Una IA empieza a recetar medicamentos sin que un médico tenga que aprobarlos antes

La inteligencia artificial ya se utiliza para ayudar a los médicos a diagnosticar enfermedades o decidir tratamientos, pero Utah ha dado un paso adelante bastante más delicado. El estado estadounidense ha autorizado un programa piloto a la empresa Nolla Health en el que una IA podrá emitir una primera receta médica sin que un facultativo tenga que aprobarla previamente. Por ahora, está limitado al tratamiento del acné leve o moderado en adultos.

En una consulta de telemedicina convencional puede utilizarse software para recopilar síntomas, analizar imágenes o ayudar al profesional, pero sigue siendo un médico quien decide qué receta. La aplicación Nolla Derm está diseñada para asumir esa decisión dentro de unos límites muy concretos y derivar el caso a un facultativo cuando no pueda actuar con suficiente seguridad.

Para acceder, los pacientes de Utah mayores de 18 años deben completar un cuestionario, verificar su identidad y realizar un escaneo del rostro desde varios ángulos. La IA analiza las imágenes junto con la información clínica y selecciona uno de los tratamientos previamente aprobados por médicos. No se los puede inventar ni elegir libremente entre todos los medicamentos disponibles y situaciones como un acné grave, un embarazo o determinadas condiciones médicas obligan a detener el proceso y recurrir a un profesional.

‘La IA no puede improvisar. Solo puede elegir entre una breve lista de tratamientos tópicos aprobados por médicos. En el momento en que un paciente queda fuera de esos límites, se detiene y lo deriva a un médico’, ha explicado el asesor médico de Nolla Health, Zaid Fadul.

El servicio no ofrece autonomía completa desde el primer día, sino que la introduce de forma gradual. Durante la primera fase, dos médicos de Utah revisarán y aprobarán todas las recetas de los primeros 100 pacientes antes de que sean enviadas. En la segunda, los siguientes 500 pacientes, la IA podrá comenzar a prescribir por su cuenta y los casos serán revisados diariamente, mientras que en la última fase el control se reducirá a una muestra de al menos el 10 % de las recetas cada semana y a todos los casos con efectos secundarios o que requieran una intervención adicional.

Para pasar de una fase a la siguiente, Nolla deberá alcanzar al menos un 95 % de coincidencia con los médicos y no registrar acontecimientos adversos graves, además de obtener la autorización por escrito del estado. La propia compañía asegura que los profesionales coinciden actualmente con las recomendaciones de su sistema en más del 96 % de los casos reales y que las discrepancias suelen limitarse a cuestiones como modificar la concentración de un tratamiento tópico.

El programa funciona mediante una suscripción de 4,99 dólares mensuales porque el servicio no termina cuando se emite la primera receta. La aplicación permite realizar escaneos periódicos para seguir la evolución de la piel, revisar y adaptar el tratamiento y contactar directamente con un médico con licencia sin pagar un suplemento. Los medicamentos pueden recibirse en casa o recogerse en una farmacia.

El acné podría ser solamente el primer terreno de pruebas para este modelo. Fadul considera que otras enfermedades de la piel como la rosácea serían una extensión natural y también menciona la gripe y las infecciones urinarias no complicadas entre las afecciones que podrían estudiarse en el futuro, siempre que existan límites claros y datos objetivos suficientes.

‘La medicina no consiste simplemente en hacer coincidir síntomas con tratamientos. Lo ideal es que la IA descargue a los médicos de una mayor parte del trabajo rutinario para que tengamos más tiempo para centrarnos en los pacientes y las decisiones que realmente nos necesitan’, señala Fadul. El responsable médico de Nolla cree que dentro de una década estos sistemas podrían ocuparse de una parte importante de la atención más rutinaria, aunque considera que los diagnósticos graves, los medicamentos de mayor riesgo y los casos ambiguos deberían continuar en manos de médicos.

 Utah ha autorizado un programa piloto en el que la aplicación Nolla Derm podrá emitir recetas para tratar el acné de forma autónoma  

La inteligencia artificial ya se utiliza para ayudar a los médicos a diagnosticar enfermedades o decidir tratamientos, pero Utah ha dado un paso adelante bastante más delicado. El estado estadounidense ha autorizado un programa piloto a la empresa Nolla Health en el que una IA podrá emitir una primera receta médica sin que un facultativo tenga que aprobarla previamente. Por ahora, está limitado al tratamiento del acné leve o moderado en adultos.

En una consulta de telemedicina convencional puede utilizarse software para recopilar síntomas, analizar imágenes o ayudar al profesional, pero sigue siendo un médico quien decide qué receta. La aplicación Nolla Derm está diseñada para asumir esa decisión dentro de unos límites muy concretos y derivar el caso a un facultativo cuando no pueda actuar con suficiente seguridad.

Para acceder, los pacientes de Utah mayores de 18 años deben completar un cuestionario, verificar su identidad y realizar un escaneo del rostro desde varios ángulos. La IA analiza las imágenes junto con la información clínica y selecciona uno de los tratamientos previamente aprobados por médicos. No se los puede inventar ni elegir libremente entre todos los medicamentos disponibles y situaciones como un acné grave, un embarazo o determinadas condiciones médicas obligan a detener el proceso y recurrir a un profesional.

‘La IA no puede improvisar. Solo puede elegir entre una breve lista de tratamientos tópicos aprobados por médicos. En el momento en que un paciente queda fuera de esos límites, se detiene y lo deriva a un médico’, ha explicado el asesor médico de Nolla Health, Zaid Fadul.

El servicio no ofrece autonomía completa desde el primer día, sino que la introduce de forma gradual. Durante la primera fase, dos médicos de Utah revisarán y aprobarán todas las recetas de los primeros 100 pacientes antes de que sean enviadas. En la segunda, los siguientes 500 pacientes, la IA podrá comenzar a prescribir por su cuenta y los casos serán revisados diariamente, mientras que en la última fase el control se reducirá a una muestra de al menos el 10 % de las recetas cada semana y a todos los casos con efectos secundarios o que requieran una intervención adicional.

Para pasar de una fase a la siguiente, Nolla deberá alcanzar al menos un 95 % de coincidencia con los médicos y no registrar acontecimientos adversos graves, además de obtener la autorización por escrito del estado. La propia compañía asegura que los profesionales coinciden actualmente con las recomendaciones de su sistema en más del 96 % de los casos reales y que las discrepancias suelen limitarse a cuestiones como modificar la concentración de un tratamiento tópico.

El programa funciona mediante una suscripción de 4,99 dólares mensuales porque el servicio no termina cuando se emite la primera receta. La aplicación permite realizar escaneos periódicos para seguir la evolución de la piel, revisar y adaptar el tratamiento y contactar directamente con un médico con licencia sin pagar un suplemento. Los medicamentos pueden recibirse en casa o recogerse en una farmacia.

El acné podría ser solamente el primer terreno de pruebas para este modelo. Fadul considera que otras enfermedades de la piel como la rosácea serían una extensión natural y también menciona la gripe y las infecciones urinarias no complicadas entre las afecciones que podrían estudiarse en el futuro, siempre que existan límites claros y datos objetivos suficientes.

‘La medicina no consiste simplemente en hacer coincidir síntomas con tratamientos. Lo ideal es que la IA descargue a los médicos de una mayor parte del trabajo rutinario para que tengamos más tiempo para centrarnos en los pacientes y las decisiones que realmente nos necesitan’, señala Fadul. El responsable médico de Nolla cree que dentro de una década estos sistemas podrían ocuparse de una parte importante de la atención más rutinaria, aunque considera que los diagnósticos graves, los medicamentos de mayor riesgo y los casos ambiguos deberían continuar en manos de médicos.

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