De nuevo, como en casi todas las crisis graves que ha sufrido el Gobierno en esta legislatura, y ya va una larga lista, hay dos realidades paralelas. Por un lado está la investigación del caso Zapatero, con los detalles que deja la publicación del sumario completo, y por otro la agenda del Gobierno y del presidente, que sigue adelante como si no pasara nada.
El presidente viaja a Roma a hablar del hambre en la FAO y de inmigración e inteligencia artificial con León XIV
De nuevo, como en casi todas las crisis graves que ha sufrido el Gobierno en esta legislatura, y ya va una larga lista, hay dos realidades paralelas. Por un lado está la investigación del caso Zapatero, con los detalles que deja la publicación del sumario completo, y por otro la agenda del Gobierno y del presidente, que sigue adelante como si no pasara nada.
Mientras el Ejecutivo intenta taponar la herida abierta por la imputación de Rodríguez Zapatero, y Sánchez recibe la presión tanto del PNV o de Coalición Canaria como del ex presidente Felipe González para que adelante las elecciones generales, el jefe del Ejecutivo viaja este martes a Roma durante dos días con dos objetivos políticos muy claros: remarcar su perfil progresista internacional precisamente en Italia, tal vez el país europeo donde más entusiasmo despierta el líder español -este martes hará un discurso en la sede de la FAO en Roma sobre el hambre- y atraerse al papa León XIV a su terreno precisamente en la previa de un viaje a España en el que La Moncloa tenía puestas muchas expectativas ya antes del estallido del caso judicial que acapara toda la atención política del país.
No es que Sánchez viva ajeno al escándalo, y aunque este lunes dijera a los medios que “por supuesto” está muy tranquilo, la realidad es que La Moncloa sigue en shock por el durísimo golpe político que supone la imputación de un hombre clave para el progresismo español como Zapatero. Sánchez y su equipo viven pendientes de todos los avances de la investigación, con la sensación de ir por detrás de los acontecimientos en todo momento, porque no tienen información privilegiada. Pero siguen apoyando al expresidente porque insisten en que no ha aparecido ninguna prueba definitiva de su implicación en una trama corrupta.
La preocupación es evidente, sobre todo porque el Ejecutivo pierde por completo el control de la agenda y vive de nuevo pendiente de los tribunales, mientras la oposición tiene el discurso hecho. Sánchez tenía mucha agenda prevista antes del escándalo, pensada entre otras cosas para salir del agujero de las elecciones andaluzas, y, a pesar de todo, ha decidido mantenerla en su totalidad.
El Gobierno no le da mucho recorrido a los planteamientos del líder del PNV, Aitor Esteban, que reclama que las elecciones se adelanten a 2026 porque cree que lo contrario sería una irresponsabilidad, y mucho menos al apoyo a esa tesis de Felipe González, que no oculta su rechazo total a Sánchez, hasta el punto de que ha anunciado que no votará al PSOE si se presenta el actual líder. En el Gobierno insisten en que el PNV sigue siendo un socio leal con el que los socialistas gobiernan en Euskadi y con el que tienen muchas negociaciones pendientes, y ven inviable que apoye una moción de censura con el PP y Vox. La opinión en el Ejecutivo es que estas palabras de Esteban quedarán en nada como otras veces que ha dicho cosas similares. La Moncloa sigue trabajando con el escenario de agotar la legislatura aunque sea sin Presupuestos, y no parece haber cambios ahí.
El Gobierno, aunque es consciente de que todo lo tapará mediáticamente el caso Zapatero, mantiene su actividad y esta semana está claramente alineada con el papa León XIV. Es atípico que un papa esté en sintonía con un líder progresista como Sánchez, pero ya pasó con Francisco en algunos temas y se repite con León XIV. El Gobierno piensa explotarlo al máximo para intentar ganar batallas políticas internas y también para meter en problemas al PP, que no puede criticar a la Iglesia, como hace Vox, pero a la vez choca con ella en cuestiones decisivas como la regularización de inmigrantes. La cuestión migratoria es decisiva, y Sánchez hablará de ella con León XIV el miércoles cuando le reciba en audiencia en el Vaticano. Después tiene previsto dar una rueda de prensa que con total seguridad se centrará en el caso Zapatero, pero él buscará hablar de inmigración.
La Iglesia ha apoyado la regularización extraordinaria y el Gobierno confía en que sea muy útil en este sentido el viaje del Papa a España, en el que Canarias y el contacto con los migrantes irregulares tiene un gran peso específico. En La Moncloa señalan que la derecha va a tener muchas dificultades para defender su discurso con un Papa en Canarias apoyando a los migrantes y visitándolos en persona.
El otro gran asunto sobre el que hay sintonía entre el Gobierno y el Vaticano es el control de los riesgos de la inteligencia artificial. El Papa ha publicado este martes su primera encíclica, precisamente dedicada a este tema, y este martes el Consejo de Ministros, sin Sánchez, ya de viaje en Roma, aprobará una ley sobre gobernanza de este revolucionario avance tecnológico. En el Ejecutivo insisten en que la música de ambas propuestas es muy similar, y Sánchez se apoyará en eso en busca de cercanía con el pontífice. Hay otros asuntos como la guerra de Irán, los ataques de Israel en Palestina y el Líbano, o la propia desigualdad y el hambre en el mundo, donde también hay mucha sintonía. El presidente mantiene así su agenda internacional, que tiene también como hito una cumbre de la OTAN en Ankara en julio después de las amenazas de Donald Trump de echar a España de este organismo. La vida normal del Gobierno sigue adelante, con los temas que había antes y otros nuevos, pero nadie se engaña en La Moncloa: todo quedará arrasado por el caso Zapatero durante un periodo largo, aunque nadie sabe cuánto.
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