A pesar de que todos los focos estaban puestos en el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y en Flávio Bolsonaro, en las elecciones que celebró Brasil este domingo había más candidatos: un puñado de representantes conservadores, en el arco que va del centro-derecha al liberalismo más radical, que intentaron, sin éxito, presentarse como alternativa. Entre todos sumaron nueve millones de votos (menos del 8% del total), pero de cara a la segunda vuelta a dónde vayan esos apoyos puede ser clave para decidir el futuro presidente. De momento, ellos ya han dicho que se mantendrán neutrales. Lo que hagan sus votantes es otra cosa. La tendencia más probable es que voten a Flávio Bolsonaro, que voten nulo o que no voten.
Los descalificados, que suman el 8%, se declaran neutrales, pero es probable que buena parte de sus electores migren ahora hacia el bolsonarismo
Los descalificados, que suman el 8%, se declaran neutrales, pero es probable que buena parte de sus electores migren ahora hacia el bolsonarismo

A pesar de que todos los focos estaban puestos en el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y en Flávio Bolsonaro, en las elecciones que celebró Brasil este domingo había más candidatos: un puñado de representantes conservadores, en el arco que va del centro-derecha al liberalismo más radical, que intentaron, sin éxito, presentarse como alternativa. Entre todos sumaron nueve millones de votos (menos del 8% del total), pero de cara a la segunda vuelta a dónde vayan esos apoyos puede ser clave para decidir el futuro presidente. De momento, ellos ya han dicho que se mantendrán neutrales. Lo que hagan sus votantes es otra cosa. La tendencia más probable es que voten a Flávio Bolsonaro, que voten nulo o que no voten.

El que obtuvo mejores resultados fue Augusto Cury (2,9% de los votos válidos), un escritor de libros de autoayuda que había intentando dar a la campaña un tono más propositivo huyendo de la polarización. Llegó a tener cierta popularidad después de sus primeras apariciones en los debates televisados, pero nunca llegó a despegar. Ahora dice estar preocupado: “La democracia brasileña, así como la de otras muchas naciones, da señales de asfixia. Temo que en las próximas décadas haya un avance de las dictaduras y del populismo”, afirmó tras el resultado.
Renan Santos, con el 2,24% de los votos, representaba una derecha más ultraliberal, al estilo Javier Milei. Rodeado de un equipo joven y más pegado al lenguaje de las redes sociales, confiaba en empezar a posicionarse como recambio al bolsonarismo a largo plazo. Durante la campaña ha sido de los más combativos contra Flávio Bolsonaro, alguien a quien considera “completamente descalificado, cobarde e idiota”. Ya ha dicho que él no votará ni a Flávio ni a Lula porque no vota a “delincuentes”, pero que sus seguidores pueden hacer lo que quieran.
Ronaldo Caiado, un político conservador de los de toda la vida, cosechó apenas un 2,1% de votos, la mayoría en el estado de Goiás, donde fue gobernador. También se declaró neutral ante la segunda vuelta. De los pequeños postulantes, el fracaso más estrepitoso fue el de Romeu Zema, que pasó de gobernar el estado de Minas Gerais (más de 20 millones de habitantes) a seducir a poco más de 300.000 votantes. En su primer discurso tras los resultados evitó apoyar directamente a Flávio Bolsonaro, pero dijo que donde esté el PT, él estará en contra.
La gran batalla de Lula para intentar remontar la segunda vuelta no estará tanto en intentar seducir a los electores de estos candidatos, una misión casi imposible, sino en movilizar a los que el domingo se quedaron en casa. Casi 33 millones de brasileños, poco más del 21% del electorado, dejaron de votar en esta primera ronda. Es el porcentaje más alto desde 1998. El margen de Flávio Bolsonaro sobre Lula fue de 2,3 millones de votos.
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