Por Emilio Crespo
El creciente poderío chino en Inteligencia Artificial preocupa a las tecnológicas estadounidenses. Algunas en público, como Anthropic, y otras en privado acusan a los chinos de «destilar» sus modelos y embutirlos en alternativas de código abierto y bajo coste. Además, Pekín se ha erigido en defensor universal de una IA accesible para los países en desarrollo. Xi Jinping se comprometió la semana pasada en la conferencia de Shanghai a dar asistencia en esa materia a naciones de África, Asia, el mundo árabe y Latinoamérica.
Mientras, Donald Trump invoca la seguridad nacional para decidir quién puede usar o no los modelos más avanzados de IA, China se convierte en un nuevo Robin Hood, el legendario arquero medieval también acusado de robar a los ricos y compartir el botín con los pobres.
Según la prensa norteamericana lo que comparte de momento el Gobierno de EEUU es la preocupación de sus empresas por los destilados baratos, e ideologizados, que copan un tercio del mercado también dentro de su país y pueden convertirse en un gran instrumento de influencia internacional para Pekín.
En el siglo XXI se ha afianzado ese reparto sarcástico de fortalezas en el que EEUU innova, China fabrica y Europa regula. Ahora, en la carrera de la IA, llega la destilación denunciada por los norteamericanos que, además, mejora con el paso del tiempo. En julio se han anunciado tres nuevos modelos chinos de muy alto nivel. Antes de su llegada ya había en el top 10 del sector elaborado por Artificial Analysis 3 productos de China frente a 7 de EEUU. Y ninguno de Europa, aunque desde 2024 la UE ya cuenta con la primera legislación mundial sobre IA.
EEUU innova, Europa regula y China destila para el mundo
Por Emilio Crespo
El creciente poderío chino en Inteligencia Artificial preocupa a las tecnológicas estadounidenses. Algunas en público, como Anthropic, y otras en privado acusan a los chinos de «destilar» sus modelos y embutirlos en alternativas de código abierto y bajo coste. Además, Pekín se ha erigido en defensor universal de una IA accesible para los países en desarrollo. Xi Jinping se comprometió la semana pasada en la conferencia de Shanghai a dar asistencia en esa materia a naciones de África, Asia, el mundo árabe y Latinoamérica.
Mientras, Donald Trump invoca la seguridad nacional para decidir quién puede usar o no los modelos más avanzados de IA, China se convierte en un nuevo Robin Hood, el legendario arquero medieval también acusado de robar a los ricos y compartir el botín con los pobres.
Según la prensa norteamericana lo que comparte de momento el Gobierno de EEUU es la preocupación de sus empresas por los destilados baratos, e ideologizados, que copan un tercio del mercado también dentro de su país y pueden convertirse en un gran instrumento de influencia internacional para Pekín.
En el siglo XXI se ha afianzado ese reparto sarcástico de fortalezas en el que EEUU innova, China fabrica y Europa regula. Ahora, en la carrera de la IA, llega la destilación denunciada por los norteamericanos que, además, mejora con el paso del tiempo. En julio se han anunciado tres nuevos modelos chinos de muy alto nivel. Antes de su llegada ya había en el top 10 del sector elaborado por Artificial Analysis 3 productos de China frente a 7 de EEUU. Y ninguno de Europa, aunque desde 2024 la UE ya cuenta con la primera legislación mundial sobre IA.
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