La Akademik Lomonosov, la única central nuclear flotante del mundo, ha completado una revisión internacional de sus procedimientos de seguridad y funcionamiento con resultados positivos, según Rosatom, la corporación nuclear estatal rusa y responsable de la central. La instalación se encuentra amarrada frente a Pevek, una pequeña ciudad portuaria de la región rusa de Chukotka situada en el extremo oriental del Ártico.
La revisión fue realizada durante dos semanas por trece especialistas del Centro de Moscú de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, conocida como WANO. Esta organización reúne a empresas que operan centrales nucleares y organiza evaluaciones entre profesionales del sector para comparar sus prácticas con las de otras instalaciones.
El equipo observó el funcionamiento cotidiano de la planta y examinó documentación sobre mantenimiento, ingeniería, protección radiológica, experiencia operativa y preparación ante emergencias. Rosatom asegura que se identificaron menos aspectos susceptibles de mejora que en la evaluación anterior de 2022.
‘El equipo internacional se centró en ámbitos críticos como la organización y la administración, el mantenimiento y las reparaciones, el apoyo de ingeniería, la protección radiológica, la experiencia operativa, la preparación ante emergencias y otros campos’, afirma la corporación rusa en un comunicado.
‘Estos resultados sitúan a la central nuclear flotante al nivel de las mejores centrales nucleares de Rusia, incluidas las de Balakovo y Kalinin’, ha añadido Viktor Yelagin, director de la instalación.
Una central nuclear flotante de 21.500 toneladas
La plataforma, que opera desde 2019, es una barcaza de acero sin propulsión propia que mide 144 metros de eslora y 30 metros de manga, con un desplazamiento de unas 21.500 toneladas. En su interior alberga dos reactores KLT-40S de agua a presión, derivados de los empleados en una generación anterior de rompehielos nucleares rusos. Cada uno produce 35 MW, por lo que la central alcanza una potencia conjunta de 70 MW.
Actualmente aporta alrededor del 60 % de la energía consumida en el oeste de Chukotka y algunas zonas próximas de Yakutia. Además de generar electricidad, parte de la energía térmica producida por sus sistemas de vapor se utiliza para alimentar la red de calefacción urbana de Pevek.
Los reactores utilizan uranio enriquecido por debajo del 20 % y están diseñados para recargarse cada tres o cuatro años. La estructura también dispone de compartimentos destinados a guardar combustible nuevo, combustible gastado y residuos radiactivos. Su vida operativa prevista es de 40 años, aunque el diseño prevé la posibilidad de ampliarla.
La elección de Pevek como ubicación responde al aislamiento de esta región, donde construir una gran central terrestre y transportar continuamente carbón, gasóleo u otros combustibles resulta especialmente costoso. La plataforma ayuda además a sustituir la producción de la antigua central nuclear de Bilibino y de la central térmica de Chaunskaya. Su electricidad también respalda la explotación de los recursos minerales de la zona de Baimskaya.
12 años para construirla y transportarla
La Akademik Lomonosov fue construida en la Rusia europea antes de ser remolcada hasta Pevek, lo que evitó tener que fabricar la central completa en una de las regiones más remotas y hostiles del Ártico. El trabajo comenzó en 2007 en el astillero Sevmash, en Severodvinsk, pero el proyecto fue trasladado después al Astillero Báltico de San Petersburgo, donde se completó la barcaza y se instalaron los dos reactores KLT-40S. En 2018 fue llevada desde allí hasta Murmansk para cargar el combustible nuclear y realizar pruebas y en agosto de 2019 inició un recorrido de unos 5.000 kilómetros por el Ártico hasta Pevek, donde llegó en septiembre.
Una central nuclear flotante debe enfrentar algunos riesgos diferentes a los de una terrestre. Los reactores y sus sistemas auxiliares deben resistir tormentas, movimientos del oleaje, corrosión, impactos y posibles accidentes durante el remolque. La operación también depende de infraestructuras costeras específicas y de una cadena logística capaz de retirar combustible gastado y residuos radiactivos desde una de las regiones más remotas del planeta.
Un nombre fundamental en la historia científica rusa
La plataforma lleva el nombre de Mijaíl Lomonósov, científico, escritor y académico ruso del siglo XVIII que participó en la fundación de la Universidad de Moscú. Rusia lo considera una de las figuras fundamentales de su historia científica, lo que explica que Rosatom eligiera su nombre para un proyecto concebido como escaparate tecnológico.
Rusia no llegó primero
Rusia no es el primer país que ha operado una central nuclear flotante. Estados Unidos puso en servicio en 1967 la MH-1A Sturgis, instalada en un antiguo buque de carga y equipada con un reactor de unos 10 MW. La plataforma fue trasladada al lago Gatún, en la zona del Canal de Panamá, donde suministró electricidad entre 1968 y 1976.
Otras cuatro centrales nucleares flotantes en desarrollo
La Akademik Lomonosov no seguirá siendo la única central nuclear flotante del mundo durante mucho tiempo. Rusia está construyendo cuatro más para un gran proyecto minero en Chukotka. La primera debería entrar en funcionamiento en 2028 y está previsto que todas estén disponibles en 2031. Cada una contará con dos reactores derivados de la familia RITM-200 y producirá alrededor de 106 MW eléctricos. Tres cubrirán una demanda próxima a los 300 MW y la cuarta quedará disponible como reserva durante las recargas de combustible y las operaciones de mantenimiento.
El casco de la primera de las cuatro nuevas centrales, construido en China, llegó a San Petersburgo en marzo de 2026 para recibir los reactores y el resto de los equipos fabricados en Rusia. Rosatom también estudia versiones destinadas a la exportación con una potencia mínima de 100 MW y una vida útil de hasta 60 años. La compañía considera que estas centrales pueden encontrar mercado en regiones costeras aisladas, explotaciones industriales y países que necesiten electricidad estable sin construir una gran planta nuclear terrestre.
La plataforma, amarrada en el Ártico y equipada con dos reactores, suministra electricidad y calefacción a una de las regiones más aisladas de Rusia
La Akademik Lomonosov, la única central nuclear flotante del mundo, ha completado una revisión internacional de sus procedimientos de seguridad y funcionamiento con resultados positivos, según Rosatom, la corporación nuclear estatal rusa y responsable de la central. La instalación se encuentra amarrada frente a Pevek, una pequeña ciudad portuaria de la región rusa de Chukotka situada en el extremo oriental del Ártico.
La revisión fue realizada durante dos semanas por trece especialistas del Centro de Moscú de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, conocida como WANO. Esta organización reúne a empresas que operan centrales nucleares y organiza evaluaciones entre profesionales del sector para comparar sus prácticas con las de otras instalaciones.
El equipo observó el funcionamiento cotidiano de la planta y examinó documentación sobre mantenimiento, ingeniería, protección radiológica, experiencia operativa y preparación ante emergencias. Rosatom asegura que se identificaron menos aspectos susceptibles de mejora que en la evaluación anterior de 2022.
‘El equipo internacional se centró en ámbitos críticos como la organización y la administración, el mantenimiento y las reparaciones, el apoyo de ingeniería, la protección radiológica, la experiencia operativa, la preparación ante emergencias y otros campos’, afirma la corporación rusa en un comunicado.
‘Estos resultados sitúan a la central nuclear flotante al nivel de las mejores centrales nucleares de Rusia, incluidas las de Balakovo y Kalinin’, ha añadido Viktor Yelagin, director de la instalación.
Una central nuclear flotante de 21.500 toneladas
La plataforma, que opera desde 2019, es una barcaza de acero sin propulsión propia que mide 144 metros de eslora y 30 metros de manga, con un desplazamiento de unas 21.500 toneladas. En su interior alberga dos reactores KLT-40S de agua a presión, derivados de los empleados en una generación anterior de rompehielos nucleares rusos. Cada uno produce 35 MW, por lo que la central alcanza una potencia conjunta de 70 MW.
Actualmente aporta alrededor del 60 % de la energía consumida en el oeste de Chukotka y algunas zonas próximas de Yakutia. Además de generar electricidad, parte de la energía térmica producida por sus sistemas de vapor se utiliza para alimentar la red de calefacción urbana de Pevek.
Los reactores utilizan uranio enriquecido por debajo del 20 % y están diseñados para recargarse cada tres o cuatro años. La estructura también dispone de compartimentos destinados a guardar combustible nuevo, combustible gastado y residuos radiactivos. Su vida operativa prevista es de 40 años, aunque el diseño prevé la posibilidad de ampliarla.
La elección de Pevek como ubicación responde al aislamiento de esta región, donde construir una gran central terrestre y transportar continuamente carbón, gasóleo u otros combustibles resulta especialmente costoso. La plataforma ayuda además a sustituir la producción de la antigua central nuclear de Bilibino y de la central térmica de Chaunskaya. Su electricidad también respalda la explotación de los recursos minerales de la zona de Baimskaya.
12 años para construirla y transportarla
La Akademik Lomonosov fue construida en la Rusia europea antes de ser remolcada hasta Pevek, lo que evitó tener que fabricar la central completa en una de las regiones más remotas y hostiles del Ártico. El trabajo comenzó en 2007 en el astillero Sevmash, en Severodvinsk, pero el proyecto fue trasladado después al Astillero Báltico de San Petersburgo, donde se completó la barcaza y se instalaron los dos reactores KLT-40S. En 2018 fue llevada desde allí hasta Murmansk para cargar el combustible nuclear y realizar pruebas y en agosto de 2019 inició un recorrido de unos 5.000 kilómetros por el Ártico hasta Pevek, donde llegó en septiembre.
Una central nuclear flotante debe enfrentar algunos riesgos diferentes a los de una terrestre. Los reactores y sus sistemas auxiliares deben resistir tormentas, movimientos del oleaje, corrosión, impactos y posibles accidentes durante el remolque. La operación también depende de infraestructuras costeras específicas y de una cadena logística capaz de retirar combustible gastado y residuos radiactivos desde una de las regiones más remotas del planeta.
Un nombre fundamental en la historia científica rusa
La plataforma lleva el nombre de Mijaíl Lomonósov, científico, escritor y académico ruso del siglo XVIII que participó en la fundación de la Universidad de Moscú. Rusia lo considera una de las figuras fundamentales de su historia científica, lo que explica que Rosatom eligiera su nombre para un proyecto concebido como escaparate tecnológico.
Rusia no llegó primero
Rusia no es el primer país que ha operado una central nuclear flotante. Estados Unidos puso en servicio en 1967 la MH-1A Sturgis, instalada en un antiguo buque de carga y equipada con un reactor de unos 10 MW. La plataforma fue trasladada al lago Gatún, en la zona del Canal de Panamá, donde suministró electricidad entre 1968 y 1976.
Otras cuatro centrales nucleares flotantes en desarrollo
La Akademik Lomonosov no seguirá siendo la única central nuclear flotante del mundo durante mucho tiempo. Rusia está construyendo cuatro más para un gran proyecto minero en Chukotka. La primera debería entrar en funcionamiento en 2028 y está previsto que todas estén disponibles en 2031. Cada una contará con dos reactores derivados de la familia RITM-200 y producirá alrededor de 106 MW eléctricos. Tres cubrirán una demanda próxima a los 300 MW y la cuarta quedará disponible como reserva durante las recargas de combustible y las operaciones de mantenimiento.
El casco de la primera de las cuatro nuevas centrales, construido en China, llegó a San Petersburgo en marzo de 2026 para recibir los reactores y el resto de los equipos fabricados en Rusia. Rosatom también estudia versiones destinadas a la exportación con una potencia mínima de 100 MW y una vida útil de hasta 60 años. La compañía considera que estas centrales pueden encontrar mercado en regiones costeras aisladas, explotaciones industriales y países que necesiten electricidad estable sin construir una gran planta nuclear terrestre.
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