El Madrid logra la victoria del descontrol ante un Inter con dominio y errores en el Bernabéu

Mbappé y Valverde logran los goles del triunfo (2-1) y Carlos Augusto reduce distancias para comprometer el final de los blancos. Mourinho comenzó con Trent en el mediocentro, la última de sus pruebas Leer Mbappé y Valverde logran los goles del triunfo (2-1) y Carlos Augusto reduce distancias para comprometer el final de los blancos. Mourinho comenzó con Trent en el mediocentro, la última de sus pruebas Leer  

Entre el juego y el gol, todos eligen el gol. La diferencia es que Mourinho lo dice, con esa irreverencia que forma parte de un encanto ahora encanecido. No es lo mismo. El gol materializa las victorias, es cierto, pero el camino hasta el gol es el juego, algún tipo de juego, no necesariamente el que marca la ortodoxia de la posesión e irrita al Politburó del Bernabéu. De otra forma, ganar sólo es posible si alguien escribe el fútbol con renglones torcidos, como le ocurrió a Inter en el Bernabéu. Cuando tiró los borrones para corregirse, ya había perdido.

Mou tiene lo que quería en este retorno a la Champions, pero no tiene lo que quiere para este Madrid. Sabe que los borrones, como el de Josep Martínez, no son lo habitual en este nivel. El portero de Alcira, uno de esos futbolistas que han tenido que irse de España para llegar a la élite, como David Raya, hizo su particular Karius frente a Valverde, una maniobra inútil, con la que acabó por dejar a un Inter mejor en la lona. Chivu se rascaba la cabeza en la banda. En su interior, las mismas preguntas que se hacía Mourinho en La Cartuja, el pasado viernes. Los errores de Karius fueron en una final de Champions. Los de Josep Martínez, en la primera fase. Después, lo enmendó con una doble parada, ante Mbappé y Bellingham, y otra más ante el inglés, pero hay imágenes que te persiguen para siempre. Es la era del meme.

El error de su portero era el segundo del Inter, después de un arranque autoritario en el Bernabéu, de esos que ponen malas caras en la grada. Al respetable de la casa le gusta un Madrid de vértigo, directo, no necesariamente empachado de balón, pero no quiere ver a su equipo sometido, replegado en su área. De esa forma empezaron los de Mou, no por voluntad propia, sino por falta de rumbo. La madurez táctica del Inter es mucho mayor, y es comprensible, puesto que se trata de uno de los conjuntos de Europa con un plan más claro desde hace tiempo. Los años de Simone Inzaghi fueron colosales en ese aspecto, con dos finales de Champions, aunque perdidas, ante City y PSG, ante Guardiola y Luis Enrique. La llegada de Chivu encontró hecho ese trabajo de fondo y le ha llevado, en su primer año, a ganar la Serie A. Nada es casual.

Con Barella, Çalhanoglu y Jones, una de las incorporaciones de este año, más el apoyo de los centrales, siempre con la línea muy alta, dominó un centro del campo en el que el Madrid resultaba muy experimental. Las ausencias en la zona llevaron a Mourinho a situar a Trent como mediocentro, junto a Valverde. Realmente, no había color. El despliegue de sus laterales, muy altos en fase ofensiva, le permitía superioridades ante las que el Madrid se veía desordado. Courtois sacó las manos, firmes a balón parado ante el centrocampista turco, pero la realidad es que al Inter le faltó desborde y precisión en los últimos metros para llevar su dominio al marcador. No lo logró hasta el desenlace y entonces Mou llamó a Tchouaméni, de regreso tras una larga lesión.

El dominio ajeno obligaba al Madrid a replegarse, pero mantenía su presión sobre la salida de balón del Inter. Al primer error, lo penalizó. Primero Jones y después Bisseck construyeron un falló en cadena. Brahim cazó el balón y lanzó a Mbappé al espacio. Dos zancadas de guepardo y zarpazo. El gol llegaba de la nada colectiva pero señalaba a la gran individualidad, como si subrayara el narcisista discurso del francés en la previa, ansioso por ganar el Balón de Oro. Mal asunto. Primero los títulos, después los galardones. Esto es el Madrid.

La acción puso en valor a un subalterno que casi nunca defrauda. Es Brahim, titular por sorpresa. El día en que Güler estaba lesionado, todo apuntaba a Diomande. De momento, Mou no lo ve claro, entre la protección y las dudas. le dio solo minutos. La grada se pregunta dónde está el fichaje más caro de la historia del club. Con razón.

Brahim hizo más cosas, como una jugada imposible en la banda que no remató Bellingham, lento ante la corrección de Josep Martínez. Quiso el hispano-marroquí cerrar su partido con el gol cuando tenía mejores opciones. Entre ellas, la suya.

El segundo error del Inter, que pudo irse tres goles abajo en el descanso de no ser por su portero, llevó a Chivu a mover el banco tras el regreso al campo. El Inter se volcó sobre el área del Madrid, donde Courtois se multiplicó cuando fue necesario, por tierra, mar y aire. El decorado dejó al Madrid en su paraíso, la pradera. Corrió y llegó, pero, en cambio, no marcó, hecho que llevó a comprometerle cuando el Inter consiguió, merecidamente, el fruto que había perseguido todo el partido. Lautaro ganó a Trent para llegar a la línea y su centro lo cazó Carlos Augusto. El descontrol en el que había vivido el Madrid era un problema que no fue a mayores. Lo será si no lo corrige.

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