DJI presenta la Osmo Pocket 4P: la cámara menos pensada

Hay un momento curioso que se repite cada vez que aparece una nueva cámara. Las marcas hablan de sensores más grandes, más resolución, más rango dinámico o más inteligencia artificial. Son mejoras importantes, sí, pero casi siempre responden a la misma pregunta: ¿cómo conseguimos una imagen mejor? Con la nueva DJI Osmo Pocket 4P la pregunta cambia.

No se trata solo de obtener una imagen más nítida o luminosa. Se trata de disponer de más recursos a la hora de conseguir una imagen. La familia Pocket siempre ha tenido una virtud difícil de explicar hasta que uno la prueba: su estabilizador mecánico de tres ejes. Es una tecnología que, paradójicamente, pasa desapercibida cuando funciona bien. Mientras los teléfonos móviles recurren cada vez más a sofisticados algoritmos para suavizar los movimientos, la Pocket sigue haciendo algo casi artesanal: mantener físicamente estable la cámara.

Y el resultado es inmediato. Los paneos son fluidos, caminar deja de producir esa ligera sensación de temblor que incluso los mejores móviles todavía muestran en determinadas situaciones. Y los movimientos adquieren una naturalidad que recuerda mucho más a una cámara profesional que a un dispositivo de bolsillo. Porque esta cámara es, literalmente, de bolsillo: 230 gramos y menos de 16 cm de largo.

En este caso hay que aclarar también que el verdadero protagonista no es el sensor. Muchos titulares hablarán del nuevo sensor de una pulgada, del vídeo en 4K a altas velocidades de fotogramas, del rango dinámico ampliado o del nuevo perfil D-Log 2 para quienes editan profesionalmente. Todo eso importa. Pero, tras haber probado durante un tiempo la Pocket 4P, la verdadera revolución está en otro sitio: en el nuevo objetivo tele. Hasta ahora, utilizar una Pocket significaba mirar el mundo casi siempre desde la misma distancia. Era una cámara magnífica para mostrar un paisaje, seguir una conversación o grabar un viaje, pero existía una cierta uniformidad visual.

La incorporación de un segundo objetivo cambia completamente esa sensación. Con un simple gesto podemos pasar de un plano amplio a un retrato mucho más íntimo. Porque la realidad es que una cámara no solo registra imágenes, también evidencia la distancia emocional con la que observamos una escena. Y la Pocket 4P permite cambiar esa distancia sin cambiar de cámara.

Otro de los avances interesantes llega de la mano del nuevo sistema de seguimiento. Las últimas generaciones de ActiveTrack han alcanzado un nivel de madurez notable. Ya no se trata únicamente de seguir a una persona mientras camina. La Pocket 4P anticipa movimientos, recompone el encuadre y mantiene al sujeto dentro de la escena con una naturalidad sorprendente. Lo curioso es, nuevamente, que cuanto mejor funciona, menos pensamos en ello. Y probablemente ese sea el mayor elogio que puede hacerse a una inteligencia artificial.

En general DJI parece haber entendido algo que muchos fabricantes todavía pasan por alto. Quien compra una Pocket no suele hacerlo porque necesite otra cámara: la compra porque necesita una cámara distinta. Una herramienta capaz de grabar un vídeo de vacaciones, una entrevista, un documental improvisado, un contenido para redes sociales o incluso planos de apoyo para una producción profesional. En ese sentido, la Pocket 4P se acerca más a una pequeña navaja suiza audiovisual que a una simple cámara compacta.

Eso sí, no todo es perfecto. El cambio entre los dos objetivos, aunque muy rápido, puede mostrar ligeras diferencias en el color o en la exposición en determinadas situaciones. Además, el teleobjetivo exige algo más de luz para ofrecer su mejor rendimiento, una limitación inherente a este tipo de ópticas. Algo que si me ha gustado mucho es el funcionamiento de su modo en cámara lenta: de cine, pero de verdad. No pierde un gramo de resolución y mantiene la estabilidad de las imágenes a pesar del movimiento.

Teniendo en cuenta el uso imperceptible de la IA, la comodidad de su estabilización, la facilidad de manejo y su versatilidad (de lentes, de modos de grabación, de formatos) es la cámara “menos pensada” : no tenemos que darle vuelta a casi ninguna de sus funciones para conseguir la imagen planificada. No solo cabe en un bolsillo, también empieza a pensar como una cámara de cine, sin que nosotros lo hagamos.  

Hay un momento curioso que se repite cada vez que aparece una nueva cámara. Las marcas hablan de sensores más grandes, más resolución, más rango dinámico o más inteligencia artificial. Son mejoras importantes, sí, pero casi siempre responden a la misma pregunta: ¿cómo conseguimos una imagen mejor? Con la nueva DJI Osmo Pocket 4P la pregunta cambia.

No se trata solo de obtener una imagen más nítida o luminosa. Se trata de disponer de más recursos a la hora de conseguir una imagen. La familia Pocket siempre ha tenido una virtud difícil de explicar hasta que uno la prueba: su estabilizador mecánico de tres ejes. Es una tecnología que, paradójicamente, pasa desapercibida cuando funciona bien. Mientras los teléfonos móviles recurren cada vez más a sofisticados algoritmos para suavizar los movimientos, la Pocket sigue haciendo algo casi artesanal: mantener físicamente estable la cámara.

Y el resultado es inmediato. Los paneos son fluidos, caminar deja de producir esa ligera sensación de temblor que incluso los mejores móviles todavía muestran en determinadas situaciones. Y los movimientos adquieren una naturalidad que recuerda mucho más a una cámara profesional que a un dispositivo de bolsillo. Porque esta cámara es, literalmente, de bolsillo: 230 gramos y menos de 16 cm de largo.

En este caso hay que aclarar también que el verdadero protagonista no es el sensor. Muchos titulares hablarán del nuevo sensor de una pulgada, del vídeo en 4K a altas velocidades de fotogramas, del rango dinámico ampliado o del nuevo perfil D-Log 2 para quienes editan profesionalmente. Todo eso importa. Pero, tras haber probado durante un tiempo la Pocket 4P, la verdadera revolución está en otro sitio: en el nuevo objetivo tele. Hasta ahora, utilizar una Pocket significaba mirar el mundo casi siempre desde la misma distancia. Era una cámara magnífica para mostrar un paisaje, seguir una conversación o grabar un viaje, pero existía una cierta uniformidad visual.

La incorporación de un segundo objetivo cambia completamente esa sensación. Con un simple gesto podemos pasar de un plano amplio a un retrato mucho más íntimo. Porque la realidad es que una cámara no solo registra imágenes, también evidencia la distancia emocional con la que observamos una escena. Y la Pocket 4P permite cambiar esa distancia sin cambiar de cámara.

Otro de los avances interesantes llega de la mano del nuevo sistema de seguimiento. Las últimas generaciones de ActiveTrack han alcanzado un nivel de madurez notable. Ya no se trata únicamente de seguir a una persona mientras camina. La Pocket 4P anticipa movimientos, recompone el encuadre y mantiene al sujeto dentro de la escena con una naturalidad sorprendente. Lo curioso es, nuevamente, que cuanto mejor funciona, menos pensamos en ello. Y probablemente ese sea el mayor elogio que puede hacerse a una inteligencia artificial.

En general DJI parece haber entendido algo que muchos fabricantes todavía pasan por alto. Quien compra una Pocket no suele hacerlo porque necesite otra cámara: la compra porque necesita una cámara distinta. Una herramienta capaz de grabar un vídeo de vacaciones, una entrevista, un documental improvisado, un contenido para redes sociales o incluso planos de apoyo para una producción profesional. En ese sentido, la Pocket 4P se acerca más a una pequeña navaja suiza audiovisual que a una simple cámara compacta.

Eso sí, no todo es perfecto. El cambio entre los dos objetivos, aunque muy rápido, puede mostrar ligeras diferencias en el color o en la exposición en determinadas situaciones. Además, el teleobjetivo exige algo más de luz para ofrecer su mejor rendimiento, una limitación inherente a este tipo de ópticas. Algo que si me ha gustado mucho es el funcionamiento de su modo en cámara lenta: de cine, pero de verdad. No pierde un gramo de resolución y mantiene la estabilidad de las imágenes a pesar del movimiento.

Teniendo en cuenta el uso imperceptible de la IA, la comodidad de su estabilización, la facilidad de manejo y su versatilidad (de lentes, de modos de grabación, de formatos) esla cámara “menos pensada” : no tenemos que darle vuelta a casi ninguna de sus funciones para conseguir la imagen planificada. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón

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