al mismo tiempo que las autoridades rusas acusan a Occidente de no cubrir la tragedia Starobelsk, estas ponen más trabas a los medios para informar sobre las oleadas de drones ucranios que han roto la burbuja de la propia capital rusa tras la masacre en Kiev del 14 de mayo. Las fuerzas de seguridad emitieron hace dos semanas una orden que sanciona, tanto para civiles como para periodistas, la publicación de imágenes que muestren los ataques de los drones.
A las autoridades rusas les preocupa que aumente la tensión interna si escala una guerra de ciudades entre Kiev y Moscú. De hecho, el propio presidente Vladímir Putin justificó hace tiempo los bombardeos de las zonas urbanas.
“Aquello era una instalación civil, pero se estaba utilizando con fines militares. O celebran reuniones y conferencias en restaurantes; festejan algo allí bebiendo vodka. Y allí también se llevó a cabo un ataque. Era una instalación civil, pero era un objetivo militar”, manifestó el líder ruso hace justo un año, en abril de 2025, tras bombardear un centro de congresos en la ciudad ucrania de Sumy dejando al menos 34 muertos.
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