El español reacciona tras perder el primer set, remonta su final para acabar 5-7, 6-3 y 6-1 y buscará su tercer título este 2026 Leer El español reacciona tras perder el primer set, remonta su final para acabar 5-7, 6-3 y 6-1 y buscará su tercer título este 2026 Leer
En cualquier otro partido, con cualquier otro jugador, la instrucción que este lunes Samu López le dio a su pupilo, Carlos Alcaraz, sonaría a simpleza: «¡Pégale una hostia!». Qué fácil, ¿no? En un mal momento de Alcaraz, después de perder el primer set, su técnico le pedía que le diera fuerte. No había análisis técnico, ni un cambio de posición, ni una propuesta innovadora. Que azotara la raqueta y ya está. Alcaraz se sorprendió, le miró y entendió. López tenía toda la razón.
En las semifinales del ATP 500 de Tokio, Alcaraz sufrió ante Jaume Munar hasta que empezó a azotar la bola con violencia, a acelerar la derecha, a pegar, en definitiva, unas buenas hostias. ¡Bim! ¡Bam! ¡Bum! Y cayó la resistencia de Munar, que hasta entonces estaba siendo un muro. La solución era tan sencilla como eso: pegar más fuerte. Al final, Alcaraz venció por 5-7, 6-3 y 6-1, tras dos horas y 38 minutos de juego, y jugará la final, la cuarta de la temporada, ante el vencedor del duelo entre Jiri Lehecka y Valentin Vacherot.
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