La guerra en Ucrania continúa acelerando la robotización del campo de batalla y uno de los últimos ejemplos se ha visto en las maniobras Tsentr-2026, celebradas entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre en el campo de entrenamiento de Chebarkul, en la región de Cheliábinsk, aunque no sin contratiempos. Allí, el Ejército ruso ensayó el uso de blindados sin tripulación, basados en el tanque T-72B3M, para proporcionar fuego de apoyo a unidades de asalto, según informa TASS.
Durante las pruebas, estos vehículos efectuaban breves paradas para disparar contra objetivos y después se desplazaban a nuevas posiciones de tiro. Sin embargo, uno de ellos terminó atascado en el barro en la penúltima jornada y en presencia de Vladímir Putin, de acuerdo con fuentes rusas que recoge Defence Blog. Precisamente, la presencia del mandatario ese día hizo que el tanque robot contará con un piloto humano controlándolo, pero no fue suficiente. Además, las interrupciones entre las comunicaciones del vehículo con el de control fueron constantes según el medio.
La demostración incluyó dos configuraciones con módulos de combate distintos, uno de tipo tanque y otro de tipo BMPT, la denominación rusa para los vehículos de combate de apoyo a tanques. TASS no los relaciona con el programa de blindados robóticos de asalto Shturm, aunque los medios ucranianos sí lo hacen.
Las autoridades rusas cifraron la participación en más de 47.000 militares y se emplearon unas 700 unidades de material militar, más de 600 drones y más de 60 sistemas robóticos. Estos se encargaron de transportar munición, prestar apoyo logístico y de fuego y ayudar a superar obstáculos, mientras actuaban los equipos de drones FPV y grupos antidrones.
El programa Shturm
El programa Shturm parte de trabajos que el fabricante ruso de tanques Uralvagonzavod dio a conocer en 2018, según Army Recognition. El proyecto aprovecha la plataforma T-72 para poder enviar vehículos pesados controlados a distancia a posiciones peligrosas mientras sus operadores permanecen en otro blindado protegido.
La familia de vehículos proyectada incluye uno con cañón de 125 mm acortado y otro equipado con dos cañones automáticos de 30 mm. También contempla un vehículo equipado con lanzadores termobáricos Shmel y otro armado con cohetes termobáricos de 220 mm, aunque no está confirmado que los cuatro participaran en estas maniobras.
La versión armada con cañón cuenta con un D-414 de ánima lisa, un cargador automático de 22 proyectiles, una pala frontal y protección reforzada. Su tubo ha sido acortado a unos cuatro metros para facilitar las maniobras por calles estrechas y entre escombros, al sobresalir menos del vehículo. Además, los requisitos de diseño recogidos por medios rusos exigen conservar la capacidad de combate tras entre 10 y 15 impactos de lanzagranadas antitanque y la explosión de una mina.
Junto a esas cuatro configuraciones de combate, el programa requiere un vehículo de mando tripulado, también sobre un chasis de la familia T-72, desde el que controlar varios blindados a hasta unos tres kilómetros de distancia. Las informaciones rusas mencionan una velocidad de unos 40 km/h bajo control remoto y la conservación de mandos convencionales para poder conducirlos desde dentro cuando sea necesario.
No se trata de tanques autónomos, dado que los operadores humanos mantienen el control de los movimientos y del empleo de las armas. Esa dependencia convierte las comunicaciones en un elemento esencial, porque su interrupción puede impedir que el blindado cumpla su misión, aunque permanezca intacto.
El Ministerio de Defensa ruso asegura que el sistema utiliza varios canales de control y es resistente a las interferencias, con duplicación de los componentes especialmente vulnerables, pero según el experto en armas ruso Andrei Tarasenko no es suficiente. Citado por Defence Blog, señala que «la idea de este vehículo me parece poco acertada: depende de un puesto de mando que tiene que estar a 3 o 4 kilómetros de distancia y en línea de visión directa. Sin comunicaciones adecuadas como Starlink, o algo similar, un vehículo así no tiene sentido».
Las pruebas incluyeron dos configuraciones de vehículos teledirigidos que prestaron fuego de apoyo a las tropas durante las maniobras Tsentr-2026
La guerra en Ucrania continúa acelerando la robotización del campo de batalla y uno de los últimos ejemplos se ha visto en las maniobras Tsentr-2026, celebradas entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre en el campo de entrenamiento de Chebarkul, en la región de Cheliábinsk, aunque no sin contratiempos. Allí, el Ejército ruso ensayó el uso de blindados sin tripulación, basados en el tanque T-72B3M, para proporcionar fuego de apoyo a unidades de asalto, según informa TASS.
Durante las pruebas, estos vehículos efectuaban breves paradas para disparar contra objetivos y después se desplazaban a nuevas posiciones de tiro. Sin embargo, uno de ellos terminó atascado en el barro en la penúltima jornada y en presencia de Vladímir Putin, de acuerdo con fuentes rusas que recoge Defence Blog. Precisamente, la presencia del mandatario ese día hizo que el tanque robot contará con un piloto humano controlándolo, pero no fue suficiente. Además, las interrupciones entre las comunicaciones del vehículo con el de control fueron constantes según el medio.
La demostración incluyó dos configuraciones con módulos de combate distintos, uno de tipo tanque y otro de tipo BMPT, la denominación rusa para los vehículos de combate de apoyo a tanques. TASS no los relaciona con el programa de blindados robóticos de asalto Shturm, aunque los medios ucranianos sí lo hacen.
Las autoridades rusas cifraron la participación en más de 47.000 militares y se emplearon unas 700 unidades de material militar, más de 600 drones y más de 60 sistemas robóticos. Estos se encargaron de transportar munición, prestar apoyo logístico y de fuego y ayudar a superar obstáculos, mientras actuaban los equipos de drones FPV y grupos antidrones.
El programa Shturm parte de trabajos que el fabricante ruso de tanques Uralvagonzavod dio a conocer en 2018, según Army Recognition. El proyecto aprovecha la plataforma T-72 para poder enviar vehículos pesados controlados a distancia a posiciones peligrosas mientras sus operadores permanecen en otro blindado protegido.
La familia de vehículos proyectada incluye uno con cañón de 125 mm acortado y otro equipado con dos cañones automáticos de 30 mm. También contempla un vehículo equipado con lanzadores termobáricos Shmel y otro armado con cohetes termobáricos de 220 mm, aunque no está confirmado que los cuatro participaran en estas maniobras.
La versión armada con cañón cuenta con un D-414 de ánima lisa, un cargador automático de 22 proyectiles, una pala frontal y protección reforzada. Su tubo ha sido acortado a unos cuatro metros para facilitar las maniobras por calles estrechas y entre escombros, al sobresalir menos del vehículo. Además, los requisitos de diseño recogidos por medios rusos exigen conservar la capacidad de combate tras entre 10 y 15 impactos de lanzagranadas antitanque y la explosión de una mina.
Junto a esas cuatro configuraciones de combate, el programa requiere un vehículo de mando tripulado, también sobre un chasis de la familia T-72, desde el que controlar varios blindados a hasta unos tres kilómetros de distancia. Las informaciones rusas mencionan una velocidad de unos 40 km/h bajo control remoto y la conservación de mandos convencionales para poder conducirlos desde dentro cuando sea necesario.
No se trata de tanques autónomos, dado que los operadores humanos mantienen el control de los movimientos y del empleo de las armas. Esa dependencia convierte las comunicaciones en un elemento esencial, porque su interrupción puede impedir que el blindado cumpla su misión, aunque permanezca intacto.
El Ministerio de Defensa ruso asegura que el sistema utiliza varios canales de control y es resistente a las interferencias, con duplicación de los componentes especialmente vulnerables, pero según el experto en armas ruso Andrei Tarasenko no es suficiente. Citado por Defence Blog, señala que «la idea de este vehículo me parece poco acertada: depende de un puesto de mando que tiene que estar a 3 o 4 kilómetros de distancia y en línea de visión directa. Sin comunicaciones adecuadas como Starlink, o algo similar, un vehículo así no tiene sentido».
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